Días de conmemoración
25
Se recibió otra carta tuya, que hacía mención de los sagrados y benditos días de Riḍván. ¡Alabado sea Dios! De ella emanaban los dulces aromas del rosedal del verdadero conocimiento y de los significados ocultos. Aunque todas las gentes del mundo se dispusieran a ensalzar los días que pasamos en el jardín de Najíb Páshá, designado como Jardín de Riḍván, se verían totalmente incapaces de ello y confesarían su impotencia.
En verdad, el ojo de la creación nunca ha visto luz como la de aquellos días, y la mirada de la humanidad jamás ha presenciado algo parecido. La llegada de Aquel que es el Deseo del mundo, Su entrada a ese jardín, Su ascensión al trono de la expresión y las palabras que en ese momento brotaron de la lengua de Su voluntad trascenderán para siempre cualquier mención terrenal. Cualquier atributo que se les asigne y cualquier alabanza con que se los ensalce no podrán hacer justicia al polvo que Sus pasos han ennoblecido, cuánto menos a Su poderoso trono, Su claro establecimiento sobre él y Su palabra penetrante y omnímoda. En efecto, los esplendores de aquel día escapan al entendimiento y la comprensión de las gentes del mundo.
Ese jardín lleva el nombre de su custodio, que se llamaba Riḍván. Esos fueron los días en que el Todomisericordioso difundió el esplendor de todos Sus nombres sobre todos cuantos están en Su cielo y en Su tierra. Algunos de entre Sus elegidos tuvieron el honor de presenciar aquellos días y ser testigos de lo que allí se evidenció. En la llegada y la partida de la Antigua Belleza se hicieron claras y evidentes las señales de Dios, y la luz de la Revelación se hizo brillar en la plenitud de su gloria. Ciertamente, Su majestad fue revelada, Su poder, magnificado, y Su soberanía, revelada.
Este siervo suplicó a su Señor que decretara para Sus escogidos la recompensa de este Día y de cuanto resplandeció sobre él desde el horizonte de la voluntad de nuestro Señor, el Omnisciente, el Sapientísimo. Después de leer tu carta, me presenté ante Su trono y la leí por entero en Su presencia. La escuchó bondadosamente y —benditas y exaltadas sean Sus palabras— dijo: «En Mi nombre que ha derramado su resplandor sobre todos los que están en los cielos y en la tierra. ¡Oh ‘Alí! Contigo sean Mi gloria y Mi cariñosa bondad. Hasta ahora has alcanzado, y en adelante seguirás alcanzando, Mi mención y Mi favor, y el Océano y sus olas, y la Luz y su fulgor, y el Árbol del Loto y sus frutos, y el Sol y sus rayos. Desde el cielo de Nuestra providencia y merced, hemos hecho descender sobre ti versículos cuya significación son incapaces de comprender los más sabios y eruditos. Imploramos a Dios —exaltado y glorificado sea— que te ayude en todo momento a servir a Su Causa entre Sus siervos y que, de la copa de Su favor, te provea en toda condición con las aguas vivas del reconocimiento de Él, para que todos puedan aproximarse a Su Corte de santidad y Su Trono de gloria. Verdaderamente, Él es el Todopoderoso, el Omnipotente.
Has mencionado los días de Riḍván y a aquellos que se reunieron en tu casa y en otros hogares para recordar a Dios, el Señor del trono en las alturas y de aquí en la tierra, el Rey de este Día inigualable. Bendito es el hogar que ha sido adornado con Mi favor, dentro de cuyas paredes se ha glorificado Mi recuerdo, y que ha sido honrado con la presencia de aquellos de Mis siervos que han ensalzado Mi alabanza, se han aferrado a la cuerda de Mi providencia y han recitado Mis versículos. Ellos se encuentran, ciertamente, entre los distinguidos siervos a quienes Dios ha ensalzado en el Qayyúmu’l-Asmá’ y otros Libros Sagrados. Él es, verdaderamente, Aquel que todo lo oye, que todo lo ve, y que está dispuesto a responder.
Ciertamente, hemos oído su conmemoración y alabanza de este Anuncio, acerca del cual el Concurso de lo alto ha exclamado: ¡Por Dios! Este es el Gran Anuncio que ha sido mencionado en el Corán y en los Libros anteriores revelados por Dios, el Señor de los mundos. Él, en verdad, alaba Su propio Ser en nombre de ellos y Se menciona a Sí mismo mediante sus labios. Él es, ciertamente, el Más Generoso, el Señor de gracia abundante. Bienaventurada el alma constante que no ha sido afectada por los tempestuosos vendavales de dudas desencadenados por los enemigos. Y bienaventurado el creyente que ha permanecido inquebrantable ante el ataque de las huestes de la opresión y el predominio de los exponentes de la negación, quienes han caído presa de sus propias imaginaciones ociosas y han rechazado precisamente al Ser a Quien pretenden ser leales. Verdaderamente, en Mi Libro manifiesto, estos se cuentan entre los perdidos.
¡Oh ‘Alí! Visita de Mi parte a Mis amados. Transmíteles Mi alabanza, Mis recuerdos y Mis saludos, para que los dulces aromas de la bondad de tu Señor los atraigan y los acerquen a Dios, el Todopoderoso, el Alabado por todos. Recordamos, además, a Mis siervas y Mis hojas que se han aferrado a Mi Árbol y se han asido del borde de Mi poderoso y luminoso Manto. Contigo y con ellos, hombres y mujeres, sea la gloria de Dios, el Compasivo, Quien siempre perdona, el Más Misericordioso».
Buscar en este libro
Escribe una palabra para buscar en este libro.