Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es Dios.

¡Oh siervo de Bahá! Se han recibido tus detalladas cartas, una tras otra, y a pesar de la falta de un solo momento libre, han sido leídas con la mayor atención. Considera con cuántas miles de almas hay que mantener esta correspondencia, y lo difícil que es la tarea; no hay apenas tiempo. Por esa razón, esta es una respuesta breve, que con seguridad disculparás. Te escribo debido a mi amor por ti; de lo contrario, sería imposible escribir una sola palabra.

Hoy en día, la enseñanza de la Causa es la piedra angular del cimiento mismo. Aquel que se disponga a enseñar será ayudado bondadosamente por las huestes del Concurso celestial. Ninguna otra cosa conducirá a éxito alguno. Hoy es el día de poner los cimientos; no es momento de organizar, reparar o restaurar. Primero hay que sentar los cimientos, y solo después, organizar y arreglar.

Sentar los cimientos consiste únicamente en propagar la Fe de Dios, difundir las fragancias divinas y desprenderse de todo salvo Él. Piensa en cómo un constructor hábil obtiene primero los materiales necesarios para el edificio. Luego prepara el terreno, pone los cimientos y levanta los pilares. Después es cuando se dedica a organizarlo, ordenarlo y adornarlo. Si nos concentráramos en organizar y ordenar ahora, se demorarían la enseñanza de la Causa de Dios y la difusión de las fragancias divinas.

Por lo tanto, ocúpate solamente en la promoción de la Causa en los alrededores de Shíráz. Si las personas de una ciudad deciden, por iniciativa propia, celebrar una reunión de consulta —es decir, formar una Asamblea Espiritual de acuerdo con el proceso electoral—, no hay ningún inconveniente. Sin embargo, no debemos impulsar activamente este asunto de momento, pues algunos se alegrarían, otros se entristecerían, y aun otros se sentirían angustiados. Estas decisiones deben dejarse a la discreción de los creyentes de cada ciudad. ‘Abdu’l-Bahá y todos los que se unen a él y comparten su servicio ante el Sagrado Umbral deben centrar su pensamiento en difundir los dulces aromas de Dios. Si ‘Abdu’l-Bahá se hubiera ocupado con esas otras cuestiones, ¿cómo podría haber iluminado el Oriente y Occidente con la luz de la guía?

Contestaremos tu pregunta de manera sucinta. La Antigua Belleza —que mi vida sea ofrecida en aras de Sus amados— no Se encontró visiblemente con Su Santidad, el Exaltado —que mi vida sea sacrificada por Él—.

El Espíritu Fiel, Gabriel, el Espíritu Santo y el Poderoso son todas designaciones de la misma Realidad.

Los miembros electos de las Asambleas Espirituales deben ser puros y desprendidos. Cuandoquiera que se forme una Asamblea Espiritual en una ciudad, les corresponde a los maestros de la Causa consultar con ella y actuar de acuerdo con cualquier cosa que considere oportuna. El maestro no debe apoderarse de cosas mundanas, ya sean relativas a contribuciones o cosas similares. Está permitido que los creyentes de una localidad elijan a un maestro como miembro de la Asamblea Local…

Para concluir, oh Jináb-i-Shukúhí, deslígate de todo menos de Dios y extasíate con las fragancias de lo Divino. Renuncia al hogar y a la comodidad, y conviértete en un caminante que recorre los desiertos del amor a Dios, ocupado en la difusión de Sus dulces aromas. Si deseas asistencia divina, este es el camino; si anhelas confirmaciones, este es el sendero. ¡Por la Antigua Belleza! Todo lo demás resultará finalmente en pérdida manifiesta. Esta es, ciertamente, la verdad, y todo lo demás no es más que error.