Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es el Todoglorioso.

¡Oh médico espiritual! El cuerpo de la humanidad estaba afligido con dolencias graves y enfermedades crónicas, males contagiosos y fiebres prolongadas. Entonces, el océano del favor divino se encrespó y las nubes de la verdad y la bondad vertieron su lluvia sobre el mundo de la creación. El Sol del firmamento de la Unicidad resplandeció y las brisas vivificadoras soplaron desde las praderas de la Singularidad. El aliento del divino Mesías fue difundido, el Médico Omnisciente apareció de detrás del velo, y el Sanador hábil y verdadero emergió del encubrimiento. Preparó medicinas saludables a partir de sustancias ocultas y creó bálsamos curativos de elementos velados y atesorados. Confirió la panacea de la eficacia infalible y otorgó el remedio soberano para todos los males. Mezcló elixires espirituales y creó bebidas refrescantes hechas con perlas y rubíes celestiales. Y, de la esencia de la Unidad Divina y la quintaesencia de la singularidad, nos enseñó y dio a conocer remedios que purifican y tranquilizan y alivian. Y todo esto con el fin de que el débil armazón del mundo se libre de la sed abrasadora del error y la ignorancia, y que este cuerpo doliente sea redimido del penoso sufrimiento de la negligencia y la impotencia, y alcance un estado de salud divina y un bienestar espiritual, completo y absoluto.

Sin embargo, han intervenido médicos ignorantes y negligentes, carentes de conocimiento, y están impidiendo que se administre el remedio divino y oportuno. Al contrario, prescriben aquello que causa el agravamiento de la enfermedad y el empeoramiento de la condición. Tú que has descubierto el depósito de los remedios celestiales y de las infalibles medicinas divinas debes, pues, esforzarte para que quizás brille la luz de la salud perfecta y la tranquilidad indefectible, como la luz de guía de la Aurora de la curación, y que la penumbra de los males se disipe y sea eliminada la aflicción mortal de las enfermedades.