Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá
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Él es Dios.
Tú eres Aquel, oh mi Dios, Cuyos nombres más hermosos y Cuyas semejanzas más sublimes están muy por encima de la comprensión de quienes se glorían de su conocimiento de las realidades de las cosas, pues las arañas de las vanas fantasías jamás pueden tejer las frágiles redes de su comprensión en las elevadísimas cúspides a las que incluso las aves del pensamiento humano son incapaces de ascender. ¿Cómo pueden, entonces, aquellos que están dotados de percepción discernir los misterios de Tu Realidad, que está oculta al mundo del ser? ¡Oh Señor! Ciertamente, la realidad más íntima de todas las cosas creadas jamás puede aspirar a desentrañar los secretos de tan siquiera el mundo de la existencia. ¿Cómo puede, entonces, oh mi Dios, comprender el Secreto oculto, el Misterio bien guardado, que es inescrutable incluso para la más luminosa de las realidades del reino del ser dentro del mundo invisible?
¡Oh Dios, mi Dios! Las alas del pensamiento humano jamás pueden aspirar a ascender al Reino de los Misterios, y las mentes de los virtuosos quedan profundamente desconcertadas cuando intentan obtener las gemas que yacen envueltas en los velos de la ocultación.
¡Oh Señor! La realidad más profunda del entendimiento en este reino contingente es, en su esencia, totalmente incapaz de captar siquiera uno de los misterios del Todomisericordioso, puesto que todo entendimiento abarca esa realidad del reino de la existencia que es comprensible. ¿Cómo podría, entonces, aquello que es contingente comprender el Antiguo Misterio, a menos que el mundo contingente abarcara al Antiguo? ¿Y cómo sería eso posible, dado que lo que abarca es mayor que lo abarcado, y el conocedor comprende por completo aquello que es el objeto del conocimiento? Siendo este el caso, ¿cómo puede haber un sendero que conduzca a Ti? ¿Cómo puede haber un camino al Dominio de Tu santidad? No somos otra cosa que mera incapacidad y pobreza frente a los misterios de la creación, y mucho menos frente a la Realidad sublime, que es inaccesible al reino de las ociosas fantasías y concepciones.
No obstante, mediante Tu gracia inestimable y Tu refulgente misericordia, y en virtud de Tu merced que ha sobrepasado la creación entera, Tú has creado una Realidad luminosa, un Ser celestial, una Esencia divina, a Quien has ordenado que sea un espejo inmaculado y deslumbrante que hable del mundo invisible, que obtenga gracia de ese dominio, y que brille resplandeciente y derrame copiosamente las efusiones de esos favores sobre toda la creación. Y esto lo has hecho con el fin de liberar a Tus siervos sinceros del culto a las ociosas fantasías, que están grabadas incluso en los corazones de los conocedores místicos. Pues, en verdad, oh mi Señor, todos Tus siervos, excepto aquellos que Tú has escogido como los Tuyos propios, al comulgar contigo e inclinarse ante Ti en adoración, conciben una realidad ficticia, comprensible para sus mentes y pensamientos. Y así la adoran, sumergidos en los mares de ociosas fantasías y vanas imaginaciones. Pues, en verdad, Tu Ser invisible e inaccesible jamás puede conocerse; Tu Esencia pura jamás puede describirse. «El camino está bloqueado, y toda búsqueda, denegada».
A cualquier altura que se eleve la mente más brillante, no puede captar más que una mera muestra del misterio de la creación, una muestra que Tú has depositado dentro de la realidad de todas las cosas. De hecho, esta es la cúspide más elevada de comprensión a la que pueden aspirar a ascender aquellos que habitan el mundo visible, e incluso los múltiples aspectos de esa muestra trascienden con mucho toda comprensión en el dominio del ascenso.
Así pues, toda alabanza sea para Ti por habernos guiado hacia el Centro Focal de la gloria, la Manifestación de la belleza, la Fuente de toda luz, el Punto de Amanecer de las señales y el Depositario de Tu Revelación entre los virtuosos. Toda alabanza sea para Ti por habernos librado de ociosas fantasías y vanas imaginaciones y por habernos redimido de la adoración de ídolos concebidos por mentes humanas. Gracias Te sean dadas por haber abierto las puertas del entendimiento a quienes están bien seguros, y por haber hecho descender desde el cielo de Tus dádivas esa agua pura que hace que los valles del corazón rebosen con las efusiones de la gracia de Dios y los torrentes que borbotan del Centro Focal de los misterios.
¡Oh Dios, mi Dios! Verdaderamente, Tú has revelado el sendero, has establecido la prueba y has guiado a todos a Tu glorioso reino. En verdad, se han difundido por doquier Tus señales y misterios, se ha hecho temblar el mundo de las realidades y se han hecho estremecer sus bases, el sol y las estrellas han sido oscurecidos, y los planetas han sido dispersados y han caído del cielo. Pues se ha manifestado Tu testimonio y ha aparecido el Sol del conocimiento. Ha quedado al descubierto cada misterio oculto que hay en el dominio de la creación, y ahora, en este Día de Revelación, Tu Belleza irradia su esplendor sobre toda la tierra con una potencia que todo lo subyuga, y brilla con su potencia omnímoda sobre soberanos y súbditos por igual. Todo oído atento ha escuchado Tu llamado y todas las almas santas han sido vivificadas con Tus dulces fragancias. La influencia de Tu Palabra ha abarcado, ciertamente, a los virtuosos y a los devotos, y todas las lenguas han dado testimonio de la majestad de Tu Revelación en esta edad luminosa.
Y, con todo, oh mi Señor, la compañía de los negadores está velada de esta Luz manifiesta, y los que están distanciados de Ti se han alejado de Tu luminoso semblante. En verdad, son aquellos que no han creído en Tu exaltadísima Belleza, la Manifestación de Tu propio Ser, la Encarnación de Tu gracia incalculable e imperecedera. Cuán numerosos los versículos que se han enviado, las palabras que se han perfeccionado y las Escrituras que se han consignado; y, aun así, los negligentes han permanecido escépticos respecto a esta poderosa soberanía, y los necios están insatisfechos con este antiguo poder. Estas muestras claras y manifiestas no les fueron de provecho, ni les sirvieron ninguna de estas Escrituras y pasajes de palabras que todo lo contienen.
En consecuencia, Tú manifestaste Tu poder que subyuga todas las cosas creadas, tras lo cual, la Aurora de Tu luz refulgente resistió el ataque de todas las gentes y naciones de la Tierra dentro de esta Gran Prisión, y elevó Su Palabra por encima del peso de cadenas y grilletes en esta fortaleza inaccesible. Las señales de Su dominio han sido difundidas por todo el mundo y la fama de Tu Causa ha sido pregonada por doquier y ha llegado a las regiones más remotas de la Tierra. Y esto es, en verdad, una prueba brillante, un testimonio concluyente para aquellos que están dotados de vista, así como de percepción.
¡Oh Dios, mi Dios! Yo Te suplico por Tus múltiples bondades, mediante las cuales Tú has escogido a los sinceros de entre Tus criaturas y los has favorecido por encima de todos los que habitan en la tierra y en el cielo, que apartes los velos de los ojos de las gentes, que otorgues Tu gracia a los virtuosos, que conduzcas a los negligentes al manantial de la guía y hagas que caminen por este recto Sendero. Tú eres, en verdad, el Más Generoso, el Todopoderoso; y Tú eres, en verdad, el Misericordioso, el Compasivo.
¡Oh tú que eres firme en la Alianza! En todas las Escrituras y Tablas sagradas reveladas por el Punto Primordial ―que mi vida sea sacrificada por Él―, la prueba suprema es la revelación de versículos divinos. En todos los capítulos del Bayán, el Báb ha anticipado el advenimiento de Aquel a Quien Dios manifestará. No ha fijado ninguna condición para la aparición de ese Más Grande Luminar, sino que ha concluido cada tema alentando y exhortando a todos a que reconozcan a la Belleza del Todomisericordioso. Lee con atención el Bayán: cada uno de sus capítulos concluye advirtiendo a las almas que no permanezcan veladas en el Día de Su Revelación, ni que ―Dios no lo quiera― Lo denuncien y rechacen sobre la base del Bayán mismo. Por ejemplo, Él dice: «Cuidado, cuidado, no sea que el Váḥid del Bayán o aquello que ha sido enviado en ese Libro te oculte de Él, como por un velo, puesto que, a Su vista, no es más que una creación». Por «el Váḥid del Bayán» se quiere decir Su bendito Ser, junto con las dieciocho Letras del Viviente. En cuanto a «aquello que ha sido enviado en el Bayán», considera con qué términos más explícitos y enfáticos ha prevenido de quedar velado por el Váḥid del Bayán o por aquello que ha sido revelado en ese Libro.
Es obvio que el Punto Primordial ―que mi vida sea ofrecida en aras de Sus Restos sagrados― era muy consciente del Día de la Revelación y de la identidad de la Belleza Prometida, ese Misterio oculto y Secreto bien guardado. Esa advertencia explícita era para poner énfasis, con el fin de prevenir que algún alma alegara que el rechazo de esta Más Grande Revelación por parte de alguien fuera motivo para dudar y desconfiar.
Y, sin embargo, mira a qué imaginaciones más vanas se está aferrando el pueblo del Bayán. Claman: «¿Dónde está la escuela primaria de Aquel a Quien Dios manifestará? ¿Dónde están los reyes del Bayán? ¿Dónde están sus lugares de adoración y sus Testigos?». Sin embargo, por la misma razón, los seguidores del Corán podrían también vocear y exclamar: «Dónde está la Gran Catástrofe? ¿Dónde está la Más Grande Resurrección? ¿Dónde están el oscurecimiento del Sol, la partición de la Luna, la dispersión de las estrellas, la sacudida de la Tierra y la hendidura de los cielos? ¿Dónde están el allanamiento de las montañas, la reunión de las bestias y la ebullición de los mares? ¿Dónde están la Resurrección y el Juicio, el Puente y la Balanza? ¿Dónde están los ángeles castigadores, y dónde está el día que cuenta como cincuenta mil años a los ojos de Dios? ¿Dónde están el Cielo y el Infierno? ¿Dónde están el fuego encendido, el paraíso cercano, el río de vida, los arroyos celestiales, la fuente de la merced y las aguas cristalinas? ¿Dónde están los ángeles castigadores y los guardianes del Infierno? ¿Y dónde, y dónde, y dónde?».
El Exaltado ―que mi vida sea sacrificada por Él— ha dicho que en el día de Su Revelación todos estos hechos ocurrieron más rápido que un abrir y cerrar de ojos, y que «cincuenta mil años» transcurrieron en una sola hora. Si todos estos acontecimientos trascendentales tuvieron lugar en un solo momento, ¿no podría la escuela de Aquel a Quien Dios manifestará alcanzar su culminación en cincuenta años? ¡Reflexiona hasta qué punto siguen cautivos de ociosas fantasías!
En realidad, las palabras «o aquello que ha sido revelado en el Bayán» tienen por objeto advertir al pueblo del Bayán que no diga: «¿Dónde están los reyes del Bayán, y dónde está la escuela de Aquel a Quien Dios manifestará?». ¡Por Dios! Estas gentes condicionan esa Más Grande Revelación al hecho de que fuera admitido, como un niño, en una escuela primaria, y consideran eso como prueba de la validez de Su Causa. «¿Qué le pasa a esta gente que apenas comprende lo que se les dice?».
¡Dios bendito! Después del martirio de Báb —que mi alma sea ofrecida en aras del polvo ennoblecido por Sus pasos— ¿de qué modo se levantó ese individuo y qué acciones emprendió? ¿Qué muestras de elocuencia dio y qué maravillas pronunció? Todos los amados del Señor son testigos de que, tras el martirio del Báb, esa persona desapareció y pasó a la clandestinidad. Huyó a la región de Núr y desde allí se escabulló, bajo la burda vestimenta de un derviche, a las regiones de Mázindarán y Gílán, hasta que llegó finalmente a Kirmánsháh.
Cuando la Bendita Belleza estaba siendo desterrada de Irán, a pesar del poder del rey y el odio y la animosidad de todos sus habitantes, llegó a Kirmánsháh con la mayor dignidad. Esa persona no tuvo el valor de reunirse con Él en ese momento. Y cuando la Bendita Belleza llegó a Iraq, ese individuo entró en Bagdad, disfrazado y de manera secreta, y estableció su residencia en el barrio árabe y nunca se atrevió a encontrarse con nadie. Su único logro, su mayor hazaña, fue buscar a unas cuantas jóvenes de aquí y de allá y casarse con ellas…
Desde los primeros albores de la Causa hasta el día de Su ascensión, la Bendita Belleza, de manera abierta y visible, sin velo ni encubrimiento alguno, resistió a todos los pueblos, naciones y gobernantes del mundo y exaltó la Palabra de Dios. Las Tablas a los reyes fueron reveladas y se hizo manifiesto el misterio de la adoración. En lenguaje claro e inconfundible, no susceptible a interpretación alguna, dirigió Sus llamamientos severos y explícitos a la mayoría de los soberanos. Todas las cosas que fluyeron de Su Más Exaltada Pluma se cumplieron, una tras otra. Todo lo que pronosticó llegó a suceder; Sus predicciones se confirmaron y Sus advertencias resultaron ser ciertas.
«¿Son iguales las tinieblas y la luz?». ¡No, por tu Señor, Aquel que siempre perdona! Pero la gente «se entretiene con sus vanas objeciones». «Viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden». «En lugar de invocar a Dios, invocan a lo que ni les daña ni les beneficia. Ese es el profundo extravío. Invocan a aquel cuyo daño está más próximo que su beneficio. ¡Qué mal señor y qué mal vasallo!». La Gloria de las Glorias sea contigo.
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