Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh amado vástago de aquel que ha sido sumergido en el océano del perdón divino! Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te escribí. Ello se ha debido a las numerosas ocupaciones que me privan de un solo momento libre y que, además, están agravadas por adversidades y pruebas. Entre otras cosas, estos días ‘Abdu’l-Bahá ha sido confinado de nuevo en la prisión de ‘Akká a causa de las grandes maldades promovidas por los maliciosos y las extensas cartas plagadas de acusaciones destructivas contra él que han enviado a Constantinopla, así como otros ardides a los que han recurrido y que no es prudente mencionar aquí. Las víctimas del orgullo y la vanagloria tenían la esperanza de que esta calamidad afligiera únicamente a ‘Abdu’l-Bahá, sin darse cuenta de que con sus acciones se arrojarán a sí mismos al foso de la desilusión y miseria eternas, y que sufrirán encarcelamiento ellos también.

Este episodio es similar en todos los sentidos al de Yaḥyá. Él también imaginaba que su sedición causaría daño y perjuicio a la Bendita Belleza. Por esa razón envió a Siyyid Muḥammad a Constantinopla y recurrió a un sinnúmero de estratagemas y artilugios hasta que, finalmente, expuso a Bahá’u’lláh a graves peligros. Pero en cuanto estallaron las llamas de la rebelión, consumieron el propio hogar de Yaḥyá. Fue exiliado de Adrianópolis, incluso antes que la Bendita Belleza. «Perdieron esta vida y la otra; y esa, verdaderamente, es la auténtica pérdida».

‘Abdu’l-Bahá se regocija inmensamente con estas pruebas y tribulaciones, pues, tras la Ascensión de la Belleza de Abhá, los amados de Dios hallan su felicidad en tumultos y problemas, y su dicha, en incesables aflicciones. Esto es, para ellos la profundidad del foso es como la cúspide del cielo, y la esterilla de las adversidades es como un trono real. El confinamiento con ataduras y grilletes es su más elevada aspiración, y el cautiverio en cepos y cadenas, su verdadera libertad y una fuente incomparable de alegría y deleite.

Es evidente que el gozo de estos errantes sin hogar no se encuentra en la música, ni en canciones ni juegos, sino que consiste más bien en la longanimidad frente a las adversidades, la paciencia en medio de las calamidades, el desapego de todas las cosas creadas, la exaltación de la Palabra de Dios y la difusión de las santas fragancias. En verdad, esto es gracia abundante y, en verdad, esto es merced manifiesta. Saludos y alabanzas sean para ti. Envía copias de esta carta a lugares lejanos y cercanos.