Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

55

Él es el Todoglorioso.

¡Oh tú que estás embriagado con la copa celestial! En el desierto del Sinaí de la Tierra Santa, en los recintos sagrados del valle de Tuwa, en el Monte Místico desde el que brilló la Luz sobre Moisés, se elevó a gran altura el Divino Árbol de Loto, se desveló la Zarza Ardiente y se alzó la Voz del único Dios verdadero, con lo que se produjo un tumulto por todas las regiones que resonó en Oriente y Occidente. Al oír esa Voz conmovedora, todo oído atento respondió: «¡Aquí estoy!», y exclamó desde lo más íntimo de su ser: «¡Oh nuestro Señor! En verdad, hemos prestado oído a la Voz de Aquel que nos convocó a la Fe de Dios —“Creed en vuestro Señor”— y hemos creído». Y toda alma que era la encarnación del versículo «Son sordos, mudos, ciegos, y no rectificarán su error» respondió: «¡Mirad! No son sino fábulas de los primitivos».

¡Dios bendito! Aquellos que alegaban haber oído la Voz de Dios llamando desde cada pequeña zarza, roca y gleba de tierra —incluso desde cada brizna de hierba del campo— rechazaron esa Voz cuando sus maravillosos tonos se elevaron desde el Árbol del Hombre con suma elocuencia y elegancia. Ello es causa de asombro y motivo de lástima. Así se encenderá la luz de «Él guía a quien Él desea» y brillará en la lámpara de «Él distingue con Su misericordia a quien Él desea». Esta es, ciertamente, la verdad.

Ayuda a Tu siervo, oh mi Señor, que ha buscado la luz de Tu unicidad en la Lámpara de Tu guía y ha prestado oído a Tu dulcísima Voz, elevada desde Tu gloriosísimo Dominio. Asístelo con el poder de Tu fuerza triunfante e ilumina su corazón con Tu Signo Más Grande. Alegra su pecho mediante las efusiones sublimes de Tu gracia que proceden de Tu exaltado Dominio. Tú eres, verdaderamente, el Señor de este mundo y del venidero.