Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh remanente de esas dos almas distinguidas que ya han partido! Se recibió tu carta y fue motivo de infinita alegría y felicidad, pues ―alabado sea el Señor― finalmente se han tenido noticias de la tierra de Núr, y ha llegado una carta de un alma que es descendiente de amigos veteranos y de conciudadanos muy queridos.

¡Glorificado sea Dios! El Oriente está iluminado con los esplendores de Su luz, y el Occidente está perfumado con los dulces aromas del amor del Señor. Los turcos y los persas, los africanos y los americanos, los europeos y los asiáticos, todos han sido inflamados y vivificados mediante la influencia penetrante de la Causa de Dios. No obstante, la tierra natal de la Bendita Belleza, aunque portadora del nombre de Núr, ha permanecido oscura y desposeída. Los extraños se han convertido en amigos, y los que eran amigos se han distanciado. Balál el etíope, Ṣuhayb el bizantino, ‘Addás el asirio, y Salmán el persa, todos llegaron a ser compañeros íntimos de los misterios. Y, sin embargo, el Siyyid de Quraysh, Abú-Lahab, así como los parientes y familiares del Bello Muḥammad, quedaron privados del esplendor de Su Luz.

En el Evangelio se dice que ninguno de los profetas ha sido honrado en su propia patria y tierra natal. Así es, en efecto. Cristo ha dicho también que muchos vendrán de Oriente y de Occidente y entrarán en el reino del cielo, mientras que los hijos del reino le darán la espalda. Y ahora, la fama de la Causa de Dios y las nuevas del advenimiento de Bahá’u’lláh han conmocionado y puesto en movimiento a todas las regiones de la Tierra. Y, sin embargo, las gentes del distrito de Núr permanecen privadas. ¡Tened, pues, cuidado, oh gentes dotadas de perspicacia!

Cuando regresaba de Mázindarán a Teherán, la Bendita Belleza pasó por Núr y llenó a Tákur y Dárkulá de entusiasmo y éxtasis. Grandes multitudes se convirtieron en Sus seguidores fieles, y su número aumentaba cada día […]. En suma, un gran número de personas fueron atraídas por las dulces fragancias de Dios.

Un año más tarde, el impúdico Yaḥyá se dirigió a Núr. En muy poco tiempo, provocó agitación y gran confusión allí; y finalmente, cuando se vio en problemas y se dio cuenta de la posibilidad de correr peligro en esa región, abandonó a los amigos fieles y se marchó. Disfrazado de derviche, escapó a Gílán, Mázindarán y Kirmánsháh, dejando que todas esas almas indefensas fueran masacradas. Salió corriendo, huyó y desapareció en retirada. Defraudó a los amigos, la mayor parte de los cuales fueron martirizados. La situación que creó en ese pueblo y la manera en que se comportó hicieron que el fuego del amor a Dios se extinguiera por completo en ese lugar. Incluso incitó a unos cuantos a atacar al difunto Mírzá Khudávirdí. Siendo un niño, en Núr, recuerdo haber visto a Mírzá Khudávirdí sollozar en voz alta y decir: «Durante cincuenta años he servido a esta familia; ¿qué justificación tenía Mírzá Yaḥyá para incitar a Gul-Bábá a golpearme en público, a insultarme y a rechazarme?». En suma, como resultado de sus acciones malvadas, la luz de Núr se oscureció y Míyánrúd cayó en un estado de letargo.

Un día, en una reunión en Dárkulá, la Bendita Belleza habló de manera tan elocuente y presentó pruebas y testimonios tan poderosos que, al levantarse para partir, cuatro de los mujtahid corrieron a traerle Sus zapatos. Dos de ellos eran Mullá ‘Abbás y Mullá Abu’l-Qásim, yernos de Mírzá Muḥammad-Taqíy-i-Mujtahid. Así era la situación antes, y esto es lo que ha ocurrido desde entonces.