Él es Dios.
¡Oh siervo de la Belleza de Abhá! Cuando el León celestial prorrumpió de la selva del Todomisericordioso, emitió tan poderoso rugido que los astutos zorros de la ignorancia y los taimados chacales, manchados con el tinte del engaño, salieron huyendo del campo. Entonces empezaron a tramar y a conspirar, levantaron el polvo de la crueldad y la malicia y se rebajaron a las profundidades de la degradación; y ahora se quejan y lamentan en la lejanía de la oscuridad y la extinción. Déjalos, pues, en su rincón del olvido. Son «los que olvidan a Dios, y por tanto Él los ha hecho olvidarse de sí mismos». ¡De seguro, son gente malvada y en lamentable pérdida! Salutaciones y alabanzas sean para ti.
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