Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh

LXXIX

Respecto de tu pregunta sobre los mundos de Dios. Has de saber que, en verdad, los mundos de Dios son incontables en su número e infinitos en su extensión. Nadie puede contarlos ni comprenderlos salvo Dios, el Omnisciente, el Sapientísimo. Considera tu estado cuando duermes. En verdad digo que este fenómeno es el más misterioso de los signos de Dios entre los hombres, si reflexionaran sobre él en sus corazones. Fíjate cómo aquello que has visto en tu sueño, después de cierto tiempo, se realiza plenamente. Si el mundo en que te encontrabas en tu sueño fuera idéntico al mundo en que vives, sería necesario que el acontecimiento que ocurre en aquel sueño sucediera en este mundo en el mismo instante de su acaecimiento. Si fuera así, tú mismo lo habrías presenciado. Sin embargo, como éste no es el caso, necesariamente se deduce que el mundo en que vives es diferente y distinto de aquel que has presenciado en tu sueño. Aquel mundo no tiene principio ni fin. Sería verdad si afirmaras que ese mismo mundo, como lo ha decretado Dios Todoglorioso y Omnipotente, está dentro de tu propio ser y está envuelto dentro de ti. Sería igualmente cierto sostener que tu espíritu, después de haber traspasado las limitaciones del sueño y de haberse desligado de toda atracción terrenal, por la acción de Dios ha sido impulsado a recorrer un reino que se halla oculto en la más íntima realidad de este mundo. Verdaderamente digo que la creación de Dios abarca otros mundos además de éste, y otras criaturas aparte de éstas. En cada uno de esos mundos Él ha ordenado cosas que nadie puede escudriñar, excepto Él mismo, Quien todo lo escudriña, el Omnisapiente. Medita sobre aquello que te hemos revelado, para que descubras el propósito de Dios, tu Señor y el Señor de todos los mundos. En estas palabras han sido atesorados los misterios de la Sabiduría Divina. Nos hemos abstenido de extendernos sobre este tema por el dolor que Nos ha rodeado a causa de las acciones de aquellos que han sido creados mediante Nuestras palabras. Ojalá fuerais de aquellos que escuchan Nuestra Voz.