Contestación a unas preguntas
64. La posición del ser humano y su progreso después de la muerte
Cuando examinamos todas las cosas con discernimiento, vemos que, en general, se reducen a tres categorías: mineral, vegetal y animal. Así, hay tres clases de seres y cada clase tiene especies asociadas. La especie humana es la más distinguida por cuanto combina las perfecciones de todas esas tres clases: es decir, posee un cuerpo material, la facultad de crecimiento y la facultad de los sentidos. Sin embargo, por encima de las perfecciones del mineral, vegetal y animal, también posee una perfección especial de la que están desprovistas las demás cosas creadas: a saber, las perfecciones de la mente. Por tanto, el ser humano es lo más noble de todo lo existente.
El ser humano se encuentra en el último grado de la materialidad y al inicio de la espiritualidad; es decir, se encuentra al final de la imperfección y al comienzo de la perfección. Está en el grado más distante de la oscuridad y en el comienzo de la luz. Por ello se dice que la posición del ser humano es el final de la noche y el comienzo del día, lo cual significa que abarca todos los grados de la imperfección y que posee, en potencia, todos los grados de la perfección. Tiene un lado animal y un lado angelical; y el papel del educador es formar a las almas humanas para que el lado angelical domine el lado animal. Por tanto, si las fuerzas divinas, que son idénticas a la perfección, superan en el hombre a las fuerzas satánicas, que son absoluta imperfección, llega a ser la más noble de las criaturas; pero si ocurre lo contrario, llega a ser el más vil de todos los seres. Por eso es el final de la imperfección y el comienzo de la perfección.
En ninguna otra especie del mundo de la existencia se puede ver tal diferencia, distinción, contraste y contradicción como en la especie humana. Por ejemplo, el ser humano es quien ha sido inundado con la luz radiante de la Divinidad, como ocurrió con Cristo: ¡mira qué glorioso y noble es el ser humano! A la vez, el hombre adora piedras, árboles y pedazos de arcilla: ¡mira cuán miserable es, que el objeto de su adoración sean los grados más inferiores de la existencia, es decir, piedras y terrones inertes, montañas, bosques y árboles! ¿Qué mayor miseria puede haber que la de una persona que adore la más baja de todas las cosas?
Por otra parte, el conocimiento es un atributo humano, pero también lo es la ignorancia; la veracidad es un atributo humano, pero también lo es la mentira, y lo mismo ocurre con la honradez y la traición, la justicia y la tiranía, y otros atributos. En resumen, toda perfección y virtud, al igual que todo vicio, es un atributo humano. Observa, asimismo, las diferencias que existen entre los miembros de la raza humana. Cristo tenía forma humana, y también la tenía Caifás; Moisés era un hombre, y también lo era el Faraón; Abel era un hombre, y también lo era Caín; Bahá’u’lláh era un hombre, y también lo era Yaḥyá. Por eso se dice que el ser humano es el signo más grande de Dios; es decir, es el Libro de la Creación, pues en él se encuentran todos los misterios del universo. Si se cobija a la sombra del verdadero Educador y recibe la educación correcta, llega a ser la joya de las joyas, la luz de las luces y el espíritu de los espíritus; se convierte en el punto focal de las bendiciones divinas, el manantial de los atributos espirituales, la aurora de las luces celestiales y el receptor de las inspiraciones divinas. No obstante, si se le priva de esta educación, llega a ser la personificación de los atributos satánicos, la síntesis de los vicios animales y la fuente de todo cuanto es opresivo y oscuro.
Esta es la razón por la que aparecen los Profetas: para educar a la humanidad, a fin de que este pedazo de carbón llegue a ser un diamante, y este árbol estéril sea injertado y dé frutos de la mayor dulzura y delicadeza. Y, una vez alcanzadas las posiciones más nobles del mundo de la humanidad, se puede seguir progresando únicamente en grados de perfección, no de posición, ya que los grados son finitos, pero las perfecciones divinas son infinitas.
Tanto antes como después de desechar esta envoltura elemental, el alma humana progresa en perfecciones, pero no en cuanto a su posición. El progreso de todas las cosas creadas culmina en el ser humano perfecto, y no existe un ser más grande que él. Habiendo alcanzado la posición humana, el hombre puede progresar únicamente en perfecciones, pero no en cuanto a posición, pues no hay una posición más elevada a la que pueda acceder que la del ser humano perfecto. Puede progresar solamente dentro de la posición humana, puesto que las perfecciones humanas son infinitas. Así, por muy erudita que sea una persona, siempre puede imaginarse otra más erudita aún.
Y, puesto que las perfecciones del ser humano son infinitas, también puede avanzar en estas perfecciones después de su partida de este mundo.
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