Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es el Todoglorioso.

¡Oh tú que has probado la dulzura de toda aflicción en el sendero de Dios, que te has levantado con todo tu espíritu, tu ser y tu esencia más íntima para servir a Su Causa y exaltar Su Palabra! Contigo sea la gloria de Dios, el Todoglorioso.

Hace unos días, Áqá Siyyid Muḥammad-Riḍá, residente de Mázindarán, junto con Mullá Ramaḍán —con ellos sea la gloria de Dios, el Todoglorioso— y otra persona más llegaron y visitaron el Santuario sagrado. Desde entonces, hemos estado viéndonos día y noche.

Un día, durante la etapa de Iraq, la Bendita Belleza —que mi espíritu, mi ser y mi esencia sean ofrecidos por la tierra ennoblecida por las pisadas de Sus amados— dijo: «Puesto que Fárs es la tierra natal del Exaltado, el Punto Primordial, y está asociada a ese Santo Ser, anhelo profundamente que sea encendida con el fuego del amor a Dios». Poco después, el tío materno del Báb, el honorable Afnán, llegó y se presentó ante Él, y formuló algunas preguntas. Así es como se reveló la Epístola al tío materno, titulada Kitáb-i-Íqán. La provincia de Fárs fue entonces encendida con el amor a Dios y la luz del conocimiento apareció y brilló con resplandor desde ese horizonte. Muchas almas se pusieron al amparo de la Palabra de Dios y algunos, henchidos del éxtasis santo de Su merced, acudieron presurosos al campo del sacrificio y entregaron sus vidas y sus corazones.

Así pues, de esas palabras de Bahá’u’lláh se desprende claramente lo que debe ser Su voluntad y deseo irresistibles para la provincia de Mázindarán. ¡Juro por Su santo Ser! El Concurso de lo alto y los moradores del Reino de Abhá están esperando con expectación el día en que en esa región bendita asociada con la Antigua Belleza —que mi vida sea ofrecida en aras de Sus amados— el océano del amor a Dios se agitará y se hinchará de inmediato; la llama del fuego prendido en la Zarza Ardiente encenderá todo árbol, ya esté lozano o seco; se levantarán almas que, cual estrellas resplandecientes, iluminarán la bóveda celeste; y aparecerán realidades que, cual señales manifiestas y estandartes en alto, exaltarán la Palabra de Dios.

Por lo tanto, te corresponde reflexionar sobre un beneficio tan inestimable y usar todos los medios a tu alcance para que, por ventura, puedas manifestar el propósito irrevocable de Dios, afanarte de nuevo y prestar un servicio maravilloso a Su Causa. La gloria de Dios sea contigo.