Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es el Todoglorioso.

¡Oh Dios, mi Dios! Tú oyes mis suspiros y mi amargo lamento, mi llanto y la voz de mi gemido en la profundidad de estas noches tenebrosas. Tú ves mi humillación y sumisión, mi paciencia y resignación, mi pobreza y acuciante necesidad, mi angustia, mi aflicción, mi dolor y mis penas a lo largo de mis días.

Te doy gracias, oh Señor, por esta tribulación, que considero entre las más grandes de Tus dádivas y bendiciones, pues se sobrelleva en el camino de Tu amor, un amor cuyas llamas arden en lo más hondo de mi alma y mi corazón. Este es mi deseo y mi esperanza, oh mi Dios. Es un bálsamo que calma mi angustia, oh mi Bienamado; un sorbo refrescante para estos labios resecos, oh mi Sanador; lo que elimina mis tristezas, oh Tú que eres mi Amigo.

Levanto mis manos suplicantes en oración a Ti, invocándote cada mañana y cada atardecer, buscando amparo bajo Tu sublime y más exaltado Umbral, implorando la intercesión del Punto Primordial, Aquel que es la Palabra de Tu unicidad, Aquel Cuyo pecho fue acribillado en Tu camino por una miríada de proyectiles disparados por los enemigos; y Te ruego, por esa bendita Belleza a Quien Tú hiciste un compañero de Tu semblante divino cuando la Aurora de Tu Sol resplandeciente brilló en el Horizonte Supremo, que ordenes para este siervo Tuyo, de las manos de la generosidad, el cáliz de la abnegación, que levantes el velo para que pueda ascender a Tu sublime Umbral en Tu Dominio todoglorioso. Libérame, pues, de la arremetida de las gentes maliciosas, de los dardos de la calumnia y el rencor que llueven sobre mí, de los sucesivos ataques de las flechas de la animosidad y de las lanzas de la difamación arrojadas sin cesar por los dirigentes de los hombres. Tú eres el Dios de bondad, el Compasivo, el Todomisericordioso.

¡Oh amigo de ‘Abdu’l-Bahá! Aunque el Sol de la Verdad se ha puesto en el horizonte de este mundo inferior, aun así, toda gracia y munificencia son Suyas, pues brilla con resplandor extraordinario en el dominio oculto de las almas, sobre el horizonte del Reino invisible.

Después de Su ascensión, todos los gobiernos y pueblos del mundo esperaban que Su Astro luminoso se ocultara y se retirara Su sombra protectora. Esperaban que se arriara Su estandarte izado y que se desvaneciera y desapareciera la luz que brilla de Su frente. Toda gracia y munificencia son Suyas; pues, en cambio, la lámpara de Su Causa resplandeció luminosa y la luz matutina de Su amorosa providencia brilló con esplendor. El Sinaí de Su unicidad fue exaltado y la Cumbre de Su singularidad fue elevada a alturas todavía más sublimes. Fueron desplegados los estandartes de Su soberanía y las señales de Su poder se hicieron claras y evidentes para toda alma perceptiva. Es más, el redoble de Su Divinidad reverberó en todo el mundo y la campana de Su Señorío repiqueteó con la llamada triunfal de «Yá Bahá’u’l-Abhá» desde Oriente y Occidente. En una época, encendió su llama en América; en otra, derramó su resplandor sobre África, y sobre turcos y tayikos. En una época, elevó su llamado entre los eslavos; en otra, incendió Cumania. Su fama se ha extendido ahora por todo el mundo, y todos los pueblos y linajes de la Tierra están en su búsqueda.

Y, con todo, algunas personas insensatas claman en alta voz que ha llegado la más oscura de las noches y que la penumbra más profunda ha envuelto a todos, que la Causa de Dios ha sido abolida y que Su Ley ha sido anulada, que otro ha reivindicado una nueva revelación, ha elevado la voz de «En verdad, Yo soy Dios» y se ha exaltado a sí mismo por encima de la Antigua Belleza. Pretenden usar esas afirmaciones falsas y desatinadas para ocultar su propia violación y cubrir el tabernáculo de la Alianza del Señor eterno bajo las frágiles redes que han tejido. Aunque sumergidos en las profundidades de ociosas imaginaciones, con sus labios fingen profesar la única y verdadera fe de Dios. Aunque violan la Alianza, pronuncian el nombre del Sol del mundo. Aunque merodean en la lóbrega noche de la duda, claman: «¿Dónde está la luz que brilla sobre todas partes desde el reino invisible del Todo Glorioso?».

Algunas almas puras, como Mírzá Abu’l-Faḍl —que con él sea la gloria de Dios, el Todoglorioso— están ocupadas día y noche en demostrar la verdad de esta bendita Causa mediante pruebas concluyentes y claros testimonios, relatando los hechos y eliminando los velos, propagando la Fe de Dios y difundiendo las fragancias divinas. Mientras tanto, otros individuos, cual aves nocturnas, se empeñan en sembrar las semillas de la duda y son detestados y apartados. ¡Observa qué distintos son en sus maneras de actuar! Nuestra intención es llenar el mundo entero con el aroma del almizcle, mientras que otros intentan herir los sentidos de todas las gentes y naciones con el fétido olor de la disensión

A veces, incluso acusan a este siervo de atribuirse Divinidad y afirman que semejante alegato es la base de su hostilidad, mientras que ‘Abdu’l-Bahá jamás trocaría la servidumbre en el Sagrado Umbral por la soberanía de ambos mundos; en verdad, el polvo de ese Sagrado Umbral es su refulgente diadema. Pero el Calumniador, en un documento que todavía existe, escrito de su propio puño y letra y marcado con su propio sello, se ha proclamado a sí mismo el Sol de la Verdad y ha reivindicado una revelación mayor que la de la Bendita Belleza. Estas son sus propias palabras: «¡Por la rectitud del Señor! Ha aparecido el Mayor Sol de Dios, ante el cual cualquier otro sol es más insignificante que la más insignificante de todas las cosas». Y va aún más lejos, cuando dice: «Estos versículos me fueron revelados cuando era todavía un niño». La Bendita Belleza rechazó esa pretensión suya, y entonces fue cuando reveló una Tabla en la que decía: «Si por un momento deja de estar a la sombra de la Causa …», y demás.

Ciertamente, en mis propios escritos hay un pasaje que afirma que el Sol de la Verdad apareció en el signo zodiacal de Aries y ahora brilla resplandeciente en el signo de Leo. ¡Este siervo está todavía presente! Como tú has dicho, deben dirigir a mí sus preguntas, en lugar de ofrecer interpretaciones acordes con sus propias vanas imaginaciones y motivos personales. Con esa declaración, solo tenía en mente al Báb y a Bahá’u’lláh, el carácter de Cuyas Revelaciones había sido mi propósito elucidar. La Revelación del Báb puede compararse con el Sol cuando se encuentra en el primer signo del Zodíaco, el signo de Aries, en el que el Sol entra en el equinoccio de primavera. La posición de la Revelación de Bahá’u’lláh, por otra parte, está representada por el signo de Leo, la posición más alta del Sol a mediados del verano. Con ello se quiere decir que esta santa Dispensación recibe la iluminación de la luz del Sol de la Verdad cuando brilla en su posición más elevada, y en la plenitud de su resplandor, calor y gloria.

En cuanto a las palabras «ojalá que todos los ojos sean iluminados», estas son del venerable mártir Varqá ―que mi vida sea sacrificada por él—. Lo que has escrito es correcto.

Por otra parte, en cuanto a las palabras «Aquel que convoque a la humanidad en Mi Nombre es, en verdad, de los Míos», estas son las santas palabras de la Belleza de Abhá —que mi vida sea ofrecida en aras de Sus amados—; las palabras no son mías. ¡Cuán gravemente ha errado aquel que ha relatado tal cosa, aquel que la ha difundido por doquier y aquel que la ha repetido! «¡Qué débil es el buscador, y qué débil, el buscado!».

Dios quiera que, mediante la fuerza celestial del Reino y el poder de la Alianza, y a través de la inspiración divina, resistas las insinuaciones de los sembradores de la duda, pues sus susurros apagan por completo la llama del Fuego del Señor que arde en los corazones. ¡Enciende una llama y haz que arda el fuego del amor de Dios! La gloria de Dios sea contigo.