Días de conmemoración

23 - Súriy-i-Qalam (Sura de la Pluma)

Esta es la Sura de la Pluma, que se ha hecho descender desde el cielo de la eternidad para quienes han fijado la mirada en Su Trono.

¡En el nombre de Dios, el Más Maravilloso, el Más Glorioso!

¡Oh Pluma del Altísimo! Testifica, en tu propio ser, que ciertamente Él es Dios y que no hay otro Dios sino Yo, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo. Testifica, pues, por tu propia esencia, que en verdad Yo soy Dios y que no hay otro Dios sino Él, que todos han sido creados por Mi mandato y se atienen a Mi decreto. Testifica, además, por lo más íntimo de tu ser, que esta es la Belleza de Dios que ha despuntado sobre el horizonte del Invisible, Belleza que siempre ha sido y continuará siendo por siempre desconocida para todos salvo para Él mismo. Él, verdaderamente, es el Todoglorioso, el Bienamado. Mediante uno solo de Sus fulgores han resplandecido los Soles de la majestad y la grandeza, han sido generados los corazones de los habitantes del dominio sempiterno y las realidades santas que se hallaban ocultas tras el velo místico, y se han desvelado los secretos de todo lo que ha existido y todo lo que existirá.

¡Oh Pluma! No dejes que nada te alarme, pues te hemos otorgado la inviolable protección de Nuestra suprema potestad y fuerza, y te hemos insuflado un espíritu del que un solo hálito, si fuese difundido sobre los cuerpos de toda la existencia, haría que se levantaran de sus lechos, desataran sus lenguas, hablaran y dieran testimonio en lo más íntimo de su ser de que no hay Dios sino Yo, el Omnipotente, el Glorioso, el Exaltado, el Poderoso, el Incomparable, el Conquistador, Aquel que subsiste por Sí mismo.

¡Oh Pluma de Mando! Mantente firme y revela entonces a todos los seres una porción de lo que Dios te confirió antes de la creación de las palabras y las letras, y de la formación de todas las cosas, y antes del establecimiento del reino de los nombres y atributos, y la revelación de Su Tabla poderosa y resguardada. Di: Esta es una Fuerza no superada desde toda la eternidad hasta toda la eternidad, si tan solo lo supierais, oh concurso del Espíritu; y esta es una Belleza sin igual desde el principio que no tiene principio, si tan solo lo percibierais. Di: Ten la seguridad de que aquel que conciba la menor intención de enfrentarse a esta Pluma, compararse con ella, obtener íntimo acceso a ella o comprender plenamente lo que de ella emana, es alguien en cuyo pecho susurra el Maligno. Así se ha emitido el Decreto Divino, si tan solo lo entendierais. Di: ¡Por Dios! Nadie ha podido jamás ni podrá jamás competir conmigo entre toda la creación. Así lo ha inscrito la Pluma de la revelación divina, si tan solo pudierais comprenderlo. Di: Una sola letra de Mi expresión ha generado, en verdad, todo el universo, las realidades de todas las cosas y mundos que nadie puede desentrañar salvo Dios, el Todopoderoso, el Más Manifiesto.

¡Oh Pluma! Presta oído a lo que te han imputado los incrédulos. Di: ¡Oh asamblea de maliciosos! ¡Pereced en vuestro odio, en vuestra envidia y vuestra incredulidad! ¡Por Aquel que es la Verdad Eterna! Esta es esa Pluma con una mera insinuación de cuya voluntad fueron creadas todas las almas del Concurso de lo alto, y las realidades de los moradores del dominio sempiterno, y las esencias de los corazones y los intelectos humanos. Esta es esa Pluma con un solo movimiento de la cual fueron generados el sol del poder y la grandeza, la luna de la excelsitud y la santidad, y las estrellas de la gracia y el favor. Esta es esa Pluma mediante la cual fueron creados el altísimo Paraíso y todos los que en él habitan, y el jardín celestial y todo cuanto forma parte de él, si tan solo lo comprendierais. Di: Mediante un simple trazo se han revelado el conocimiento de todo cuanto ha sido y todo cuanto ha de ser, y la creación de todas las cosas pasadas y futuras. Abrid los ojos, pues, para poder dar testimonio de esta verdad.

¡Oh Pluma! Conténtate con lo que hasta ahora le has sugerido al mundo sobre tu soberanía y poder, pues los corazones de los envidiosos están próximos a estallar. Cubre Tu Causa, pues, con un velo y no reveles más, ya que tus palabras hendirían los cielos de antigua gloria, y partirían en dos la propia tierra de la santidad, y harían desfallecer a los moradores del dominio de la grandeza. Ten paciencia, pues las gentes del mundo son incapaces de contemplar tu soberanía o percibir tus múltiples señales, y mucho menos reconocer a Aquel que te ha creado y dado forma mediante una sola palabra de Su discurso. Eminente es Tu Señor por encima de todo lo que has revelado en el pasado o has de manifestar en el futuro. Eminente es Él por encima de todo lo que Sus siervos sinceros y favorecidos hayan comprendido o comprendan jamás. Conténtate, pues, con lo que hasta ahora has revelado. ¡Juro por el único Dios verdadero! Si todos los que están en los cielos y en la tierra y cuanto hay entre ellos —ya sean árboles, frutos, hojas, vástagos, ramas, ríos, océanos o montañas— se encontraran con una sola palabra de tu pronunciamiento, ciertamente expresarían aquello que la Zarza Ardiente, nacida del suelo de la revelación divina, declaró a Moisés en ese santo y bendito Valle.

¡Oh Pluma! Presta oído al maravilloso relato de lo que Dios te ha otorgado mediante Su benevolencia. Despréndete, pues, de todo cuanto posees, y anuncia a las gentes las buenas nuevas de la aparición de la Exaltadísima Palabra en esta grandiosa Revelación, para que tal vez reconozcan a su Creador y renuncien a todo fuera de Él. Llama, entonces, al Concurso de lo alto a regocijarse, y diles: ¡Oh exponentes de grandeza amparados bajo el tabernáculo de la majestad! ¡Oh residentes del dominio del poder que moráis bajo el dosel de la gloria! ¡Oh habitantes del reino de lo visible y lo invisible, situados más allá de los confines del océano de la eternidad! ¡Oh manifestaciones de los nombres divinos en el elevadísimo cielo! Que vuestros corazones se regocijen en esta Grandísima Festividad en la que Dios mismo ofrece este purísimo cáliz a quienes se presentan ante Él con la debida sumisión y humildad. Engalanad, entonces, vuestras almas con la vestidura de la certeza, y vuestros cuerpos, con el manto bordado del Todomisericordioso, pues he aquí que ha despuntado una luz que resplandece desde el horizonte de Mi frente, ante cuya revelación se han postrado en adoración todos cuantos están en los cielos y en la tierra. ¡Ojalá pudierais percibirlo!

Di: Juro por el único Dios verdadero que jamás ha aparecido alguien como Él en toda la creación. Quien afirme lo contrario ha negado el testimonio de Dios y se cuenta entre los infieles en Su poderosa y bien guardada Tabla. Di: Esta es la Luz mediante la cual han sido creados los habitantes del mundo celestial y sus realidades interiores, y mediante la cual han sido elevadas las encarnaciones del dominio de lo alto y sus más íntimas esencias. Esta es la Luz mediante la cual Dios ha creado mundos que no tienen ni principio ni fin, mundos de los que nadie tiene el menor indicio, excepto aquellos que Dios ha deseado. Así os desvelamos los misterios ocultos, para que tal vez reflexionéis sobre las señales de Dios. Di: En verdad, esta es la Luz ante cuyo resplandor se han inclinado humildemente todas las cabezas, y ante cuya manifestación se han postrado en adoración los corazones de los favorecidos de Dios, y las almas de Sus santos, y las realidades íntimas de Sus verdaderos adoradores y, además de ellos, Sus distinguidos siervos.

¡Oh moradores del santuario sagrado! ¡Juro por Dios! Él es, en verdad, el Santuario de Dios entre vosotros y Su sagrado Recinto en medio de vosotros, la santa Sede del Espíritu ante vuestros ojos y el Estado de paz y seguridad interior y exterior. Tened cuidado, no sea que os privéis del Santuario de Su conocimiento. Apresuraos en ir hacia Él y no os demoréis. Este es el Santuario en torno al cual giran las Manifestaciones del Ser Divino y las Encarnaciones de Su Realidad eterna, y cuya corte Dios ha santificado por encima del alcance de los proscritos y los descreídos. En verdad, este es ese Santuario en cuyo servicio anhelan ser bendecidas las Doncellas del Cielo, y quienes residen en las profundidades del Más Grande Océano, y quienes habitan en la morada de la santidad y el dominio de la reunión; y, con todo, las gentes, en su mayoría, no comprenden.

¡Oh moradores de la tierra y el cielo! Abandonad vuestros lechos y emprended la Más Grande Peregrinación por amor a esta pura y resplandeciente Belleza. Si Dios atestigua vuestra incapacidad de hacerlo, os eximirá de ello y, en su lugar, os ordenará acercaros a Él con el alma y el corazón. Y esto solo lo lograrán quienes consideren todo lo que hay en los cielos y en la tierra como un día en el que nadie ha sido digno de mención. Estos son aquellos a quienes su Señor, con Sus propias manos, dará de beber el vino sellado de la santidad. En verdad, alrededor de aquel que vuelva el rostro hacia este más bendito y luminoso Punto girarán soles resplandecientes cuyo fulgor no tiene principio ni fin, y en el horizonte de su corazón aparecerá ese Sol de soles ante Cuya luz los astros de los nombres mundanos están envueltos en la oscuridad, si tan solo lo comprendierais.

¡Oh Pluma! Proclama al concurso de la eternidad: ¡Oh vosotros que deambuláis por las esferas de la inmortalidad! ¡Oh vosotros que moráis bajo el tabernáculo de la grandeza! ¡Oh vosotros que sois como tesoros ocultos a los ojos de la creación! Descended de vuestros elevados retiros para celebrar y regocijaros, y para beber con fruición de la copa de la vida eterna que la mano del Todoglorioso ofrece en este Día. En verdad, este es un Día como nunca se ha visto en toda la creación, Día en que el Ojo de la Grandeza se ha alegrado en la Sede de gloria trascendente. ¡Oh portadores del trono de Dios! Adornad en este Día el excelso trono, pues ha aparecido la Belleza invisible, Aquel a Cuya presencia no han podido llegar hasta ahora ni los ocupantes del altísimo Paraíso ni los moradores del jardín del reposo. Di: ¡Por Dios! El Secreto Oculto se ha hecho visible en la plenitud de Su gloria, y ha solazado con Su belleza los ojos de todas las cosas visibles e invisibles y, además de ellos, los ojos de quienes han purificado sus almas con las santas aguas que fluyen del océano del nombre de su Señor, el Más Manifiesto.

Di: Este es un Día en que Dios ha dado a conocer Su propio Ser y lo ha revelado a todos cuantos están en los cielos y en la tierra, Día en que ha establecido Su predominio soberano sobre los reinos de la revelación y de la creación. ¡Cuán elevada es, pues, esta santa, muy bendita y bienamada gracia! Este es un Día, además, en que la Antigua Belleza ha aparecido con tal atavío que ha hecho que sean rasgados los velos y que se revelen los misterios y broten los frutos, y todas las cosas canten las alabanzas de su Señor, el Libre; Día en que la tierra y todo lo que contiene, y los cielos y todo cuanto hay en ellos, y las montañas y todo lo que ocultan, y los océanos y todo lo que atesoran en sus profundidades, han sacado a la luz sus secretos, aunque las gentes permanezcan ciegas ante ello. Este es un Día en que se han destrozado los ídolos del descreimiento y el deseo mundano, y la Antigua Belleza ha ocupado Su grandioso trono. El Espíritu de la Gloria ha clamado desde los recintos de la eternidad, y el Santísimo Espíritu desde el Divino Árbol del Loto, y el Espíritu del mando desde el Árbol más allá del cual no hay paso, y el Espíritu del poder desde el exaltado dominio, y el Espíritu fiel desde la diestra de la Zarza Ardiente, y han dicho: «¡Santificado sea el Señor de misericordia, Quien ha aparecido en el mundo de la existencia investido de aquello que jamás habían visto ojos mortales!». Di: Él es Aquel que, con un movimiento de Su dedo, hace perecer a las criaturas del cielo y de la tierra, Quien, con una palabra de Su boca, los trae de nuevo a la vida, y Quien, con una breve mirada, dirige a toda la creación a la presencia de Dios, Quien ayuda en el peligro, el Todopoderoso, el Más Amado.

Di: ¡Oh concurso de monjes! Abandonad las iglesias en que habéis glorificado a vuestro Señor, pues, en verdad, Aquel que ascendió al cielo ha descendido de nuevo y circula alrededor del Trono de Dios. ¡Juro por el único Dios verdadero! En este Día, las campanas repican en Mi conmemoración, la Trompeta hace sonar Mi alabanza y el Clarín proclama Mi Nombre, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo. No os privéis de la gracia de este día; más bien, corred presurosos hacia la sede del Trono, abandonad cuanto poseéis y aferraos a la Cuerda de Dios, Quien ha aparecido, Se ha manifestado a Sí mismo y ha hablado para que todos Le oigan.

¡Oh habitantes de los dominios de lo visible y lo invisible! Cantad y entonad las más alegres melodías en esta Festividad de Dios, que ha aparecido con la fuerza de la verdad, y a la que jamás habían llegado las generaciones de antaño ni las más recientes, si tan solo lo supierais. Este es el Día en que la Pluma de Dios ha absuelto a todos cuantos están en los cielos y en la tierra. Así ha resplandecido Su eterno mandato en el amanecer de Su Pluma, para que se deleiten vuestras almas y seáis de aquellos cuyos corazones se han regocijado.

¡Oh Pluma! Anuncia a la Doncella del Paraíso: «¡Por Dios! Este día es tu día. Preséntate como desees y engalánate como te plazca con el manto bordado de los nombres y el vestido de seda de la inmortalidad. Emerge luego desde tu morada eterna igual que el sol que brilla del rostro de Bahá. Desciende de tus elevadas alturas y, sostenida entre la tierra y el cielo, levanta el velo que cubre tu faz luminosa y resplandece sobre el horizonte de la creación como la Joven de ojos negros, para que, por ventura, se desgarre el grandísimo velo de los ojos de estas gentes y puedan contemplar la Escena de trascendente gloria, la Belleza de Dios, el Más Santo, el Más Poderoso, el Bienamado».

«¡Oh Antigua Belleza! En verdad, los infieles están perdidos en el sopor de las vanas fantasías y no pueden volver los ojos hacia la Corte más sagrada. Mediante la fuerza suprema de Tu protección inviolable, me has protegido tras los velos de la luz y has resguardado mi belleza de la mirada de Tus enemigos. Tuyo es el poder del mando; Tú ordenas como Te place mediante Tu palabra “Sé”, y es».

«¡Oh Doncella de Bahá! Sal de la corte de la eternidad, mas no dejes que tu purísima mirada se detenga en los rostros de los mortales. ¡Juro por el único Dios verdadero! Nadie salvo los poseedores de verdadera visión tendrá jamás la esperanza de contemplarte en esta más sublime visión. Abandona el reino de los nombres a tu derecha, y el dominio de los atributos a tu izquierda, y resplandece con Mi venia sobre el horizonte de Mi protección inviolable, despojada de todo cuanto ha sido creado en el dominio de la Revelación y desprovista de todo cuanto ha aparecido en el reino de la creación, para exponer la hermosa imagen de Dios en todas las regiones. Entona, entonces, la más dulce de las melodías entre la tierra y el cielo, para que la existencia entera se desprenda de todo cuanto no sea la faz de tu Señor, el Más Santo, el Más Benévolo, el Bienamado. Reluce sobre el horizonte del Riḍván con la belleza del Todomisericordioso, y deja caer sobre el torso tus perfumados bucles, para que la fragancia de tu munífico Señor se difunda por todo el mundo. No ocultes tu luminosa forma a los ojos del concurso de la Revelación, y no niegues tu etéreo velo de santidad a los ojos de las gentes. Preséntate, pues, ante el Trono, con tus bucles al aire, los brazos enjoyados, el semblante ruboroso, las mejillas encendidas y los ojos acicalados, y toma en tus manos el níveo cáliz en Mi exaltadísimo Nombre. Ofrece luego a los moradores del reino de la eternidad el vino carmesí de Mi gloriosa Belleza, para que el concurso de la Revelación santifique sus almas en esta muy augusta Festividad con esta bebida pura, y aparezca de detrás del velo del encubrimiento mediante el poder de Mi soberanía que todo lo somete y que subsiste por sí misma».

«¡Por Dios! Yo soy la Doncella del Cielo que mora en el mismísimo corazón del Paraíso, oculta tras el velo del Todomisericordioso e invisible a los ojos humanos. Desde tiempo inmemorial, permanecí cubierta con el velo de la santidad, bajo el Tabernáculo de la Grandeza. Oí una dulcísima llamada proveniente de la diestra del trono de mi Señor, el Más Exaltado, y vi el mismísimo Paraíso en movimiento, y a todos sus habitantes impacientes en su anhelo por llegar a la presencia de Dios, el Todoglorioso. En ese momento se lanzó otra llamada: “¡Por Dios! ¡Ha venido el Amado de los mundos! Bienaventurado quien llegue a Su presencia y contemple Su rostro, y preste oído a Su santísima, gloriosísima y amadísima palabra. La voz de Dios ha embelesado a las almas del Concurso de lo alto y a los corazones de los moradores del dominio sempiterno, y el éxtasis irresistible del amor los ha hecho temblar de anhelo y fijar la mirada en la corte de la santidad, la cumbre de gloria inaccesible”. Aunque hablase en todas las lenguas, no me sería posible describir lo que vi en ese estado. Y, aun así, pese a esta gracia que ha abarcado todas las cosas, y a este arrobamiento que se ha apoderado de cuantos se encuentran sumergidos en el océano de los nombres, he aquí que encontré a las gentes del Bayán veladas y desatentas, yaciendo como muertos en las tumbas del olvido. ¡Oh pueblo del Bayán! ¿Creéis que estáis siguiendo el camino del espíritu, a pesar de haber rechazado esta Revelación? ¡No, por mi Belleza, que Dios ha decretado que sea la manifestación de Su propia Belleza entre todas las generaciones de antaño y las más recientes!».

«¡Oh Doncella de santidad! Olvida la mención de esas gentes, pues sus corazones son inflexibles como piedras e insensibles a todo lo que no sean los impulsos de la ociosa fantasía. Pues permanecen inmaduras en la Causa de Dios y se amamantan de la leche de la ignorancia en el seno de la negligencia. Déjalas que habiten en el polvo y entona Mis melodías en el dominio de la eternidad. Informa, entonces, a los habitantes del Paraíso de aquello que se ha hecho manifiesto en el reino de la creación. Así lleguen a ser atraídos por Tus dulces acordes, se apresuren a ir hacia esta santificada y prometida Belleza y obtengan pleno conocimiento de este Día, Día en que todas las cosas han sido engalanadas con el ornamento de los nombres, Día en que todos los pobres han hallado la fuente de la verdadera riqueza, y toda alma marginada y pecadora ha sido perdonada».

¡Oh gentes! Buscad en estos días la gracia de Dios y Su Misericordia que todo lo abarca, y tened cuidado, no sea que sigáis los pasos de las almas cegadas y negligentes.

Así concluye en esta Tabla el llamamiento de la Pluma respecto de este relato bendito e inexorable.