Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh buscador de la Verdad! Se ha recibido tu carta y se conoció su intención. Has preguntado: si esta Revelación divina es el mismo Reino celestial que Cristo dijo que estaba cerca, ¿con qué prueba y testimonio se puede demostrar, y con qué buenas nuevas se puede anunciar? No hay tiempo para ofrecer una respuesta detallada, así que ofrecemos una breve exposición.

Has de saber que las pruebas de la verdad de este nuevo Reino son las mismas que las del Reino de Cristo. La prueba de cada Reino subsiguiente es la misma que la del anterior; es más, ¡es la prueba más poderosa!

Las pruebas son de dos tipos: las que son para la gente corriente y las que son para los eruditos. Estos no se convencerán con las pruebas de aquellos; y aquellos, a su vez, no se sentirán seguros con las pruebas de estos. La gente corriente busca milagros y prodigios, mientras que los eruditos no los consideran pruebas; no satisfacen su búsqueda ni apagan su sed. Por el contrario, buscan pruebas racionales concluyentes. Así, puesto que estás dotado de visión aguda y buen juicio, expondremos pruebas racionales y concluyentes que no dejen posibilidad de rechazo por parte de nadie.

Decimos que el propósito que subyace al advenimiento del Reino es la edificación de las almas de los seres humanos, el progreso del mundo de la humanidad, la manifestación del amor a Dios, el establecimiento de la camaradería y la unidad entre todos los pueblos, la aparición de perfecciones divinas y la consecución de la gloria de la raza humana. Este es el propósito del advenimiento del Reino, y este es su resultado. Observa, pues, cómo el poder edificante de Bahá’u’lláh ha iluminado el oscuro Oriente, ha transformado a bestias voraces en ángeles celestiales, ha dotado de conocimiento al ignorante y ha hecho que lobos rapaces se conviertan en gacelas de los prados de la unicidad. Aquellos que, debido a costumbres o creencias, se alzaban con enemistad contra todos los pueblos se asocian ahora con todos en perfecta unidad. Aquellos que solían quemar la Santa Biblia debido a su extrema ignorancia exponen ahora las verdades y misterios del Antiguo y Nuevo Testamento. En un breve espacio de tiempo, Él ha educado a Sus seguidores a tal punto que, incluso con cadenas y grilletes, y bajo la amenaza de espadas y cuchillas, elevaban la voz de «¡Yá Bahá’u’l-Abhá» y ofrecían caramelos a sus verdugos para que asestaran el golpe final con bocas endulzadas. ¡Seguramente recuerdas el relato del discípulo Pedro y el canto del gallo!

Otra prueba es que todos los clérigos de Persia y los líderes prominentes de Teherán saben, más allá de toda duda, que Bahá’u’lláh nunca asistió a escuela alguna ni recibió educación formal y, desde edad muy temprana, Se comportaba de manera diferente. No obstante, los clérigos y los doctos de Oriente han dado fe de Su extraordinario conocimiento, Su sabiduría y comprensión, y Sus perfecciones. A pesar de su rechazo y su encarnizada animosidad, admiten que Bahá’u’lláh era una Figura única y sin par de la época, por más que no reconozcan Su sublime posición como lo hacen los elegidos y los sinceros.

Otra prueba más consiste en las propias enseñanzas de Bahá’u’lláh, que erradican toda traza de disensión y discordia del mundo de la humanidad y establecen unidad y armonía imperecederas. Consulta las Tablas de Tajallíyyát (Refulgencias), ‘Ishráqát (Esplendores), Kalimát (Palabras del Paraíso), Bishárát (Buenas Nuevas) y Ṭarázát (Ornamentos), y verás claramente qué enseñanzas se han dispensado en este nuevo Reino: enseñanzas que otorgan al débil cuerpo del mundo un remedio rápido y una cura viable y duradera. Nunca antes se ha presenciado algo semejante a estas enseñanzas.

Otra prueba más es que en el interior de esta aflictiva prisión fue donde Bahá’u’lláh reveló y propuso Revelación tan sublime, una Revelación cuyo renombre se ha difundido por todo el mundo, que se ha establecido firmemente en el Oriente, y la luz de cuya radiante mañana se difunde como los rayos del Sol. Y todo ello a pesar de que los gobiernos y los pueblos de Oriente se alzaron con resistencia y oposición, y lanzaron sus ataques con todas las fuerzas a su alcance. Reflexiona: ¿Alguna vez se ha puesto de manifiesto semejante fuerza y poder? ¿Qué prueba hay mayor que esta: que, desde el interior de las paredes de la prisión, Él dirigió Sus formidables proclamas a los reyes y gobernantes de la Tierra y predijo en términos inconfundibles lo que deparaba el futuro? Advirtió al gran Emperador ―entonces en la cumbre de su poder― de una súbita revolución, y predijo la caída de su trono y la derrota y extinción de su imperio. Y, en efecto, todo ello llegó a ocurrir, al igual que los eventos pronosticados en Tablas y mensajes dirigidos a otros gobernantes de la Tierra desde los confines de la prisión. ¡Fíjate con qué poder y majestad Se manifestó a Sí Mismo desde una cárcel para ladrones y asesinos! ¿Qué prueba hay mayor que esta? En conclusión, las pruebas y evidencias son muchas, pero no dispongo de tiempo para escribir más.

Y ahora, con relación a las pruebas que buscan las masas desinformadas, estas consisten en milagros y prodigios. En pocas palabras: hay muchos relatos de tan maravillosas proezas asociadas con Bahá’u’lláh que circulan entre la gente y podrían llenar numerosos volúmenes si alguien fuera a recopilarlos. Pero, puesto que no constituyen una prueba concluyente para el negador adversario, no relataremos milagros asociados con Bahá’u’lláh. Pues los adversarios también pueden contar relatos semejantes de los ídolos de su fantasía y basarlos en sus propios libros y crónicas. Por lo tanto, nosotros presentamos pruebas racionales, para que no quede lugar para la negación por parte de ningún alma. La Gloria de las Glorias sea contigo.