Días de conmemoración

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¡En el nombre de Dios, el Todopoderoso, el Libre!

Alabado seas, oh mi Dios, por cuanto has reunido a Tus amados para celebrar Tu Más Grande Festividad, en la que derramaste el esplendor de Tus excelentísimos nombres sobre todos cuantos están en el cielo y en la tierra, Festividad en la que el Sol de la verdad ha brillado con resplandor sobre el horizonte de Tu voluntad y el Antiguo Rey ha ascendido al trono de Tu misericordia.

Este es el noveno día de Riḍván, oh mi Dios, y en este día uno de Tus amados, como muestra de su amor a Tu Belleza y por el fervor de su devoción a Ti, ha invitado a Quien es la Manifestación de Tu Ser y la Aurora de Tu gloria a abandonar Su cámara en la prisión para dirigirse a otra. Allí ha desplegado ante Ti aquellos regalos Tuyos que ha podido ofrecer, pese a que la gente había saqueado todas sus posesiones y las posesiones de otros de Tus amados. Oh Señor, ya que los has reunido en torno a Ti y les has ayudado a alcanzar esta gracia suprema, dótalos de constancia en Tu Causa y une sus corazones de tal manera que no surjan diferencias entre ellos. Haz posible, pues, que guíen a todas las gentes hacia este Luminar, cuyo semejante jamás ha contemplado el ojo de la creación y que luce incomparable en los dominios de lo visible y lo invisible.

Tú bien sabes, oh Señor, que el deseo de cuantos circulan a Tu alrededor ha sido recibirte durante los días de Riḍván. A algunos, de acuerdo con sus medios, se les ha permitido alcanzar este honor, en tanto que otros, debido a su penuria, se han visto privados de ello. Estos se han contentado con repartir en vasijas blancas ese vino carmesí que se prepara con hojas de la China. Te suplico, oh mi Dios, por Tu Palabra, que has convertido en el imán de los corazones y las almas de los hombres, Palabra con la que has atraído a Tus siervos hacia el cielo de Tu amoroso afecto y el horizonte de Tu gracia y bondad, que aceptes de aquellos lo que han logrado en Tu sendero y destines para estos la recompensa por todo cuanto se hayan propuesto lograr. Tú eres, en verdad, el Señor de munificencia y generosidad, de gracia y de gloria. Oh Señor, ayuda a algunas almas de entre ellos a conocerse a sí mismas y a refrenar su lengua, para que no pronuncien aquello que rebaje su posición y malogre lo que han llevado a cabo. Verdaderamente, Tú tienes poder sobre todas las cosas.

¡Oh Señor! Tú oyes los lamentos de los sinceros de entre Tus amados a quienes se les ha impedido reunirse contigo estos días, días que has ordenado que sean una festividad para Tu pueblo y un tesoro y honor para los habitantes de Tu dominio. […] Acepta, oh Señor, lo que se han propuesto hacer por amor a Ti y destina para cada uno de ellos la recompensa de quienes han alcanzado todos los bienes que tienes guardados. Tú, ciertamente, tienes poder sobre todas las cosas.

Mira, además, oh mi Dios, con los ojos de Tu misericordia a aquellos de Tus amados que están dispersos por la tierra de Há. Han esperado allí desde que se les impidió buscar abrigo a la sombra del Árbol de Tu unicidad. ¡Oh Señor! No les niegues las cosas que Tú posees. Verdaderamente, Tú eres el Soberano de los cielos y de la tierra. No hay Dios sino Tú, el Todopoderoso, el Sapientísimo. ¡Alabado seas, oh Señor de los mundos y Deseo de todos los que Te han reconocido!

¡La gloria de Tu poderío me lo atestigua, oh mi Dios! Incumbe a todos ofrendar sus vidas en aras de Tu oído que oye los llantos de Tus fervorosos amantes en todas las regiones, y los suspiros de Tus amigos que padecen a manos de Tus enemigos. Verdaderamente, la voz de sus lamentos se ha elevado a causa de su amor por Ti, y sus corazones están consumidos por el fuego de la separación en Tus días. ¡Que mi alma sirva de redención por Tu sufrimiento, oh Semblante de gloria, y que mi espíritu sea sacrificado por Tu indulgencia, oh Tú en Cuya mano está el dominio de la tierra y del cielo!

¡Juro por Tu Gloria, oh Bienamado de quienes Te anhelan y Deseo de quienes ansían Tu amor! Si alguna alma perceptiva hiciera presión sobre esta santa Tabla, vería brotar de ella la sangre de mi corazón, sangre que se ha derretido por amor a Ti y a quienes se les ha impedido contemplar Tu rostro, tras haber dirigido sus pasos hacia Ti y haber llegado a habitar en esta ciudad o sus alrededores. ¡Que mi ser entero sea ofrendado en sacrificio por Tu paciencia, oh Señor de fuerza y de poder! ¡Que mi alma sirva de rescate por Tu indulgencia, oh Tú, Cuya ira hace temblar de miedo a los corazones de los moradores del reino de los nombres!

¡Alabado seas, oh Consuelo de los corazones del pueblo de Bahá! Doy fe, oh mi Dios, de que nadie que no seas Tú puede desentrañar Tu inescrutable sabiduría ni comprender las verdades y los misterios atesorados en todo lo que ha procedido de las múltiples señales de Tu poder y de las manifestaciones de Tu voluntad. Te ruego además, oh mi Dios, que permitas bondadosamente a mis amados mostrar su hospitalidad hacia Ti mediante su carácter y su conducta, para que la mesa celestial de Tu amorosa bondad se extienda así ante todos Tus siervos y todos los pueblos del mundo se reúnan en torno a ella. Ciertamente, este es el verdadero significado de ofrecer hospitalidad al prójimo. Tu fuerza y Tu poder son, en verdad, acordes con todas las cosas. ¡Alabado seas, Señor de los mundos, oh Tú Cuyo poder abarca los cielos y la tierra!