Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es el Todoglorioso.

¡Oh amigos amorosos de ‘Abdu’l-Bahá! Es temprano en la mañana y he regresado a Haifa desde el Santuario del Báb —que mi vida sea ofrecida por Sus restos—. Pasé la noche en el recinto de Su exaltado Santuario y, mediante las bendiciones de esa sagrada Tumba, me llené de fervor y gozo ilimitados durante toda la noche. Los dulces aromas de santidad que emanaban de Su brillante Sepulcro perfumaron mi alma y estremecieron mi corazón a tal punto que mis pensamientos se volvieron hacia vosotros, amigos espirituales, y empecé a escribir esta carta. A pesar de incontables preocupaciones y múltiples vicisitudes, he dejado todo a un lado y he traído a la mente el semblante y el carácter de los amados de mi corazón y mi alma. ¡Mirad cuán grande es mi afecto por vosotros!

Vuestra ciudad fue honrada durante largo tiempo por los pasos de la Bendita Belleza. Allí se revelaron Tablas continuamente, y aquellos que llegaban a Su presencia escuchaban Sus benditas Palabras. Entre ellos se encontraba un conocido persa que se relacionaba con Él. Esa persona era, secretamente, un amigo íntimo del Embajador, quien solicitaba su consejo en relación con diversos asuntos. La Bendita Belleza era paciente con ese hombre y pasaba por alto su comportamiento. Y él, imaginando que Bahá’u’lláh desconocía sus motivos ocultos, Le profesaba devoción.

Finalmente, un día la Bendita Belleza Se dirigió a él con estas palabras: «Tengo un mensaje para su excelencia el Embajador. Comunícaselo así: “Has hecho todo lo que has podido para derramar Nuestra sangre y te has imaginado capaz de arrancar de raíz este Árbol sagrado. Sin embargo, ¡qué lejos, qué lejísimos está eso de la verdad! Este bendito Árbol es inamovible y sus raíces están firmemente asentadas; ningún hacha puede tajarlas, aunque todos los reyes de la Tierra se levantaran con todo su poder para hacerlo. A pesar de que estoy solo y abandonado, resisto al mundo y a todos sus pueblos y gobiernos sin ayuda de nadie. Dentro de poco, estas nubes oscuras se disiparán y el Sol de la Verdad brillará resplandeciente en la plenitud de su gloria. Así es: podéis ciertamente quitarme la vida y ese sería el mayor regalo de Dios, pues a través de la sangre crece y florece este Árbol bendito. Habíais imaginado que si el Exaltado ―que las almas de todos los que habitan la Tierra sean sacrificadas por Él― fuera martirizado, este Edificio Divino sería derribado. Por ello, hicisteis de Su sagrado pecho el blanco de mil proyectiles. Pero entonces visteis que la Causa de Dios se hizo más patente y su luz se reflejó con mayor claridad todavía, hasta el punto de llegar ahora hasta Constantinopla.

¿Imagináis, entonces, que si cortarais el cuello de Bahá y derramarais la sangre de esta gente, la llama del Fuego ardiente del Señor se extinguiría? ¡Por Dios! Al contrario: la Palabra de Dios sería más exaltada aún, y el Sol de la Verdad se revelaría con mayor esplendor. Pronto llegará el día en que todos seréis condenados al desengaño y la pérdida. Lleva a cabo lo que esté en tu poder. ¡Oh Áqá Mírzá! Toda esta injusticia, esta hostilidad, animosidad y cruel tiranía no son, a Nuestros ojos, más que el zumbido de un mosquito. Por tanto, no le damos ninguna importancia a tu rencor o crueldad. ‘Y aquellos que actuaron injustamente pronto sabrán lo que les espera’. Cuando llegamos a Constantinopla, no te prestamos ninguna atención ni a ti ni al gobierno otomano. Este hecho por sí mismo debería haberte despertado a la verdad de que Nuestra confianza está depositada en el poder de Dios y en Su dominio, y en nada más. Todos los reyes no son más que Sus súbditos, y todos los que son como tú están sumergidos en un mar de extravío y perdición. Con el tiempo, lo veréis. Persia caerá en la ruina y su gobierno y su pueblo sufrirán terribles adversidades. No obstante, hemos derramado luz sobre esa tierra y hemos deseado gloria eterna para su pueblo. Aunque actualmente Persia es desconocida entre las naciones, llegará el día en que esta poderosa Causa habrá hecho que su gente sea altamente respetada y estimada por todo el mundo”». En resumen, la Bendita Belleza continuó hablando en términos severos como estos. Esa persona se marchó y nunca jamás regresó.

Ahora, alabado sea Dios, una fragante brisa ha envuelto a Constantinopla y perfumará esa tierra con el aroma de almizcle. Los amigos deben comportarse con la máxima constancia, firmeza y sabiduría, y tener completa seguridad. Mi esperanza ferviente es que cada uno de ellos se convierta en una luz brillante y que las Enseñanzas Divinas, que son la fuente de iluminación para la humanidad y la causa de la paz y la tranquilidad del mundo, sean difundidas con la máxima sabiduría. El mar está encrespado y sus olas están creciendo. Yo Le imploro con lágrimas en los ojos, por la noche y al amanecer, y suplico Su infalible ayuda y asistencia para los amados del Señor. La Gloria de las Glorias sea con vosotros.