Contestación a unas preguntas
72. Curación sin medicina
Pregunta: Hay quienes sanan a los enfermos por medios espirituales, es decir, sin medicina. ¿Cómo es esto?
Respuesta: Anteriormente se dio una explicación detallada sobre este tema. Si no la has comprendido del todo, la repetiremos para que puedas hacerlo. Has de saber que hay cuatro clases de tratamiento y curación sin medicina. Dos de ellas se deben a causas materiales y dos a causas espirituales.
En cuanto a las dos de tipo material, una se debe al hecho de que, en realidad, tanto la salud como la enfermedad son contagiosas. El contagio de las enfermedades es rápido e implacable, en tanto que el contagio de la salud es sobremanera lento y frágil. Si se ponen en contacto dos cuerpos, sin duda se trasmitirán partículas microbianas de uno a otro. Así como la enfermedad se trasmite de manera rápida e implacable de un cuerpo a otro, la buena salud de una persona sana puede también aliviar una afección leve en un enfermo. Lo que queremos decir es que la enfermedad se contagia de manera rápida e implacable, mientras que la salud lo hace lentamente y con efecto limitado, y este escaso resultado solo es perceptible en dolencias de poca importancia. En estos casos, la fortaleza del cuerpo sano vence la ligera debilidad del cuerpo enfermo y le restituye la salud. Este es un tipo de curación.
Otra clase de curación es por la fuerza del magnetismo corporal, donde la fuerza magnética de un cuerpo afecta a otro cuerpo y hace que sane. Esta fuerza también tiene solo un efecto leve. Así, alguien puede colocar la mano sobre la cabeza o el estómago de un paciente, y es posible que este se beneficie de ello. ¿Por qué? Porque el efecto del magnetismo y la impresión dejada en la psique del paciente pueden disipar la enfermedad. Pero este efecto es también muy leve y débil.
Las otras dos clases de curación son espirituales, es decir, el medio de curación es una fuerza espiritual. Una se produce cuando una persona sana concentra toda su atención en un enfermo, y este, a su vez, tiene plena esperanza de ser sanado mediante la fuerza espiritual de aquella y está totalmente convencido al respecto, a tal punto que se crea una fuerte conexión entre sus corazones. Si la persona sana hace entonces todo el esfuerzo posible para sanar al enfermo, y si este tiene absoluta fe en que recobrará la salud, de esta influencia mutua entre las almas puede producirse en sus nervios una emoción que produzca la curación. Así, por ejemplo, cuando un enfermo recibe repentinamente la buena noticia de que se ha cumplido su más ardiente deseo y anhelo, puede originarse una excitación nerviosa que disipe la dolencia por completo. Del mismo modo, cuando súbitamente ocurre un suceso aterrador, puede producirse una excitación en los nervios de una persona sana que la haga caer enferma inmediatamente. La causa de la enfermedad no es algo material, pues esa persona no ha ingerido ni ha entrado en contacto con nada: la excitación nerviosa por sí sola ha producido la enfermedad. Asimismo, el repentino cumplimiento de un deseo sumamente acariciado puede impartir una alegría tal que excite los nervios y restituya la salud.
En resumen, cuando hay una conexión total y perfecta entre el médico espiritual y el paciente, es decir, una conexión en la que el médico concentra toda su atención en el paciente y este, a su vez, concentra toda su atención en el médico espiritual y confía en la curación, se produce una excitación nerviosa con la que se recupera la salud. Pero esto es efectivo solo hasta cierto punto y no en todos los casos. Por ejemplo, si alguien contrae una enfermedad grave o sufre una lesión física, estos medios no eliminarán la enfermedad ni calmarán ni curarán la lesión; es decir, estos medios no tienen influencia sobre enfermedades graves, a menos que sean ayudados por la constitución del paciente, ya que una constitución fuerte a menudo rechaza la enfermedad. Esta es la tercera clase de curación.
Pero la cuarta clase ocurre cuando la curación se produce mediante el poder del Espíritu Santo. Esta no depende ni del contacto físico, ni de la necesidad de ver al enfermo ni de estar en su presencia: no está sujeta a ninguna condición. Ya sea benigna o severa la enfermedad, haya o no contacto entre los cuerpos, se establezca o no una conexión entre el paciente y el médico, esté presente o no el paciente, esta curación se produce mediante el poder del Espíritu Santo.
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