Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá
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Él es Dios.
¡Oh mi Dios! Verdaderamente, Tú has creado el universo y has dado forma al alma humana. Tú has engendrado a la creación entera y has dado vida a todos los seres mediante la influencia de Tu poder que todo lo penetra. El Sol del mundo de la existencia apareció con esplendor manifiesto en el horizonte del Más Alabado. Pasaron las edades y los ciclos se sucedieron, hasta que se hizo aparecer nuevamente el cielo del conocimiento y la tierra de la certeza se extendió ante todos, se levantaron las olas del océano de la generosidad y el Luminar del mundo brilló con resplandor, las estrellas del mundo de la creación centellearon, se difundió la brisa del Todomisericordioso y las nubes desbordantes de Tu gracia y generosidad dejaron caer su lluvia.
Fueron manifestadas realidades santas, receptoras de gracia y luz del Sol de la Verdad. Desecharon sus gastadas vestimentas y, en su lugar, mediante Tu generosidad, oh mi Señor Todoglorioso, se ataviaron con el manto de la renovación. Pues Tú las escogiste para difundir los esplendores de Tu luz, exponer Tus mandamientos, desvelar Tus misterios, difundir Tus señales, exaltar Tu Palabra, participar de Tu océano y obtener luz del fuego de Tu unicidad. Estas realidades santas se convirtieron en los erarios de Tu conocimiento, las manifestaciones de Tu gracia, los repositorios de Tu misterio, los puntos de amanecer de Tu inspiración y las fuentes de Tu generosidad. En consecuencia, la tiranía de todo envidioso, la ira de todo rebelde y el amargo despecho de todo ingrato se hicieron cada vez más implacables contra ellos. Todos se levantaron contra Tus amados, cuyo único crimen era el desapego de todo excepto de Ti, cuyo único delito era la sumisión a Tu Causa y cuya única falta era la constancia en Tu Alianza. Y esto, en verdad, es lo que alegra los corazones de los fieles y devora las almas de los malvados. Ciertamente, aquello que es luz para los sinceros es un fuego abrasador para los adversarios de Dios.
¡Oh mi Señor! Tú has dado forma a realidades inmutables en el mundo de la existencia y has creado seres de diversa naturaleza. Para esa especie noble ―la realidad del alma humana― no has deseado otra cosa salvo que alcance el rango más elevado, perciba las señales, descubra los testimonios, enarbole las enseñas de Tu recuerdo ante toda la creación, eleve su voz y proclame Tu nombre en el mundo del ser, y difunda los dulces aromas de Tu santidad en este mundo inferior; todo esto para que su ser más íntimo evidencie y refleje la imagen del Concurso de lo alto. Mas, tristemente, hubo almas que permanecieron desatentas y se privaron de la mayor bendición que ordenaste en Tu reino. Malvendieron al José de Tu recuerdo por el más insignificante de los precios y mancharon su vestidura con la sangre de las vanas imaginaciones. Repudiaron Tu Alianza, pusieron reparos a Tu Belleza, violaron Tu honor, menospreciaron Tu Palabra, negaron Tu sabiduría y arrojaron sus calumnias a Tu Rostro, al tiempo que se contaban a sí mismos entre los que están bien guiados.
Yo Te imploro, oh Señor mi Dios, por Tu merced, que es la fuente de todas las cosas creadas y el manantial del universo entero, que levantes los velos y concedas Tus abundantes favores. Arranca de raíz toda traza de deslealtad, ayuda bondadosamente a todos a ser leales y permite que prueben la dulzura del amor y la devoción, para que no quede nadie salvo aquellos que se postran en adoración ante Ti, y para que en todas las regiones la oscuridad se disipe y deje de existir. Tú eres, verdaderamente, el Auxiliador, el Todopoderoso, el Todoglorioso, el Más Bondadoso.
¡Oh amados de Dios! La lámpara de la Alianza es la luz del mundo, y su realidad, el regalo del esplendor; la estrella del Testamento es una luna resplandeciente, y las palabras trazadas por la Pluma del Altísimo, un océano ilimitado. El Señor, el Glorificado, ha creado una nueva Alianza y ha establecido un gran Testamento bajo la sombra del Árbol de Anísá (Árbol de la Vida). Ha convocado a cada uno al abrazo amoroso de Su Belleza y ha anunciado a todos la revelación de Sus versículos manifiestos. Ha socavado los cimientos de la discordia y ha erigido el edificio del favor divino. Ha encendido la luz de la guía y, mediante la gracia del Reino de Abhá, ha convertido el mundo en un jardín de delicias. Ha expuesto la Alianza Eterna y, copa en mano, ha aparecido en el banquete de la Revelación. Ha elevado un llamado formidable y ha permitido que toda alma atenta perciba los acordes celestiales de la Alianza, para que los maliciosos no quebranten la fortaleza inexpugnable de la Causa ni que los ignorantes enturbien sus mansas aguas con el fango de las ociosas fantasías. Ha elevado Su llamado en el corazón mismo del mundo y ha hecho oír la voz estremecedora de la Pluma Más Sublime. En el Oriente y el Occidente, todos los oídos han escuchado los dulces acentos del Espíritu Santo y han descubierto el alcance de la Alianza y el Testamento.
A pesar de declaraciones tan claras, explícitas y exhaustivas, algunas personas han empezado a expresar sus propias interpretaciones y han malinterpretado los significados conforme a sus propias pasiones y deseos egoístas. Han profanado esas verdades perspicuas con vanas y débiles quimeras y han sometido Su mandato explícito a condiciones impropias. ¡Qué ignorancia y qué insensatez! ¡Qué extravío y qué necedad! Cierran los ojos a la Luz manifiesta y se aferran a las cosas rastreras del mundo. No buscan la mañana de la guía, sino que moran en la oscuridad de la infidelidad. No leen los versículos claros e irrebatibles, sino que diseminan interpretaciones frágiles e infundadas. «Déjalos que se entretengan con sus reparos». Y abandónalos a que vaguen angustiados en su ebrio estupor. Cuentan mentiras y falsedades, huellan el sendero del error y no ven que, de hecho, se están ahogando en el océano de las vanas imaginaciones. ¡Y pronto descubrirán la suerte que les espera!
¡Oh amados de Dios! Reflexionad: ¿Acaso se ha establecido una Alianza así en alguna Dispensación, edad, período o siglo anterior? ¿Se ha presenciado alguna vez un Testamento semejante, inscrito por la Pluma del Altísimo? ¡No, por Dios! ¿Cómo responderán esas gentes al Señor Todopoderoso en el reino invisible? ¿Cómo responderían si el Amado de Abhá dijera: «¡Oh desdichados! ¿Acaso no oísteis el Llamado del Testamento? ¿No visteis las claras palabras del Libro de la Alianza? ¿No entendisteis su texto explícito? ¿Cómo, pues, pudisteis desviaros y poner reparos? ¿Acaso no se designó el Intérprete de manera explícita en el Libro? ¿Acaso no era claramente visible el Centro de la Alianza? Aunque no pudierais manteneros fieles, ¿por qué esa traición? Aunque no pudierais reconocerlo, ¿por qué esa arrogancia? Aunque no pudierais rendirle lealtad, ¿por qué esa injuria? Lo acuchillasteis con espadas y dagas, y ayudasteis a todo malhechor. Le lanzasteis dardos y flechas y le arrojasteis lanzas y picas. No hubo daño que no le infligierais, no hubo calumnia que no dirigierais contra él, ni historia falsa que no hicierais el eje de vuestras querellas. Sostuvisteis que la luz era oscuridad y percibisteis como error la guía. Tomasteis la Antigua Alianza como un juego y considerasteis como desvaríos delirantes el texto claro del Testamento. El manto del José del Dominio invisible y todoglorioso está teñido de sangre, la vestidura de la Antigua Belleza, manchada de carmesí».
¡Oh amados del Señor! Clamores lastimeros se elevan en el Concurso de lo alto, y gemidos y lamentos incesantes son los compañeros de los moradores del Reino de Abhá. Todos los pueblos del mundo están lanzando sus ataques; todas sus naciones y linajes se muestran hostiles y contendientes. Y en el medio de este campo de tribulaciones se encuentra ‘Abdu’l-Bahá, el blanco de todos los dardos de la tiranía. ¿Qué ha sido de la equidad y la justicia? ¿Adónde han ido la decencia y la vergüenza? En lugar de ser un bálsamo curativo para las heridas infligidas por los dardos de los enemigos, habéis enfilado vuestros cuchillos a mi garganta. En lugar de protegerme de las lanzas de la tiranía arrojadas por las naciones del mundo, me habéis apuñalado a cada momento y habéis asestado un duro golpe a mi débil cuerpo. ¡Miserable es lo que han causado vuestras manos! Pobres de vosotros, por haber renunciado a la unidad, elegido la discordia, violado la Alianza y haber hecho que se agraven más las adversidades. ¡En verdad, seréis llevados ante vuestro Señor!
En pocas palabras, pues, oh vosotros que os mantenéis firmes en la Alianza, rendid alabanzas y gracias al Señor por permanecer bajo el dosel de la Alianza y estar resguardados dentro de la fortaleza del cuidado y la protección del Sol del mundo. Se avecina el día en que veréis a los violadores de la Alianza retroceder a los agujeros de la incredulidad y la duda, y deslizarse como gusanos en busca de cobijo en las profundidades más abismales de la tierra. En ese día se regocijarán los fieles.
Además, puesto que Su Majestad, el Rey ecuánime, es justo y generoso, y auxiliador de todos los linajes y tribus, y como el Primer Ministro favorece el progreso de la nación y es un sincero y confiable defensor del trono, nuestra obligación ineludible es levantarnos, con sinceridad y buena voluntad, a llevar a cabo lo que sea necesario para mostrar gratitud por semejante regalo. ¡Ojalá que, de este modo, ese noble país se ilumine y esa tierra se convierta en el centro focal de las bendiciones del Señor misericordioso!
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