Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es el Todoglorioso.

¡Oh vosotros que sois leales! ¡Oh vosotros que os mantenéis firmes! Cuando la luz de la Esencia Divina amaneció en el horizonte de la Singularidad, el esplendor de Su Unicidad brilló y las auroras de la existencia fueron iluminadas con gracia manifiesta. Tan radiante fue la luz de ese Sol de la Verdad y tan abundantes las efusiones de las nubes de Su generosidad, que la tierra de todos los seres, al igual que un campo fértil, llegó a producir los misterios de todo lo que ha sido y lo que será. Esos misterios yacen latentes y preservados en la realidad más íntima de la tierra de la existencia y se manifiestan de acuerdo con la capacidad del mundo, y producen jazmines y azucenas, pastos verdes y dulces hierbas.

Aquellos cuyos gélidos alientos y susurros son tan fríos como el pleno invierno se han dispersado ahora en todas las direcciones, llevando consigo panfletos de duda, con la esperanza de marchitar la tierra de los corazones con el frío mordaz de la violación de la Alianza, para que las semillas de la sabiduría divina que Dios ha depositado allí se deterioren y perezcan. ¡Pero, qué lejos, que lejísimos está esto de la verdad! Pues el fuego vivo de la Alianza ha encendido el mundo a tal punto que no hay escarcha ni hielo que puedan resistirlo por un instante. Esta es, ciertamente, la verdad.

Por lo tanto, oh amigos de Dios, ceñíos los lomos del esfuerzo y estad tan encendidos con el Fuego ardiente del Señor que iluminéis el Oriente y el Occidente, de modo que todo violador de la Alianza se dé a la fuga y toda alma vacilante preste atención. Tan grande merced está condicionada a la unidad, la armonía y la concordia entre los amados del Señor. Los amigos de esa región deben embriagarse a tal punto con el vino de la unidad que lleguen a ser como un solo mar. Aunque sus olas sean muchas, el mar es uno; la diversidad no es un obstáculo para la unidad.

Alabado sea Dios, por cuanto estáis todos iluminados por el mismo Sol y alumbrados por la misma Luz. Estáis embriagados por la misma copa y buscáis el sagrado éxtasis en la misma taberna. Todos y cada uno de vosotros estáis enamorados del semblante del mismo Amado y cautivados por el encanto de la misma Belleza. Bebéis del mismo manantial y gustáis la dulzura del mismo trago.

No obstante, os incumbe a cada uno mostrar suma consideración por las veneradas Manos que están al frente del servicio, pues ellas son los puntos de amanecer de las múltiples bendiciones, la cariñosa bondad y los favores de la Bendita Belleza.