Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá
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Él es Dios.
¡Oh errantes de ‘Abdu’l-Bahá! Os halláis sin hogar y afligidos; estáis desplazados y desposeídos de todo, pues vuestros hogares han sido saqueados y vuestras moradas expoliadas. Habéis soportado duras pruebas, habéis sufrido terribles iniquidades y, ciertamente, habéis sido sometidos a la implacable crueldad de los rebeldes.
‘Abdu’l-Bahá también está cautivo en esta Más Grande Prisión. Pero estimo esta prisión como un palacio y veo este cautiverio como la verdadera libertad. Esta jaula es para mí una rosaleda celestial, y esta cautividad, un trono sempiterno, pues me ha acontecido en el sendero de Dios y por el amor a la Belleza de Abhá —que mi vida sea sacrificada en aras de Sus amados—. ¡Cuán placentera y deleitable es! ¡Cuán dulce y preciada! Las pruebas y aflicciones sufridas por esos amigos han sido, ciertamente, muy penosas; aun así, son en verdad un torrente de gracia y una aurora de esperanza para los corazones de quienes se encuentran cerca del Umbral de la Singularidad.
Considerad qué bendición son las calamidades cuando se padecen en el camino de Dios. El Príncipe de los Mártires —que mi vida sea sacrificada por Él― fue sumergido en las profundidades mismas del océano de las tribulaciones, mientras que el hostil Yazíd y el malvado Valíd prosperaron aparentemente en el mundo material y saborearon sus placeres. Más tarde, se hizo evidente que todas esas tribulaciones habían sido verdaderas bendiciones, en tanto que la prosperidad fue solamente un castigo divino, y el placer, ninguna otra cosa más que la ira y la cólera de Dios. Lo mismo ocurre ahora. Aunque, aparentemente, los clérigos y los gobernantes injustos y necios están levantando un alboroto y haciendo alarde de sí mismos, dentro de poco seréis testigos de cómo, al igual que lechuzas nocturnas, estas gentes se arrastrarán hacia una triste derrota, correrán hacia la tumba del fracaso eterno y caerán en el abismo de la perdición perpetua. Incluso ahora, vagan desconcertados en el desierto del desencanto, mientras los amigos de Dios brillan resplandecientes en el horizonte de la gloria sempiterna.
Si reflexionarais detenidamente, sin duda percibiríais que la adversidad en el sendero del único Dios verdadero es una bendición, ya que el Más Grande Nombre, la Antigua Belleza —que mi vida sea sacrificada en aras de Sus amados—, soportó Él mismo una miríada de aflicciones. Ahora ha permitido que nosotros, Sus humildes siervos, podamos ser Sus compañeros en estas pruebas y tribulaciones, y compartirlas con Él, cada uno de acuerdo con nuestra capacidad. Si fuéramos a juzgar con equidad, este sufrimiento merece gratitud y estas aflicciones no son sino múltiples bendiciones. Saludos y alabanzas sean con vosotros.
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