Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh Señor, mi Dios, mi Bienamado, mi Objetivo, el Deseo de mi corazón! Este es, en verdad, el primero de los días de Riḍván. Ha llegado con alegría y deleite, con regocijo y éxtasis. Los vientos soplan, las nubes derraman su lluvia y el sol brilla por Tu bondadosa gracia. La brisa matinal recorre colinas y valles en esta Primavera maravillosa, como muestra de Tu inestimable favor, y transforma estas tierras en un fino brocado de matices incomparables y una alfombra de seda engastada de flores y adornada con un vestido de hojas esmeralda que deslumbran los ojos con su brillante esplendor. Soplan las suaves brisas, los refrescantes arroyos discurren mansamente y las praderas se adornan con flores; las arboledas están frondosas, las nubes, colmadas de lluvia, y las estrellas, relucientes, gracias a Tu generosa providencia. Este cúmulo de polvo que es el mundo mortal se ha vuelto verde y lustroso gracias a Tu bondad, y la tierra se ha convertido en un paraíso eterno gracias a Tu merced, oh mi Dios, puesto que ha llegado Tu día de Riḍván, rodeado de majestad e investido de soberanía, inundando la creación con rayos de luz, como una estrella, y acompañado por una procesión de fervor y alegría. El Riḍván ha levantado su carpa con esplendor deslumbrante en el corazón mismo del mundo, y ha guiado a sus huestes y enviado a sus tropas en todas direcciones hasta los rincones más recónditos del Paraíso.

Así se han inundado de alegría y embeleso los corazones de Tus amados, y han sido transportados de felicidad y gozo por Tus dulces aromas. Se han levantado con anhelo y fervor para alabarte, y «su Señor les dará de beber una bebida pura». Alabado seas, oh mi Dios, por todo lo que nos has concedido mediante Tu generosidad. Te doy gracias, oh mi Esperanza, por las mercedes que nos has conferido. Bendito seas, oh mi Bienamado, por los favores que has elegido otorgarnos.

¡Oh Dios, mi Dios! ¡Oh Tú que eres el Objeto de mi deseo! Abre ante los rostros de Tus amados las puertas de Tus favores en este día perspicuo. Iza por encima de sus cabezas las velas de la guía del Arca Carmesí. Haz que se reúnan bajo el estandarte de Tu bondad y generosidad, y haz descender sobre ellos la señal de Tu gracia en el corazón mismo de la creación. ¡Oh Señor, mi Dios! Haz de ellos estrellas radiantes, lámparas resplandecientes, orbes brillantes y meteoros ardientes, para que puedan levantarse a servirte entre Tus criaturas, encender el fuego de Tu amor en los corazones de Tu pueblo, esparcir por doquier Tus señales en todos Tus dominios y edificar las almas de todos los que habitan la Tierra. Entonces se servirá Tu banquete celestial en todo el mundo, este plano contingente se convertirá en el Paraíso de Abhá mediante la fuerza de Tu poder, y este polvo inferior llegará a ser la envidia de los altos cielos mediante las efusiones de Tu sabiduría.

¡Oh Señor! Haz que Tus amados sean ángeles del paraíso que habitan Tu tierra, y permite que Tus elegidos se conviertan en almas celestiales que residen en Tu dominio. Esta es, en verdad, la mayor aspiración de Tu siervo, quien se ha humillado ante Tu soberanía, se ha inclinado en adoración ante Tu puerta, se ha postrado ante Tu gloria y ha caído sobre el polvo ante la fuerza de Tu soberano poder. Tú eres el Donador, el Compasivo, el Todopoderoso, el Más Generoso.

¡Oh amigos espirituales de ‘Abdu’l-Bahá! Ahora, cuando el Astro de la Festividad del Riḍván brilla luminoso en el horizonte de la creación y todo el mundo está envuelto en un éxtasis de alegría y fervor, es el momento del arrobo y el embeleso, del regocijo y el deleite, y de la revelación de este solemne Día. Es la estación para el regocijo y la felicidad de alma y corazón, para la música y las canciones, para las melodías del arpa y el laúd. Las señales de la alegría se manifiestan desde todos los rincones y la luz del arrobamiento brilla en todas las direcciones. Los amados del Señor sienten total regocijo y Sus escogidos resplandecen con deleite, pues este es el Día en que el Más Grande Nombre salió de la Ciudad de Dios, en Iraq, y entró en el luminoso Jardín. En ese Día resplandeciente, el Amado dio muestras de un gozo tan inefable que el resplandor de Su alegría bañó el reino de la existencia. En ese glorioso Día, la Palabra de Dios fue exaltada en medio de toda la creación.

Por lo tanto, oh amados de Dios, os incumbe a todos estar tan llenos de éxtasis y alegría en esta bendita Festividad que pongáis en movimiento el reino de la existencia. ‘Abdu’l-Bahá se regocija con estas supremas buenas nuevas y suplica con la máxima humildad y fervor en el Umbral de la Belleza de Abhá que le conceda alegría a cada uno de los amigos y les otorgue gozo y felicidad.

Es nuestra esperanza que, en el año entrante, los amigos del Todomisericordioso que residen en tierras libres pongan con alegría y resplandor los cimientos del Mashriqu’l-Adhkár, y se dispongan a alabar y glorificar clara y abiertamente la Belleza del Ilimitado, y a recitar la oración obligatoria, ya que, en el dominio de la adoración, el ayuno y la oración obligatoria constituyen los dos pilares más firmes de la sagrada Ley de Dios. De ninguna manera se permite descuidarlos, y no cumplir debidamente con ellos es, ciertamente, impropio. En la Tabla de Visitación, Él dice: «Suplico a Dios, por Ti y por aquellos cuyos rostros han sido iluminados por los resplandores de la luz de Tu semblante y que, por amor a Ti, han observado todo lo que les ha sido ordenado». Él declara que la observancia de los mandamientos de Dios emana del amor por la belleza del Bienamado. Cuando el buscador esté inmerso en el océano del amor a Dios, se sentirá motivado por un intenso anhelo y se dispondrá a cumplir las leyes de Dios. Así pues, es imposible que un corazón contenga la fragancia del amor a Dios y, a pesar de ello, deje de adorar al Verdadero, excepto en condiciones en las que semejante acción agitara a los enemigos y produjera disensión y malicia. De lo contrario, no hay duda de que un amante de la Belleza de Abhá mostrará continuamente perseverancia en la adoración del Señor.

¡Oh amados de Dios! ‘Abdu’l-Bahá se encuentra en grave peligro debido a la maldad de los enemigos y la discordia fomentada por el Centro de la Sedición. Sean cuales sean los acontecimientos que ocurran, por pequeños o grandes que sean, no acuséis a ningún alma. Todos esos acontecimientos se deben a la rebelión y la oposición del Centro de la Sedición. Suplico a Dios que le permita arrepentirse y regresar a la Alianza y al Testamento, pues, de otro modo, dentro de poco se encontrará en la perdición total. Actualmente, está considerando la manera de asegurarse un medio de escape, y de salir de la Tierra Santa para poder ocuparse en otras maldades y, mediante su huida, causar mayores aflicciones y problemas para este siervo y para los amados de Dios. No se detuvo ante nada y, con todo lo que tenía a su alcance, promovió malicia, creó disensión, esparció falsedades, y diseminó injurias y calumnias. Lo único que le falta es huir, lo cual, para su vergüenza, está decidido a hacer ahora, y, de este modo, causar una penosa deshonra y terrible confusión. Si encontrara una oportunidad, no demoraría su escapada un solo instante, pero le es difícil llevar a cabo este plan. No obstante, si llegara a ocurrir, los amados de Dios deben estar siempre vigilantes y atentos, y permanecer alerta en todas partes, no sea que cree una fisura en la Causa de Dios y difunda por doquier los fétidos olores de la enemistad. Desde la Ascensión de la Bendita Belleza hasta el día de hoy, ha cometido todo acto que pudiera causar daño a la Causa de Dios. Ahora está planeando también esta acción abominable y reprensible.

En aquellos días, algunas personas destacadas e influyentes planeaban conseguir que ‘Abdu’l-Bahá fuera liberado de su confinamiento. Eran perfectamente capaces de hacerlo. Pero, en respuesta, este siervo dijo: «Esta ciudadela es la Prisión de la Belleza de Abhá. Él pasó cerca de veinticuatro años aquí. Por lo tanto, yo no tengo ningún deseo de ser rescatado de esta prisión, ni procuro la liberación. Al contrario, busco más confinamiento y anhelo vivamente un encarcelamiento más severo». Esas almas quedaron perplejas al oír mis palabras. Pero mi intención era que entendieran que, en el sendero del Señor, la prisión es para nosotros como un palacio real, y las profundidades del pozo, como la cúspide del cielo. Esta es, de hecho, una realidad incuestionable. Esta es, ciertamente, la verdad, y todo lo demás no es sino error manifiesto.

El Centro de la Sedición alberga la esperanza de que, cuando haya derramado la sangre de este prisionero, encontrará finalmente el ruedo donde espolear su corcel. ¡Ay de esas fantasías ociosas y vanas imaginaciones! Pues fijaos que algunas imaginaciones son un grave pecado. Aquellos que están extasiados con el vino de la Alianza están hartos de los que incitan a la sedición, y quienes buscan guía de la luz de la Revelación evitan la compañía de los instigadores de la maldad. Aunque el ruiseñor de la fidelidad elevara el vuelo hacia el jardín de la eternidad, un alma atenta jamás prestaría oído al graznido del cuervo o el gañido de la corneja; y aunque el hermoso semblante estuviera oculto tras un velo, ninguna persona sabia pondría los ojos en un rostro repelente. Nadie lo haría, a excepción de quien intente provocar sedición o esté falto de razón y discernimiento. Que el Señor os escude y proteja de la malicia de los impíos y la maldad de quienes han violado Su Alianza.

¡Oh vosotros, amados del Señor! Estad unidos, permaneced aunados y aferraos tenazmente al Firme Asidero de la Alianza. Dedicad vuestras energías a exaltar la Palabra de Dios para que la luz de la Verdad envuelva a la creación entera y se disipe por completo la oscuridad del odio y del error.

Si el mal infligido por el Centro de la Sedición estuviera dirigido únicamente a este siervo, y su odio estuviera confinado a este agraviado prisionero, juro, por Aquel además de Quien no hay otro Dios, que no habría pronunciado una sola palabra sobre su repertorio de dudas y sus calumnias. Pero ¿qué otra opción hay?; pues ha falsificado las palabras de Dios, ha buscado la ruina de la religión de Dios y ha violado la Alianza de Dios. Si yo no hubiera intentado despertar a los amigos disipando las dudas con unas cuantas palabras, la Fe de Dios habría sido extinguida por completo. ¡Juro por Aquel además de Quien no hay otro Dios! No me queda otra opción que escribir estas breves palabras; de lo contrario, este siervo nunca se habría permitido pronunciar una sola palabra de menosprecio, ni siquiera contra los más feroces de sus oponentes.

A pesar de todo lo que ha pasado, todavía oro por él fervientemente y ruego a Dios que, por ventura, abandone esos juegos de niños, se aparte de la iniquidad y la rebelión, y se arrepienta y se cobije al amparo de la Alianza. ¡Juro por Aquel además de Quien no hay otro Dios! Entonces le mostraría el mayor amor y bondad, no pronunciaría una sola palabra sobre tiempos pasados ni le impondría obligación alguna, salvo que rectifique lo que ha falsificado en el Texto Sagrado.

Ciertamente, el fundamento mismo de la Ley de Dios es que Sus amados se asocien con todos los pueblos y linajes de la Tierra con suma amabilidad, camaradería y unidad, y con veracidad, sinceridad y fidelidad. En ningún caso deberían comportarse con nadie de manera contraria a este principio inviolable, excepto con quien es la encarnación de la enemistad y está decidido a destruir la Ley de Dios. Para semejantes almas, no hay remedio alguno. No se les debe ofrecer ningún espacio para que desfilen y avancen. Pues, de lo contrario, malograrían el glorioso martirio del Báb, la sangre pura derramada por todos los mártires, y las tribulaciones, aflicciones y encarcelamientos padecidos por la Luminosa Belleza durante cerca de cincuenta años. Socavarían por completo el grandioso fundamento de la Causa de Dios.

Por lo tanto, hay que rehuir la compañía de esas personas y nadie debe asociarse con ellas, a menos que se arrepientan ante Dios. Mi Señor es, en verdad, el Compasivo, el Perdonador. No obstante, ese arrepentimiento debe ser sincero, y no solamente de palabra. El arrepentimiento del Centro de la Sedición consistiría en rectificar todo lo que ha interpolado en el Texto, confesar lo que ha hecho e implorar la clemencia y el perdón de Dios. Pues, un día, vino a ver a ‘Abdu’l-Bahá, por intercesión de ‘Alí-Akbar. Cerró la puerta, confesó sus transgresiones y pidió perdón por sus infracciones. Este siervo, ciertamente, lo perdonó; pero, al cabo de unos días, resultó claro y evidente que se había tratado de otra de sus estratagemas. Su verdadera intención había sido encontrarse con algunas personas en privado y sembrar las semillas de la duda en sus corazones, pues los amigos habían estado eludiendo su compañía. La cuestión es que se debe distinguir el verdadero arrepentimiento del falso. Solo entonces puede aceptarse. Saludos y alabanzas sean con vosotros.