Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh amigos de ‘Abdu’l-Bahá que habéis sido sometidos a duras pruebas! Se ha sabido que una persona malvada de esas regiones ha asaltado y atacado a ricos y pobres, y ha dañado y hostigado por igual a amigos y adversarios. Ha expoliado y saqueado a muchos, ha robado e impuesto tasas a todos. No ha perdonado a alma alguna; no ha dejado ni un solo penique. Ha sido, en verdad, una terrible calamidad, una grandísima aflicción, pues ha acarreado pérdidas lamentables y ha infligido sufrimientos sin límite a amigos y extraños por igual.

Si no hubiera actuado de esta manera, no habría sido afligido con la retribución que conlleva semejante comportamiento. Pronto llegará el día en que caerá en desgracia y quedará reducido a la nada. No quedará de él ni nombre ni fama. La culpa de todas estas maldades, no obstante, la tienen las maniobras siniestras de los Signos caducos; este relámpago ha caído a causa de los decretos pronunciados por Pruebas defectuosas. Y, con todo, una banda de necios todavía siguen a semejantes hombres, todavía besan sus manos y el borde de sus prendas, y arden con las llamas de la malicia y la sedición.

En breve, los amados de Dios no deben apenarse ni angustiarse por estas numerosas aflicciones, pues, al soportar tales pruebas, están compartiendo los sufrimientos de la Belleza de Abhá. A pesar de que ese Luminar radiante era misericordioso, amoroso y perdonador con todos, los ignorantes encendieron tales fuegos que quemaron toda decencia y pudor. Como resultado, ese Centro focal de la belleza fue sometido a cadenas y grilletes; soportó azotes en las plantas de los pies y padeció día y noche todo tipo de torturas. Fue despojado de Su hogar y anduvo como un errante por montañas y planicies; fue desterrado, exiliado y encarcelado. Pasó veinticinco largos años en confinamiento y fue insultado y atormentado. Que los amigos den gracias a Dios, por lo tanto, por haber sufrido también expoliaciones y saqueos, por haber sido convertidos también en el blanco de los dardos de la crueldad y la malicia.

El pueblo de la Bendita Belleza en Mázindarán fue atacado por una hueste de doce mil hombres brutales. Robaron y saquearon tan incesantemente que no quedaron señales de ninguna posesión o bienes; ni siquiera dejaron cosecha alguna para los habitantes del pueblo. Incendiaron la paja, quemaron el aceite y masacraron a inocentes. Luego, arrearon a los campesinos atados con cadenas, los enviaron a Teherán y los encarcelaron. Cortaron la barbilla y la barba de ese espíritu de espíritus, Mullá ‘Abdu’l-Fattáḥ, y le hicieron caminar hasta Teherán, descalzo y encadenado. A pesar de su avanzada edad y de su debilidad, los guardas no le mostraron misericordia alguna. Aun así, caminando con cadenas, sangrando por las heridas de su rostro, ese espíritu de abnegación elevó la voz en oración hasta su último aliento, dando gracias al Señor de los Signos por haber sido víctima de la expoliación y el saqueo, por haber sido atado con cadenas y grilletes en el sendero del Amado. Con la barba teñida con su propia sangre, caminó todo el trayecto y, al llegar a la prisión de Teherán, entregó su alma en manos de su Amado y se sacrificó por el Amigo Amoroso. Radiante de alegría, entregó su vida en el sendero de ese gran Luminar. Qué gran verdad es lo que dice el poeta:

Ese rayo de éxtasis y gozo permaneció con él eternamente, igual que Aḥmad, el Alabado, siempre al lado del Señor Incomparable.

En suma, que los amados de Dios rindan gracias al Señor Todomisericordioso por su participación en estas aflicciones y por su impresionante paciencia y tolerancia. No hay duda de que, mediante Su gracia infalible, a esta lúgubre noche le seguirá una brillante mañana y un horizonte luminoso aparecerá tras esta tenebrosa nube. Este veneno mortal dará paso a la miel más pura, y esta dolorosa herida recibirá, finalmente, un bálsamo curativo. ¡La Gloria de las Glorias sea con vosotros!