Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es el Todoglorioso.

¡Oh amados del Misericordioso! La Belleza de Abhá ha resplandecido con Sus numerosos nombres y atributos desde el Punto de Amanecer de todos los deseos. Ha hecho que este siglo glorioso sea el revelador de Su maravillosa gracia mediante el brillo de esta nueva luz, y ha encendido el cirio de la unidad en el mundo del ser. Con dulces acentos de unicidad y con melodías celestiales que proclaman la Unidad Divina, ha gorjeado sobre las ramas del jardín de los significados íntimos para congregar a los pueblos esparcidos del mundo bajo la sombra de la Palabra de Dios y reunir a las tribus hostiles y beligerantes de la Tierra, en unidad y armonía, bajo el dosel del amor a Dios. Por este elevado objetivo, por este propósito santo y manifiesto, ha ofrecido Su pecho a un sinnúmero de saetas de aflicción y ha dado la bienvenida a innumerables heridas con suma alegría y resignación, como si de un bálsamo curativo se tratara.

Ni por un instante descansó; ni por un momento halló tranquilidad Su sagrado corazón. Cuántas noches las pasó bajo el peso de las cadenas, soportando hasta el amanecer cien mil penalidades, como cautivo retenido en una tierra hostil. Recibió los dardos de la injusticia en la diana de la fidelidad y bebió el veneno de la aflicción como si fuera el trago almibarado de la inmortalidad. Besó el cuchillo afilado como si fuera una copa rebosante y anheló ardientemente la horrorosa prisión como si fuera un abrazo amoroso. Fue exiliado de Su tierra natal y Se convirtió en un errante en el desierto de la adversidad. Fue desterrado a Iraq y a Adrianópolis, y finalmente encarcelado en la más desolada de las ciudades. Por fin, a pesar de todas estas dolorosas calamidades y fatigosas tribulaciones, plantó el Árbol de la Unicidad en el paraíso de este nuevo Ciclo y levantó el tabernáculo de la unidad, la paz y la reconciliación por encima de los estandartes más elevados.

Entonces despuntó la mañana de la esperanza y empezó a brillar el Sol de la Verdad. Su luz se derramó sobre todas las regiones y se difundió la brisa matutina. Las alegres nuevas de la Revelación fueron anunciadas y la llama abrasadora y el fuego intenso de la Zarza Ardiente brillaron resplandecientes. Las olas del océano de la unidad, cual portadoras de guía, azotaron las orillas de la discordia y arrojaron por doquier las preciosas perlas de la unidad y la concordia. La primavera divina envolvió la Tierra, se abrieron las flores celestiales, cayeron las lluvias vernales y los vientos que confieren vida soplaron por todos lados, hasta que, finalmente, todos se llenaron de esperanza de que la belleza de la Unicidad sería desvelada en la asamblea del mundo y que la luz de su semblante brillaría resplandeciente por todas las regiones.

Por lo tanto, oh amados del Señor y amigos de Dios, levantaos y, con todo el entusiasmo de vuestros corazones, con todo el fervor de vuestras almas, esforzaos por desplegar los estandartes de la unidad en el corazón mismo del mundo y, con valerosa fuerza, haced que se agite el océano de la unicidad, de modo que el cuerpo de la humanidad pueda librarse de las restricciones de estos ropajes abigarrados y atuendos parcheados y, en su lugar, adornarse con la vestidura inmaculada de la unidad.

Este es el principal objetivo y el verdadero propósito de la revelación de los Profetas, del advenimiento de los Escogidos y de la aparición del Sol de la Realidad en esta grandísima Dispensación del Rey de la Gloria. A menos que se logre este sublime objetivo, a menos que se cumpla este propósito del Señor Todoglorioso y se haga realidad en la asamblea del mundo, este gran Ciclo resultará improductivo y esta grandiosa Dispensación no producirá ningún fruto. Quiera Dios que todos los esfuerzos estén dedicados a establecer lazos de unidad y concordia.

La gloria de Dios sea con todos aquellos que son firmes en la Alianza y se han aferrado a ese sagrado Testamento, por medio del cual Dios protege contra toda discordia.