Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá
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¡Oh siervo del único Dios verdadero! Cuando despuntó la Mañana de la guía divina en el Exaltadísimo Horizonte, sus rayos trajeron nuevas de gran alegría y proclamaron el advenimiento de la Belleza de Abhá, tal como está expuesto de manera abierta e inequívoca en el Qayyúmu’l-Asmá’.
En la totalidad del Bayán, todas las cosas llegan a su consumación en estas sublimes y maravillosas palabras: «El Día de la Resurrección se cuenta desde el momento de la salida del Sol de Bahá hasta su puesta». «Cuidado, cuidado, no sea que el Váḥid del Bayán te oculte de Él, como por un velo. Y cuidado, cuidado, no sea que aquello que ha sido enviado en el Bayán te oculte de Él, como por un velo». El Báb mismo Se cuenta entre el Váḥid del Bayán; están las dieciocho Letras del Viviente, y Él mismo es el decimonoveno. Una de las Letras del Viviente es Quddús, de quien Él ha dicho que, bajo su sombra, moran Espejos equivalentes a trece Váḥides.
Por lo tanto, diles a quienes están cubiertos por velos: «El Exaltado os ha advertido que tengáis cuidado, mucho cuidado, no sea que, por volveros hacia Él o hacia aquello que ha sido revelado en el Bayán, quedéis ocultos, como por un velo, de la Belleza del Señor. No obstante, los necios están levantando un vocerío por todas partes. Uno dice: “¿Dónde está el advenimiento de Aquel a Quien Dios manifestará?”, mientras otro exclama: “¿Dónde están Sus palacios?”. Uno pregunta: “¿Dónde está la escuela primaria de Aquel a Quien Dios manifestará?”, y otro demanda: “¿Dónde está la cuna de Su resurrección?”».
El Báb mismo dice: «Cuidado, no sea que el Váḥid del Bayán y aquello que ha sido revelado en el Bayán te oculten de Él, como por un velo». Y no obstante, a pesar de ello, estos necios han tomado el significado externo de los versículos como pretexto para poner objeciones a esa Belleza incomparable, en Cuya alabanza se ha revelado la totalidad del Bayán. «¿Qué le pasa a esta gente que apenas comprende lo que se les dice?». También ha dicho: «Si Él apareciera en este mismo momento, Yo sería el primero en adorarlo». Y también: «En el año nueve alcanzaréis todo lo bueno», y así sucesivamente.
Primero, considera la base sobre la que pronunciaron la sentencia de muerte contra el Más Exaltado, el Báb, ¡que mi vida sea sacrificada por Él! Mullá Muḥammad-i-Mamaqání exclamó: «¡Oh gentes! En el Corán, Dios dice: “Este Libro, del cual no hay duda, es una guía para los que temen a Dios”; es decir, guía por el camino recto a toda la humanidad. También está claramente consignado: “Pero Él es el Apóstol de Dios y el Sello de los Profetas”. ¿Cómo podemos considerar fuente de error una afirmación tan explícita, cuando es en sí misma una guía? Esta persona que dice ser un descendiente del Profeta ha destruido, en realidad, el fundamento establecido por Él». Entonces mencionó, una por una, algunas de las leyes reveladas en el Bayán, leyes que más tarde fueron abrogadas en el Kitáb-i-Aqdas. A continuación, ordenó que se Le despojara del emblema de Su noble ascendencia y emitió la sentencia de Su muerte, sin vacilación alguna y con suma malicia.
Di: ¿A qué se aferró el pueblo judío sino a los significados externos de los versículos de la Torá cuando adornaron la cruz con el cuerpo del Amado y se privaron de ese modo de la gracia del Mesías? Se aferraron al texto literal de la Torá y permanecieron velados de Aquel que era su Revelador. Los fariseos, que figuraban entre los más eruditos de esa edad y ciclo, no llamaron a Cristo «Mesías» [Masíḥ], sino «monstruo» [Masíkh]. Consideraron feo y desagradable Su delicado y hermoso Rostro. Tal es el proceder de las gentes a la hora de la aparición del Sol del mundo.
Del mismo modo, cuando las brisas de la Revelación de Muḥammad perfumaron las regiones de La Meca y Medina, y los hálitos vivificantes de las Enseñanzas divinas convirtieron la península arábiga en el escenario de la primavera celestial, los teólogos cristianos se aferraron también a la interpretación literal del Libro perspicuo de Dios y permanecieron privados de los esplendores del Sol de los dominios de lo alto. Pues, según el significado externo del texto del Santo Evangelio, no habrá otro advenimiento después de Cristo. Los sacerdotes y los clérigos se asieron firmemente a estas palabras y permanecieron velados de la luz de la certeza que brillaba desde el luminoso Horizonte.
En resumen, el día de la Revelación de la Luz divina, los pueblos del mundo se aferraron invariablemente a los significados externos de los versículos del Libro y se privaron, de este modo, de la gracia del Todopoderoso. Peor todavía, la mayoría de los teólogos usaron su interpretación de los Libros Sagrados para decretar la muerte de estos soberanos Señores de toda la existencia, estos Luminares de los reinos de lo visible y lo invisible. Con todo, no es de extrañar que aquellas gentes quedaran veladas del Señor de la creación, pues sus Libros Sagrados y Escrituras no contenían consejos tan claros y explícitos, ni advertencias tan concluyentes como las que se encuentran en el Bayán.
Pero el Báb —que mi vida sea sacrificada por Él— no le dejó a ningún alma lugar para la duda. Eliminó los velos por completo. En todo el Bayán, declaró de manera abierta e inequívoca que el objeto de todas las Escrituras y Libros sagrados no era otro que la Más Grande Luz. Advirtió a las gentes que tuvieran cuidado, no fuera que el texto del Libro o sus propias interpretaciones de los versículos y declaraciones los velaran del Sol del mundo. ¿Acaso se revelaron alguna vez consejos y advertencias como estos en la Torá, el Evangelio o el Santo Corán? ¡No, por la rectitud de Dios! Esto es único de esta Más Grande Dispensación, en la que la Mañana de la guía divina, la Belleza Más Exaltada —que mi vida sea sacrificada por Él— ha rasgado los velos encubridores y ha dejado llano y patente el sendero de la guía.
Además, después del martirio del Misterio de la existencia, de ese Ser glorioso, ¿dónde se encontraban estos perversos? Cada uno de ellos se había arrastrado hasta el rincón de la degradación perpetua, había dado la espalda al amigo y al extraño por igual y, sobrecogido de temor y angustia, permaneció escondido de todos hasta el momento en que la Antigua Belleza, el Más Grande Nombre —que mi vida sea sacrificada por Sus amados— exaltó la Causa de Dios. Entonces fue cuando esos seres rastreros salieron de sus escondites presumiendo. En muy poco tiempo, fomentaron la malicia, izaron el estandarte del odio y, de esta manera, se lanzaron a sí mismos al abismo del lamentable tormento. Ahora ya no se oye mención alguna de ellos, ni siquiera el más ligero murmullo.
Considera algunos acontecimientos más recientes. Cuando estos exiliados se encontraban bajo la amenaza de la espada, el Rey de los Mártires y el Amado de los Mártires —que mi vida sea sacrificada por ambos—, así como otros mártires, alcanzaron el rango del sacrificio supremo. Los mártires de Yazd fueron descuartizados y los de Khurásán fueron quemados vivos, y sus restos y cenizas, esparcidos al viento. Lo mismo ocurrió en Shíráz y en otras partes del país. Al mismo tiempo, el cabecilla de esas gentes descarriadas renegó explícitamente del Báb desde los púlpitos de Iṣfahán y Teherán. ¿Acaso se puede negar esto también, a pesar de que había llegado a estar en boca de todos en ambas ciudades?
Ahora que está viendo cómo las alabanzas a la Causa de Dios han puesto en marcha a Oriente y Occidente, cómo la fama del Más Grande Nombre ha abarcado el Norte y el Sur, cómo la potencia de la Palabra de Dios ha sacudido los poderes del mundo y cómo el Llamamiento divino, que trae las buenas nuevas del Espíritu, ha vivificado y revitalizado al mundo de la humanidad, ha vuelto a salir de su foso de oscuridad. Ha levantado un revuelo y ha reivindicado su existencia, declarando: «Nosotros somos el pueblo del Bayán, y la piedra angular de este edificio».
¡Lejos, muy lejos está esto de la verdad! ¿Dónde estaban estas gentes hace unos años? ¿Quién de ellos ha bebido alguna vez de la copa de la tribulación o ha realizado el más mínimo esfuerzo en el sendero del Exaltado? Jamás han manifestado otra cosa que no sea negación y rechazo; nunca han mostrado otra cosa más que indecencia y vicio. ¡Por Dios, además de Quien no hay otro! Si hubiera ahora cualquier prueba o dificultad, veríais inmediatamente cómo suben al púlpito y elevan la voz, diciendo: «¡Nosotros no tenemos nada que ver con ellos!». Es más, blasfemarían y denigrarían la Causa de Dios…
Observa cómo el meteoro encendido de la Alianza ha atravesado el corazón del mundo. Mira los rayos que se vierten desde el Reino invisible sobre las tierras de los eslavos y los turcos.
Derrama esplendores sobre Oriente y esparce perfumes sobre Occidente, aporta luz al eslavo, y al turco dota de vida.
Y, aun así, estos negadores, como murciélagos de la oscuridad, han entrado a rastras a las cuevas de la apatía y niegan la existencia del sol. Cuán acertadamente se ha dicho:
Admitiendo que a esta mañana se la llame noche oscura, ¿están también cegados por la claridad los ojos que ven?
¡No, por la rectitud del Señor! Dentro de poco oirás el sonido de este Clarín y los toques de esta Corneta sonando desde el Concurso de lo alto. ¡Glorificado sea mi Señor, el Todoglorioso! Saludos y alabanzas sean para ti.
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