Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá
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Él es Dios.
¡Oh verdadero creyente en los versículos de Dios! Se dice que el mayor poder del mundo es el poder de una soberanía que todo lo compele y la fuerza de un gobierno que todo lo subyuga. Sin embargo, lo máximo que un poder y una fuerza así pueden lograr es asediar a los hombres y conquistar bastiones fortificados. Ese poder y esa fuerza solo se manifiestan con la ayuda de una masa de tropas y ejércitos conquistadores.
Por el contrario, reflexiona sobre el poder y la supremacía del Más Grande Nombre, sobre su potestad y su dominio. Considera cómo, aunque solo y abandonado, sin nadie que Lo ayudara o socorriera, mediante la fuerza y el poder de Dios y la soberanía del Reino, Él sometió al mundo del ser y conquistó las ciudadelas de los corazones humanos. Prevaleció sobre el mundo entero y estableció Su autoridad sobre toda la existencia. Por Sí mismo, dispersó a los batallones de la tierra; sin ayuda de nadie, derrotó a las huestes implacables de la oscuridad. Hoy las evidencias de estas victorias existen en el dominio invisible, pero en el futuro aparecerán también en el plano visible. Entonces todos darán fe de la verdad del versículo «He aquí la confusión que se ha apoderado de las tribus de los derrotados!».
Viaja y explora los desiertos: lugares como las ciudades de Ṣáliḥ y Thamúd, las dunas de la tribu de Húd, las ciudades de Lot y Saba y los poblados de las gentes de Rass y Madián, así como otras tierras. Observa cómo han sido dispersados y desperdigados por todos esos páramos inhóspitos, como un ejército derrotado.
El propósito de mis palabras es que, a pesar de que los Profetas de Dios y Sus escogidos estuvieron, en cada edad y dispensación, solos y abandonados, y sujetos a incesantes ataques por parte de todos los pueblos y linajes de la Tierra, su luz brilló con fulgor y sus estrellas lucieron resplandecientes, mientras que todas las lámparas del poderío mundano fueron extinguidas, una a una.
Él es Dios. ¡Oh exaltada rama del Árbol de la Santidad! Aunque ese vástago ilustre fue arrancado del jardín del mundo contingente, ha sido unido al sagrado Árbol de Loto y ha crecido verde y lozano en el jardín de Aquel que no ocupa lugar. Ha sido nutrido del manantial de aguas vivientes, y estremecido por las brisas que soplan de los cenadores del Reino de Abhá. Ha entrado en el paraíso de la Presencia Divina, ha alcanzado la corte del Todopoderoso y ha encontrado su morada en el pródigo dominio del Todoglorioso.
Y ahora, desde el Concurso de lo alto y en el dominio de gloria refulgente, contempla a quienes se han quedado atrás y eleva un llamamiento interior para que oigan los corazones y las almas, diciendo: «¡Oh mi familia! Regad todo lo que yo he sembrado, con las manos de la fe y la certeza. Cultivad todo lo que he plantado. Vosotros sois las ramas y los frutos de este árbol fecundo; debéis revelar su verdadero aroma y fragancia, y producir frutos que sean como gemas. No dejéis que os angustien los vientos de las pruebas, ni que os hagan temblar las tempestades de las tribulaciones. Haced que vuestras raíces penetren hondo en la tierra de la Alianza y se nutran del torrente del Testamento del Sol del mundo. Aferraos con fuerza a la firme Cuerda y asíos del borde de la Alianza del Señor de todos los mundos, para que lleguéis a ser como ramas frescas y delicadas que produzcan dulces frutos. Este es mi consejo y mi exhortación para vosotros». La gloria de Dios sea contigo.
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