Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh tú que eres firme en la Alianza! Se ha recibido tu carta fechada el 12 de Dhi’l-Qa’dih de 1337, pero la anterior no ha llegado. Has escrito que, a causa de los ataques de los enemigos, tú y tu padre os visteis forzados a abandonar vuestro hogar.

Siempre ha sido así: Abraham partió de Su tierra natal, pero Su partida se convirtió en causa de regocijo. Moisés fue enviado lejos, fuera de Su tierra patria, pero ese exilio Le llevó a ver el Fuego en el Sinaí. A José se Le hizo vagar sin hogar en Egipto, pero Se levantó de las profundidades del pozo y alcanzó la cumbre del cielo. Jesús fue obligado a abandonar la Tierra Santa e ir a Egipto, pero esa separación se convirtió en causa de bendiciones. Muḥammad huyó de La Meca a Medina, pero Su huida resultó en victoria. Asimismo, el Báb fue desterrado de Shíráz a las riberas del río Aras, mas ¡cuán favorables fueron, en verdad, los resultados de Su destierro! La Bendita Belleza —que mi alma sea ofrecida por Sus amados— fue exiliada de Persia a Iraq, y desde allí a Constantinopla y después a la Tierra del Misterio, antes de ser trasladada a la Más Grande Prisión. Todos estos destierros sucesivos llegaron a ser la causa de la iluminación de Oriente y Occidente. Ahora vosotros también habéis sufrido vuestra parte de destierro y exilio; tened la seguridad de que grandes serán los resultados que se obtendrán de ello. ¡Alabado sea Dios, pues Munír, como la mañana resplandeciente, se ha vuelto radiante y luminoso con los esplendores de la enseñanza de la Causa!

En cuanto a tu pregunta: has de saber que, en todas las cosas creadas, la dulzura y la amargura son atributos accidentales. Aquello que, por su composición elemental, resulta atrayente al sentido del gusto, el paladar lo considera dulce, y aquello que le es contrario sabe amargo. Los dos son atributos accidentales; no se deben a ninguna diferencia esencial.

Por otro lado, el ser humano tiene una doble naturaleza: una luminosa, la otra oscura; una perteneciente al dominio de lo Divino, la otra perteneciente al mundo de la naturaleza; una inclinada hacia las virtudes celestiales, la otra, hacia las cualidades malignas. Pues el ser humano se encuentra en la línea de demarcación entre la luz y la oscuridad. En el círculo de la existencia, se encuentra en el punto más inferior, que marca al mismo tiempo el final del arco de descenso y el comienzo del arco de ascenso. Por esta razón, es libre de moverse en cualquiera de las dos direcciones: hacia la luz o la oscuridad, hacia la ignorancia o la guía, dependiendo de la que sea más dominante. Si predomina la facultad racional, el ser humano brillará con resplandor y ocupará un lugar elevado en los dominios de lo alto. Y si predominan el yo y la naturaleza inferior, el resultado será la oscuridad y caerá en el fuego más abismal, ya que, en el ser humano, los poderes del Reino celestial y las fuerzas de su naturaleza animal están en pugna, hasta que triunfa una o la otra. La Gloria de las Glorias sea contigo.