Luz del mundo: selección de Tablas de ‘Abdu’l-Bahá

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Él es el Más Glorioso.

¡Oh rama distinguida del bendito y sagrado Árbol del Loto! Cuando la Antigua Belleza, el Más Grande Nombre —que mi vida sea ofrecida en aras de Sus amados— visitaba Haifa, elogiaba a menudo cierto lugar en el Monte Carmelo y comentaba lo placentero y agradable que era, y la espléndida vista que ofrecía. Dio instrucciones de que se comprara por cualquier medio posible. Estaba muy decidido a adquirir ese terreno.

Hace cuatro años, después de muchos esfuerzos, se compró esa parcela y, tras unos pequeños arreglos, se dejó lista. Entonces se enviaron instrucciones especiales a Rangún, se escribieron numerosas epístolas y se preparó y envió un diseño para que se construyera un sarcófago con el mármol de esa región. Con gran dificultad, se completó el tallado, hecho de una sola pieza de mármol, y se transportó el sarcófago hasta aquí por diversos medios. Seguramente has oído lo que sucedió a lo largo del camino, al entrar a algunas ciudades. En resumen, llegó hace poco, junto con un féretro elaborado con la mejor madera de la India.

Hace un año, enviamos a Áqá Mírzá Asadu’lláh desde aquí con una misión especial. Así fue como él y otros cuantos amigos transportaron sobre un palanquín, con suma reverencia, recogimiento, humildad y respeto, ese sagrado Templo y poderoso Trono, los santos restos del Báb —que mi vida sea sacrificada por ellos— desde Persia a la Tierra Santa.

Ahora estamos ocupados en erigir ese sagrado edificio en el Monte Carmelo. Dios mediante, también te llamaremos a ti para que te unas a nosotros en el transporte de las piedras y el mortero de este santificado y bendito Santuario, y participes de las efusiones ilimitadas de Su gracia y alcances este supremo honor. Estas son nuevas de alegría con las que no puede compararse la soberanía de la tierra y del cielo. En verdad, mi corazón está lleno de un regocijo y una alegría tan grandes que no se pueden describir. Pues aquel sagrado Templo había sufrido grandes indignidades a manos de los transgresores, pero ahora —alabado sea Dios—, mediante la ayuda y la gracia infalibles otorgadas por la Antigua Belleza, se han obtenido y dispuesto todos los medios de manera tan perfecta que causará la maravilla de todos. La gloria de Dios sea contigo y con los Afnán del Árbol sagrado en esa tierra.