Contestación a unas preguntas
45. La Más Grande Infalibilidad
En el bendito versículo se dice: «Aquel que es el Punto de Amanecer de la Causa de Dios no tiene copartícipe en la Más Grande Infalibilidad. Es Él Quien, en el reino de la creación, constituye la Manifestación de “Él hace lo que desea”. Dios ha reservado esta distinción para Su propio Ser, y ha ordenado que nadie tenga parte en una estación tan sublime y trascendente».
Has de saber que la infalibilidad es de dos clases: infalibilidad en esencia e infalibilidad como atributo. Lo mismo es cierto con relación a todos los demás nombres y atributos: por ejemplo, el conocimiento de la esencia de una cosa y el conocimiento de sus atributos. La infalibilidad en esencia se limita a las Manifestaciones universales de Dios, pues la infalibilidad es un requisito esencial de su realidad, y el requisito esencial de una cosa es inseparable de la cosa en sí. Los rayos son un requisito esencial del Sol y son inseparables de este; el conocimiento es un requisito esencial de Dios y es inseparable de Él. El poder es un requisito esencial de Dios y es, asimismo, inseparable de Él. Si fuese posible separarlos de Él, no sería Dios. Si los rayos pudieran separarse del Sol, no sería el Sol. Por lo tanto, si alguien imaginara la Más Grande Infalibilidad separada de la Manifestación universal de Dios, no sería una Manifestación universal y carecería de perfección esencial.
Sin embargo, la infalibilidad, como atributo, no es un requisito esencial; más bien, es un rayo del don de la infalibilidad que, desde el Sol de la Verdad, se proyecta sobre algunos corazones y les concede una parte y porción de ella. Si bien estas almas no son infalibles en esencia, aun así, están bajo el cuidado, la protección y la guía inequívoca de Dios; es decir, Dios las guarda del error. Así, ha habido muchas almas santas que no eran en sí las Auroras de la Más Grande Infalibilidad, pero que, sin embargo, han estado protegidas y guardadas del error a la sombra del cuidado y la protección de Dios, pues eran los canales de gracia divina entre Dios y los seres humanos y, si Dios no los hubiese resguardado contra el error, habrían llevado a los fieles a caer igualmente en el error, lo cual habría socavado por completo los cimientos de la religión de Dios y habría sido impropio e indigno de Su exaltada Realidad.
En resumen, la infalibilidad esencial se limita a las Manifestaciones universales de Dios, y la infalibilidad como atributo es conferida a algunas almas santas. Por ejemplo, si la Casa Universal de Justicia se establece bajo las condiciones requeridas —es decir, es elegida por toda la comunidad— estará bajo la protección y la guía inequívoca de Dios. Si esa Casa de Justicia resuelve —ya sea unánimemente o por mayoría— sobre una materia no consignada explícitamente en el Libro, esa decisión y disposición estará protegida contra el error. Ahora bien, los miembros de la Casa de Justicia no son en esencia infalibles como personas, pero la institución de la Casa de Justicia se halla bajo la protección y la guía inequívoca de Dios: esto se llama infalibilidad conferida.
En breve, Bahá’u’lláh dice que «Aquel que es el Punto de Amanecer de la Causa de Dios» es la manifestación de «Él hace lo que desea», que esta posición está reservada para ese Ser santificado y que otros no participan de esta perfección esencial. Es decir, dado que se ha establecido la infalibilidad esencial de las Manifestaciones universales de Dios, todo cuanto proceda de ellas es idéntico a la verdad y conforme con la realidad. No se encuentran a la sombra de la religión anterior. Todo lo que digan es la palabra de Dios y todo lo que hagan es una acción recta; y a ningún creyente le es dado el derecho a objeción; antes bien, debe demostrar absoluta sumisión a este respecto, ya que la Manifestación de Dios actúa con sabiduría consumada y las mentes humanas pueden ser incapaces de concebir la sabiduría oculta de algunos asuntos. Por lo tanto, cualquier cosa que diga o haga la Manifestación de Dios es la esencia misma de la sabiduría y es conforme a la realidad.
Ahora bien, si algunas almas no logran comprender los misterios que están ocultos en determinado mandamiento o acción del Verdadero, no deberían poner objeciones, ya que la Manifestación universal de Dios «hace lo que desea». Cuántas veces ha ocurrido que una persona sabia, competente y sagaz ha seguido cierta línea de acción, y aquellos que eran incapaces de captar su sabiduría han puesto objeciones y cuestionado por qué ha dicho o hecho tal cosa. Estas objeciones están provocadas por la ignorancia, y la sabiduría de ese sabio está libre y por encima de error.
De igual manera, un médico competente «hace lo que desea» en el tratamiento del paciente, y este no tiene derecho a poner objeciones. Todo cuanto diga o haga el médico es bueno y válido, y todos deben considerarlo la personificación de «Él hace lo que desea y ordena lo que le place». Sin duda, el médico puede prescribir remedios que estén en desacuerdo con las creencias populares, pero ¿es permisible que los que no tienen conocimientos de ciencia y medicina pongan objeciones? ¡Por Dios que no! Al contrario, todos deben someterse y seguir cualquier cosa que prescriba el médico competente. Así, el médico competente «hace lo que desea» y los pacientes no participan de esta posición. Primero, debe comprobarse la competencia del médico y, una vez que se haya hecho esto, él «hace lo que desea».
Asimismo, un general sin rival en el arte de la guerra «hace lo que desea» en todo lo que diga u ordene; y lo mismo es cierto en el caso del capitán de un barco que domina el arte de la navegación, y en el del Verdadero Educador que posee todas las perfecciones humanas: hacen lo que desean en cuanto dicen y ordenan.
En resumen, el sentido de «Él hace lo que desea» es que, si la Manifestación de Dios emite una orden, pone en vigor una ley o ejecuta una acción cuya sabiduría no pueden entender Sus seguidores, ni por un momento debieran estos pensar en cuestionar Sus palabras o acciones. Todas las almas se encuentran bajo la sombra de la Manifestación universal, deben someterse a la autoridad de la religión de Dios y no han de desviarse ni un ápice de ella. Antes bien, deben ajustar cada uno de sus hechos y acciones a la religión de Dios; y, si se desvían de ella, serán censurados y considerados responsables ante Dios. Es seguro que no participan en absoluto del rango de «Él hace lo que desea», ya que este se limita a la Manifestación universal de Dios.
Así, Cristo —que mi vida sea sacrificada por Él— era la encarnación de las palabras «Él hace lo que desea», pero Sus discípulos no participaban de ese rango, ya que se encontraban bajo Su sombra y no tenían licencia para desviarse de Su voluntad y Su mandato.
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