Contestación a unas preguntas
34. Pedro y el papado
Pregunta: En el Evangelio de Mateo, Cristo le dice a Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa este versículo?
Respuesta: Estas palabras de Cristo afirman la respuesta que dio Pedro cuando Cristo preguntó: «¿Quién decís que soy Yo?», y Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Entonces Cristo le dijo: «Tú eres Pedro» —pues ‘Cefas’ significa ‘piedra’ en hebreo— «y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Pues otros, en respuesta a Cristo, habían dicho que Él era Elías, o Juan el Bautista, o Jeremías, o uno de los Profetas.
La intención de Cristo era afirmar las palabras de Pedro a través de la metáfora y la alusión. Y así, como el nombre de este significaba «piedra», dijo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Es decir, tu creencia en que Cristo es el Hijo del Dios vivo será el fundamento de la religión de Dios, y sobre esta creencia se establecerá el fundamento de la iglesia de Dios, que es la Ley de Dios.
Respecto a que la tumba de Pedro se encuentra en Roma, es algo dudoso y cuestionable; algunos afirman que está en Antioquía.
Por otra parte, evaluemos las acciones de algunos papas con respecto a la religión de Cristo. Cristo, hambriento e indigente, subsistía a base de las hierbas de los yermos y no consentía ver ningún corazón apesadumbrado. El Papa va en un carruaje dorado y pasa sus días en el mayor esplendor, ocupado en placeres y ocupaciones que superan la opulencia y autocomplacencia de todos los reyes de la tierra.
Cristo no hizo daño a nadie, pero algunos papas dieron muerte a muchas personas inocentes. Consulta los libros de historia. ¡Cuánta sangre han derramado los papas, simplemente para asegurar su autoridad temporal! ¡A cuántos miles de siervos de la humanidad —entre ellos, sabios que habían descubierto los misterios del universo— han torturado, encarcelado y dado muerte, todo ello por simples diferencias de opinión! ¡Con qué virulencia se han opuesto a la verdad!
Reflexiona sobre las exhortaciones de Cristo e investiga el proceder y la conducta de los papas: ¿ves alguna similitud entre las exhortaciones de Aquel y el gobierno de estos? No es de nuestro agrado hallar faltas, pero las páginas de la historia del Vaticano son realmente impresionantes. Lo que queremos decir es que las instrucciones de Cristo son una cosa, y el comportamiento del gobierno papal, otra muy diferente: no concuerdan en lo más mínimo. ¡Mira a cuántos protestantes se ha dado muerte por orden de los papas, cuántos agravios y crueldades se han tolerado, cuántas torturas y castigos se han infligido! ¿Acaso se pueden percibir las dulces fragancias de Cristo en estas acciones? ¡No, por la rectitud de Dios! Semejantes personas no obedecieron a Cristo; en tanto que Santa Bárbara, cuyo retrato tenemos ante nosotros, Le obedeció, caminó por Su sendero y actuó según Sus exhortaciones.
Entre los papas ha habido también algunas almas benditas que siguieron los pasos de Cristo, sobre todo durante los primeros siglos de la era cristiana, cuando eran escasos los medios terrenales, y severas las pruebas enviadas del cielo. Pero cuando se lograron los medios de la soberanía temporal y se alcanzaron honor y prosperidad mundanales, el gobierno papal se olvidó por completo de Cristo y se ocupó con el dominio y la grandeza terrenales, con las comodidades y los lujos materiales. Emitió sentencias de muerte, se opuso a la difusión del saber, persiguió a hombres de ciencia, obstruyó la luz del conocimiento y ordenó matar y saquear. En las prisiones de Roma perecieron miles de científicos eruditos y almas inocentes. Con semejantes maneras y acciones, ¿cómo puede aceptarse la vicaría de Cristo?
La Santa Sede se ha opuesto sistemáticamente a la expansión del conocimiento, a tal punto que en Europa se ha llegado a mantener que la religión es enemiga de la ciencia y que la ciencia es destructora de los fundamentos de la religión. Cuando, en realidad, la religión de Dios es lo que promueve la verdad, establece la ciencia y el saber, apoya el conocimiento, civiliza a la raza humana, descubre los secretos de la existencia e ilumina los horizontes del mundo. ¿Cómo, entonces, habría de oponerse al conocimiento? ¡Bendito sea Dios! Al contrario, a los ojos de Dios, el conocimiento es la mayor virtud humana y la perfección humana más noble. Oponerse al conocimiento es pura ignorancia, y quien detesta las artes y las ciencias no es un ser humano sino que es como un animal irracional. Pues el conocimiento es luz, vida, felicidad, perfección y belleza, y hace que el alma se acerque al umbral divino. Es el honor y la gloria del reino humano y el mayor de los dones de Dios. El conocimiento es idéntico a la guía, y la ignorancia es la esencia del error.
¡Dichosos quienes dedican sus días a la búsqueda del conocimiento, al descubrimiento de los secretos del universo y a la investigación meticulosa de la verdad! Y ¡ay de aquellos que se contentan con la ignorancia, que se deleitan en la imitación inconsciente, que han caído en el abismo de la ignorancia y el desconocimiento, y que de esta manera han desperdiciado su vida!
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