Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá
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¡Oh amados amigos de ‘Abdu’l-Bahá! Tan pronto como la Mano del poder divino levantó el tabernáculo de gloria sempiterna ―el tabernáculo de la unicidad de la humanidad― en el corazón mismo del mundo, abrió de par en par las puertas de la merced suprema ante todos nosotros; Se dirigió a nosotros con tonos santificados en las Palabras Ocultas, nos honró con la designación «Oh Mis siervos»; nos asoció con Su propio Ser y nos libró de la angustia y el miedo. Desplegó la mesa del banquete de la munificencia y emitió una invitación universal. Preparó para nosotros toda suerte de alimentos celestiales y nos confirió favores divinos y dones celestiales. Nos redimió de toda carga pesada y nos liberó de todo peso doloroso. Nos prescribió solo leyes, ordenanzas y enseñanzas que otorgan vida al alma y hacen que se acerque al Bienamado.
Todas Sus leyes proporcionan liberación en lugar de restricciones; otorgan libertad en lugar de limitaciones; imparten alegría y resplandor en lugar de cortapisas. Las leyes y ordenanzas de todas las religiones anteriores incluían librar la guerra santa, recurrir a arcos y flechas, espadas y lanzas, cadenas y grilletes, y amenazar y decapitar a todo opresor hostil. Pero en esta maravillosa Dispensación, la Bendita Belleza ha librado a los amigos de esta penosa carga. Ha abrogado la discordia y el conflicto, e incluso ha rechazado la insistencia excesiva. En su lugar, nos ha exhortado a asociarnos «con los seguidores de todas las religiones en espíritu de amistad y compañerismo». Ha ordenado que seamos amigos amorosos y deseemos el bien de todas las gentes y religiones, y nos ha prescrito demostrar las virtudes más elevadas en nuestro trato con los linajes de la Tierra. Incluso consideraba amigos a los enemigos y estimaba a los extraños como camaradas y compañeros íntimos. ¡Qué carga más pesada era toda esa enemistad y animadversión, todo ese recurso a la espada y la lanza! Y, por el contrario, ¡qué alegría, qué satisfacción imparte la cariñosa bondad!
Ahora, en gratitud por estos dones infinitos, nos corresponde levantarnos a llevar a cabo los consejos y exhortaciones de la Bendita Belleza y actuar de acuerdo con Sus enseñanzas y preceptos. Debemos esforzarnos con alma y corazón por beber una copa repleta de este vino celestial, para que nuestras palabras, nuestros hechos y nuestra conducta sean los de los virtuosos. Debemos mostrar amor y amabilidad, y demostrar, mediante nuestra fe y sinceridad, que todos somos los siervos de Su Umbral, y guardianes verdaderos y firmes a la entrada de Su puerta. Debemos probar que somos bahá’ís de verdad, y no meramente de palabra.
‘Abdu’l-Bahá anhela unirse a los amigos en servidumbre al Umbral de Bahá, pero se siente avergonzado y suspira, se lamenta y repite estos versos día y noche:
Ante el Amigo, ¿cómo habré de levantar el rostro alguna vez, ruboroso por no hacer nada que amerite Su favor?
La Gloria de las Glorias sea con vosotros.
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