Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es el Todoglorioso.

¡Oh paloma del rosedal de la fidelidad! ¡Oh ruiseñor de las arboledas de la alabanza a la Belleza de Abhá! Que la gloria de Dios, Su merced, Su generosidad y Su alabanza sean contigo.

Se ha leído y examinado con suma atención lo que has escrito con la pluma del dolor en la página de las aflicciones. De su contenido, desbordante de amargo lamento, se percibía el sabor de una profunda tristeza y angustia. Por un lado, me apené; por otro, me sorprendí y me extrañé. Mi pena se debió a la intensidad de tus suspiros, mientras que mi sorpresa se derivó del hecho de que este siervo ya te ha escrito varias cartas, querido amigo, y en todas ellas te he expresado la máxima medida de amor y afecto. Fueron escritas de un modo que me imaginé que su lectura llenaría tu alma con tanta dicha y éxtasis que haría que rasgaras las vestiduras del mundo material.

¿Cómo es que por una sola palabra te has desanimado y desmoralizado tanto, te has sentido tan desconsolado y abatido? Pues, en este día, ni la alabanza es indicativa de honor, ni la censura es señal de humillación y deshonra. La aceptación o la negación, la aprobación o el rechazo, todos dependen de aquel a quien Dios ha levantado para servir a Su Causa y exaltar Su Palabra entre la humanidad. Has de saber que todos los asuntos relativos a la Causa revierten a este siervo. A nadie se le otorga el derecho de rechazar o aceptar antes de oír lo que ha pronunciado este humilde siervo.

Olvida, pues, todas esas cuestiones y, con la máxima resolución, firmeza y constancia en la Alianza de Dios, y con fiel adhesión a Su Testamento, esfuérzate por exaltar Su Palabra. No prestes oído a encomios y alabanzas, ni te entristezcas o aflijas por la censura y la humillación. Levántate entre las gentes del mundo y, con absoluto desapego y libre de todo salvo de Dios, e impulsado por Su Alianza y Testamento, esfuérzate por despertar a los desatentos; pues, en este día, la mayoría de la gente es inconsciente y ajena al poder de la Alianza y Testamento de Dios.

Aunque no se estableció una Alianza explícita en ninguna edad o Dispensación anterior, los seguidores del Corán dicen que el Apóstol de Dios ―que la vida de los mundos sea sacrificada por Él― declaró en Ghadír-i-Khumm: «Quien Me tenga a Mí como su Señor, tiene a ‘Alí como su Señor». De manera similar, los cristianos dicen que Aquel que es el Espíritu ―que el alma de toda la existencia sea sacrificada por Él― Se dirigió a Simón, conocido como Pedro, con estas palabras: «Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia». Ahora, en esta Más Grande Dispensación, la Alianza ha sido establecida de manera concluyente en términos claros y lenguaje inequívoco, sin dejar lugar a interpretación alguna, en el Libro Más Sagrado, un Libro que abroga todas las Escrituras Sagradas del pasado y cuyas leyes han anulado todas las leyes de otras Tablas que no estén en conformidad con él. Además, en el libro de la Alianza y Testamento divinos, revelado por la Pluma de la Gloria y titulado «El Libro de la Alianza», Bahá’u’lláh concertó una Alianza con todas las cosas creadas. En todas Sus Tablas y oraciones, Él ha hecho de la firme adhesión a la Alianza y Testamento divinos el medio más seguro para recibir dádivas celestiales, para que todos perciban la majestad y la grandeza de la Alianza y el Testamento.

Ahora, algunos son conscientes del poder de esta Alianza y se mantienen firmes y constantes en el recto sendero, mientras que otros todavía no aprecian su importancia como debieran. Los amigos verdaderos de la Bendita Belleza deben esforzarse por despertar a las gentes. Puesto que esta formidable e inexpugnable fortaleza permanecerá inviolada y a salvo, no dejes que tu corazón se aflija. Todos los demás asuntos son secundarios y pueden resolverse con una o dos palabras. Permanece seguro y esperanzado, y sigue firme y constante. La Gloria de Dios sea contigo y con los amados del Señor.

Has pedido permiso para escribir sobre ciertos asuntos. «Deja que tu corazón apenado relate todo cuanto desee», pues mis oídos están en sintonía contigo.