Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh Tú, Cuyo exaltado Umbral es mi asilo y mi refugio, Cuyo sagrado Santuario es mi amparo y mi morada! Te suplico, con el corazón encendido por el fuego de Tu amor y los ojos bañados en lágrimas debido a mi anhelo por alcanzar Tu presencia, por mi ansia por ser admitido en el Reino de Tu gloria y mi deseo de probar la dulzura de la fidelidad hacia Ti, que ayudes bondadosamente a este siervo mediante los alientos de Tu santidad y el deleite de la comunión contigo. Haz victorioso, oh mi Dios, mediante las huestes de Tu Reino todoglorioso y las olas de los mares de Tu generosidad que todo lo abarca, a este siervo Tuyo, que está embelesado por la compañía de Tus ángeles celestiales y encendido con el fuego de Tu amor entre Tus siervos. Está ocupado en servir a Tu Causa entre las gentes del mundo y en magnificar Tu nombre ante los ministros y los gobernantes. Está entregado a difundir Tus dulces aromas en reuniones celebradas en Tu recuerdo y ha izado Tu estandarte entre las masas. Ha vuelto su rostro hacia la Corte de Tu grandeza y está iluminado con la luz de la constancia inquebrantable en Tu Alianza y Testamento. Se está esforzando por ayudar a que todos permanezcan firmes en aquello que Tú has ordenado a toda la compañía de Tus elegidos, lo que has predestinado para quienes Te son queridos, y con lo cual has sellado Tu decreto final.

¡Oh Señor! Ayúdalo con Tus huestes invisibles y fortalécelo con el poder de Tus ángeles santos. Haz de él una estrella brillante, un astro resplandeciente, una luz manifiesta, una brisa de las praderas de Tu gloria, una fragancia de las flores de la planicie de Tu merced, un rayo de luz de Tu Reino divino, un destello del sol del cielo de Tu Unicidad y un estandarte que ondee en las cumbres de Tu gran majestad y singularidad. ¡Oh Señor! Fortalece sus espaldas con Tu poder victorioso y susténtalo entre las gentes mediante Tu soberanía gloriosa. Haz que todos los corazones sean atraídos hacia él, todas las mentes estén maravilladas en su presencia, y todos los oídos, receptivos a sus palabras; haz, asimismo, que todos los ojos se vuelvan hacia su alegre semblante y que todos los corazones se maravillen ante el resplandor de su rostro. Tú eres, verdaderamente, el Más Poderoso, el Más Exaltado, el Todoglorioso, el Siempre Perdonador, el Más Compasivo, el Más Amoroso.

En estos días, aunque este humilde siervo no tiene tiempo ni tregua alguna para la correspondencia, las dulces fragancias del amor de los amados de Dios han extasiado a tal punto mi corazón que, cuando escribo, las riendas de la voluntad se me escapan de las manos y las palabras fluyen incontenibles. En especial, siempre que mis pensamientos se vuelven a ti que tienes el corazón atraído por Dios, el acto de escribir me trae alegría y felicidad, y tomar la pluma y el papel me produce deleite. Las dificultades se convierten en alegría para el corazón, y el trabajo duro se transforma en una bendición para el alma.

Este es el día en el que todos deben reunirse bajo la sombra de la Palabra de la Unicidad. Ardamos como cirios resplandecientes en cada asamblea; inflamémonos con el fuego del amor. Ahora que la Belleza del Más Alabado ha ascendido y se ha puesto el Sol del Reino, ¿adónde podemos dirigir nuestros sentimientos y qué consuelo podemos esperar? ¿Cómo podemos encontrar reposo, y con qué esperanza pueden alegrarse nuestros corazones? ¡Qué lamentable! ¡Qué miríada de lamentos, si por un solo momento buscáramos alivio o comodidad! ¡Ay! Mil veces ay, si buscáramos paz y tranquilidad alguna que no fuera en pruebas, tribulaciones y sufrimiento padecidos en Su sendero!

Ese Ser santificado pasó Sus días encadenado y en grilletes, y vivió hasta el final de Su vida bajo la amenaza de la espada. No encontró un solo momento de reposo; no dio un solo suspiro de tranquilidad. Ni una sola noche reposó en un lecho de comodidad, ni descansó la cabeza sobre una almohada de alivio. Toda ave tiene un nido y toda criatura habita en su morada, mientras que la Bendita Belleza fue consumida por el fuego de la crueldad que encendieron Sus enemigos. Los pueblos del mundo están dormidos en el diván de la comodidad, mientras que el Más Grande Nombre no encontró un solo momento de descanso, ni dio un solo suspiro en paz. ¿En virtud de qué norma de equidad o fidelidad podemos buscar reposo o perseguir bienestar y descanso?

Gracias a Dios que estás ocupado en servir a la Causa de Dios día y noche, y esforzándote con alma y corazón por difundir Sus fragancias y propagar los resplandores de la luz de Su conocimiento. ¡Por tu propia vida! Esta es una dádiva de entre las bendiciones del Señor, una dádiva que ninguna otra dádiva del mundo del ser puede igualar. Dentro de poco brillará su esplendor y sus hálitos almizclados se esparcirán por doquier; se difundirán las suaves brisas de sus praderas y fluirán las mansas aguas de sus manantiales. Entonces verás que aquellos que se ríen y se burlan darán gracias, y los que suspiran y se lamentan ofrecerán alabanzas. Verás a los envidiosos arrepentirse, y a las mujeres calumniadoras, cortarse las manos y exclamar «¡Válganos Dios! Este no es un ser humano, sino un ángel noble». «Verdaderamente, el buen fin es para los que temen a Dios».”

En resumen, después de Su ascensión, Aquel que subsiste por Sí mismo fue leal a Sus promesas. Confirió un remedio para curar los corazones e hizo que discurrieran las suaves brisas de la alegría. Ayudó a Sus amados con las huestes de lo invisible y los confirmó con el poder del Reino. Ayudó a los amigos por toda la Tierra y socorrió a Sus amados en todas las regiones. El resplandor de Su gloria se difundió por Oriente y Su influencia se hizo manifiesta en Occidente. Sus enemigos fueron humillados en todos los lugares y Sus adversarios quedaron abandonados y desamparados en todas partes. Todo poderoso fue debilitado y todo agitador malicioso y soberbio fue humillado, sin nadie que lo ayudara.

Considera cómo, valiéndose de medios invisibles, los necios de la Tierra se levantaron para fomentar discordia y conflicto, exasperaron al gobierno de Persia, se ocuparon en la rebelión y causaron un tumulto. Se hizo claro, por tanto, que eran ellos la causa de toda maldad y la fuente de toda malicia. Así se distinguieron los promotores de la paz de los sediciosos, y los acontecimientos que siguieron expusieron sus secretos ocultos. Así se hizo evidente que eran lobos con apariencia de pastores y ladrones disfrazados de guardianes, una oscuridad opresiva en el mundo y un formidable obstáculo para el bienestar y la prosperidad de todos.

De igual manera, un grupo de adversarios se reunió en la Gran Ciudad y, mediante todo tipo de artimañas, intrigas y estratagemas, intentó destruir la Causa de Dios, dispersar la reunión de Sus amados y causar una brecha entre Su pueblo. ¡Juro por la Antigua Belleza! Cuando esa compañía de oponentes aunó fuerzas con el desvergonzado Jamálu’d-Dín, encendieron tal fuego de sedición en la Gran Ciudad que se temió que sus llamas llegaran a la sublime morada de Aquel alrededor de Quien giran todos los que habitan la Tierra, y que el daño resultante pusiera en peligro los cimientos mismos de la Causa de Dios. Entonces fue cuando la Mano de la Omnipotencia apareció desde Su Reino invisible y dispersó a ese grupo de tal manera que fue reducido a un puñado de polvo desparramado y condenado a la perdición eterna.

Por lo tanto, en acción de gracias por Sus confirmaciones divinas, esforcémonos día y noche por exaltar Su Palabra, consumirnos por el fuego de Su amor y alzar nuestras voces en Su recuerdo y alabanza. Teniendo en cuenta tan tiernas mercedes, tales bendiciones, tal ayuda y asistencia, ¿cómo podemos permanecer inmóviles? ¿Cómo podemos quedarnos callados? ¡Oh, cuán lamentable sería si nos detuviéramos, si dudáramos o no ofreciéramos nuestra alma! ¡Cuán lamentable, si pusiéramos el corazón en apegos efímeros, en lugar de beber a plenitud de este vino místico! Pobres de nosotros si permaneciéramos entregados a nuestros deseos egoístas, nos ocupáramos con nuestros propios intereses mundanos y siguiéramos los dictados de pasiones que nos privaran de esas bendiciones y nos negaran una porción de esos luminosos resplandores. ¡Por mi vida! Sin duda, ello no sería más que una pérdida manifiesta.