Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

42

Él es el Todoglorioso.

¡Oh tú que ardes con el fuego del amor a Dios! Oímos que albergas en tu ser un fuego abrasador y que tu alma, como una polilla alada, se consume con su llama. Dentro de la lámpara de tu corazón está enclavado un cirio luminoso y en el santuario de tu alma reina el Más Amado de cada reunión. ¡Dios bendito! ¡Qué misterio oculto es este y qué maravillosa realidad: el Amigo que en un tiempo estuvo enclaustrado Se ha dado a conocer en todo el mundo, y el Amado que una vez estuvo oculto ha sido desvelado en todas las regiones!

Esa Belleza sempiterna ha ascendido ahora al Dominio eterno. Ese Sol del reino de la Unidad Divina está ahora velado tras las nubes del mundo invisible. A pesar de ello, los rayos que emanan de Su santidad brillan resplandecientes desde el manantial de los corazones de aquellos que encarnan Su alabanza. Y aunque el grandioso Océano está oculto en las densas nubes del mundo, sus olas majestuosas se levantan desde los manantiales del reino del ser y son visibles en las orillas de la existencia. Así, aunque oculto, Él está manifiesto, y, aunque encubierto, permanece ostensible en cada horizonte de los orientes y occidentes de la Tierra.