Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh amados del Señor y siervas del Todomisericordioso! Tan pronto como el Sol de la Verdad brilló desde el cielo de la santidad, vertió sobre los horizontes del mundo la luz de la unidad de pensamiento, la unidad de opinión, la unidad de creencia y la unidad de la verdad. Y ello, con el propósito de que la humanidad pueda confluir en un único punto con respecto a sus pensamientos y creencias, que las luchas, disputas y conflictos desaparezcan por completo entre los seres humanos y que la misma Luz que emana del Sol de la Verdad ilumine cada corazón. En aras de esta unidad total, de esta armonía perfecta, Su Ser bendito sostuvo toda aflicción y toda clase de pruebas y tribulaciones, de tal manera que los ojos lloran y los corazones se consumen por toda la eternidad.

Alabado sea Dios, por cuanto los amados del Señor en otros países de Oriente están unidos en creencia, unidos en pensamiento y unidos en palabra, y aferrados firmemente a la misma verdad. Pero, al parecer, en algunas partes de América han surgido diferencias de opinión entre los creyentes. Esas diferencias destruyen los cimientos del Edificio Divino. Por ello, el Centro de la Alianza abordará ahora esta cuestión con palabras claras y explícitas, para que no queden diferencias de ningún tipo, para que los amigos estén hermanados y unidos, y para que, a consecuencia de esa unidad, la luz de la verdad ilumine al mundo de la humanidad.

Mi explicación es la siguiente: el Exaltado, el Báb —que mi vida sea sacrificada por Él— es el Prometido del Corán, es decir, el Mihdí, el Qá’im prometido, Quien debía aparecer después del Profeta Muḥammad. Él es la brillante Mañana que apareció en el horizonte de la guía, y el Heraldo de la Belleza de Abhá. La Bendita Belleza —que mi vida sea ofrecida en aras de Sus amados— es Aquel a Quien Dios manifestará, Aquel que ha sido prometido en todos los Libros y las Tablas del Báb. Y ‘Abdu’lBahá es el Centro de la Alianza de Dios, pero la Rama es solo un vástago del Árbol. El Árbol es la esencia, el Árbol es el fundamento y el Árbol es la Realidad universal.

Todas las Escrituras han profetizado el advenimiento de dos Manifestaciones, al igual que el Evangelio hace referencia a la venida de Elías y el Mesías, es decir, el Báb y Bahá’u’lláh. No hay una tercera Manifestación.

Quienquiera que aparezca antes del transcurso de mil años, aunque esté dotado de suma perfección, se hallará, no obstante, bajo la sombra de la Bendita Belleza y será un siervo Suyo. Será el discípulo de la Antigua Belleza, buscará iluminación de Su luz y recibirá una porción de las efusiones de Su gracia. Tal persona puede compararse con una estrella o con la Luna, mientras que la Bendita Belleza es como el Sol mismo. La Luna obtiene su luz del Sol. Esta es la verdadera y sincera convicción de ‘Abdu’lBahá. Incumbe a cada uno rendir lealtad y aferrarse firmemente a aquello que ha procedido de la pluma de la Alianza. ¡Este es el cimiento de la Causa de Dios! ¡Esta es la luz de la verdad! ¡Esta es la creencia de ‘Abdu’l-Bahá!

Por lo tanto, la más elevada aspiración de ‘Abdu’l-Bahá es ser un siervo verdadero y leal del Umbral de la Bendita Belleza. Aquel que verdaderamente me ame, aquel que sea firme en la Alianza, debe considerarme el siervo del Umbral de la Bendita Perfección. Sin embargo, todos deben volverse hacia el Centro de la Alianza, pues él es el Intérprete del Libro y todo el pueblo de Bahá se encuentra bajo su amparo. Si, por iniciativa propia, alguien procediera a interpretar el Libro de Dios de una manera contraria al texto explícito de la pluma de la Alianza, debe ser rechazado, pues ello llevaría a la desunión entre los amados de Dios.

Mi propósito es mostrar que la Bendita Belleza no tiene igual ni semejante. Él es único en Su esencia, y santo y exaltado en Sus atributos. Yo estoy bajo Su sombra y soy el siervo de Su Umbral.

Mi esperanza es que, después de este texto categórico que ha procedido de la pluma de la Alianza, no queden diferencias de ningún tipo y que los creyentes americanos, al igual que los amigos de Persia, se aúnen en su creencia, alegren así el corazón de ‘Abdu’l-Bahá y abran paso a la exaltación de la Causa de Dios en América. Publicad esta carta y circuladla por toda América. La Gloria de las Glorias sea con vosotros.

Si llegara un persa desde Oriente a esas regiones, incluso —suponiendo lo imposible— mi hijo o una hija de ‘Abdu’l-Bahá, y no tuviera una carta de autorización escrita de mi puño y letra, y no llevara mi firma, está prohibido reunirse con esa persona o conversar con ella. Pues quien venga sin autorización no tiene otro objetivo más que la sedición y la violación de la Alianza.