Días de conmemoración

32 - Kitáb-i-‘Ahd (Libro de la Alianza)

Aunque el Reino de la Gloria no posee ninguna de las vanidades del mundo, no obstante, dentro de las arcas de la confianza y la resignación, hemos legado a Nuestros herederos una extraordinaria herencia, de valor inapreciable. Tesoros mundanos no hemos legado, ni hemos añadido las preocupaciones que conllevan. ¡Por Dios! En las riquezas mundanas se oculta el temor y se esconden peligros. Recordad y valorad lo que el Todomisericordioso ha revelado en el Corán: «¡Ay de todo calumniador y difamador, de aquel que acumula riquezas y las cuenta!». Efímeras son las riquezas del mundo; todo lo que perece y cambia no es ni jamás ha sido digno de atención, excepto en una medida reconocida.

El propósito de este Agraviado al soportar desdichas y tribulaciones, al revelar los Versículos Sagrados y aducir pruebas, no ha sido otro que extinguir la llama del odio y la enemistad, para que el horizonte de los corazones humanos se ilumine con la luz de la concordia y alcance verdadera paz y tranquilidad. Desde el punto de amanecer de la Tabla divina brilla resplandeciente el sol de estas palabras, y a todos les corresponde fijar su mirada en ellas: ¡Oh pueblos del mundo! Os exhortamos a observar aquello que eleve vuestra posición. Aferraos al temor a Dios y adheríos firmemente a lo que es correcto. En verdad, os digo: la lengua es para mencionar lo bueno; no la mancilléis con conversaciones impropias. Dios ha perdonado lo pasado. De aquí en adelante, todos deben expresar lo que es apropiado y digno, y deben abstenerse de la calumnia, de la injuria y de todo cuanto pueda causar tristeza en los demás. ¡Elevadísima es la posición del ser humano! No hace mucho, estas exaltadas palabras fluyeron de los tesoros de Nuestra Pluma de Gloria: Grande y bendito es este Día, Día en que todo cuanto se hallaba latente en el ser humano se ha manifestado y se ha de manifestar. Elevadísima es la posición del ser humano si se aferra a la rectitud y a la verdad, y permanece firme y constante en la Causa. A los ojos del Todomisericordioso, un verdadero ser humano es como el firmamento; el sol y la luna son su vista y su oído, y las estrellas, su carácter luminoso y radiante. Suya es la posición más sublime, y su influencia educa al mundo del ser.

Toda alma receptiva que en este Día haya aspirado la fragancia de Su vestidura, y con corazón puro haya vuelto su rostro hacia el Horizonte todoglorioso, se cuenta entre el pueblo de Bahá en el Libro Carmesí. Tomad, en Mi Nombre, el cáliz de Mi amorosa bondad y bebed a plenitud en Mi glorioso y maravilloso recuerdo.

¡Oh vosotros que moráis en la tierra! La religión de Dios es para el amor y la unidad; no hagáis de ella la causa de enemistad o disensión. A los ojos de quienes gozan de discernimiento y contemplan la Más Sublime Visión, todos los medios efectivos para salvaguardar y promover la felicidad y el bienestar de los hijos de los hombres ya han sido revelados por la Pluma de Gloria. Pero los necios de la tierra, alimentados por pasiones y deseos perversos, han hecho caso omiso de la consumada sabiduría de Aquel que es, en verdad, el Más Sabio, y sus palabras y acciones están motivadas por ociosas fantasías y vanas imaginaciones.

¡Oh amados y fiduciarios de Dios! Los reyes son las manifestaciones del poder y las auroras de la fuerza y la riqueza de Dios. Orad por ellos. Él los ha investido con la soberanía sobre la tierra, y para Sí mismo ha escogido los corazones humanos como Su propio dominio.

El conflicto y la contienda están categóricamente prohibidos en Su Libro. Este es un decreto de Dios en esta Más Grande Revelación. Está divinamente protegido contra la anulación e investido con el esplendor de Su confirmación. En verdad, Él es el Omnisapiente, el Sapientísimo.

Incumbe a todos ayudar a esas auroras de autoridad y esas fuentes de mando que están adornadas con el ornamento de la justicia y la equidad. Bienaventurados son los gobernantes y los doctos entre el pueblo de Bahá. Ellos son Mis fiduciarios entre Mis siervos y las manifestaciones de Mis mandamientos entre Mi pueblo. Con ellos sean Mi gloria, Mis bendiciones y Mi gracia, que han impregnado el mundo del ser. A este respecto, las declaraciones reveladas en el Kitáb-i-Aqdas son tales que la luz de la gracia divina brilla luminosa y radiante desde el horizonte de sus palabras.

¡Oh Mis Ramas! Una fuerza extraordinaria yace oculta en el mundo del ser. Fijad vuestra mirada en ella y en su influencia unificadora, y no en las diferencias que surgen de ella.

La Voluntad del Testador divino es esta: Incumbe a todos y cada uno de los Aghsán, los Afnán y Mis parientes volver el rostro hacia la Más Grande Rama. Considerad lo que hemos revelado en Nuestro Libro Más Sagrado: «Cuando el océano de Mi presencia haya menguado y haya tocado a su fin el Libro de Mi Revelación, volved vuestro rostro hacia Aquel a Quien Dios ha designado, Quien ha brotado de esta Antigua Raíz». El objeto de este sagrado versículo no es nadie más que la Más Grande Rama [‘Abdu’l-Bahá]. Así os hemos revelado generosamente Nuestra poderosa Voluntad, y Yo soy, en verdad, el Benévolo, el Todogeneroso. Ciertamente, Dios ha ordenado que la posición de la Rama Mayor [Mírzá Muḥammad ‘Alí] esté por debajo de la posición de la Más Grande Rama [‘Abdu'l-Bahá]. Él es, en verdad, el Ordenador, el Omnisapiente. Hemos escogido «la Mayor» después de «la Más Grande», según lo decretado por Aquel que es el Omnisciente, el Informado de todo.

A todos se les ordena manifestar amor a los Aghsán, a quienes Dios no ha concedido ningún derecho sobre la propiedad de los demás.

¡Oh Mis Aghsán, Mis Afnán y Mis parientes! Os exhortamos a temer a Dios, a llevar a cabo actos loables y a hacer aquello que sea digno y apropiado y sirva para exaltar vuestra posición. En verdad os digo que el temor a Dios es el comandante supremo que puede hacer victoriosa a la Causa de Dios, y las huestes que más convienen a ese comandante siempre han sido, y son, un carácter recto y acciones puras y buenas.

Di: ¡Oh siervos! No dejéis que los medios para mantener el orden se conviertan en causa de confusión, ni que el instrumento de la unión dé ocasión a la discordia. Abrigamos la esperanza de que el pueblo de Bahá sea guiado por estas benditas palabras: «Di: Todas las cosas son de Dios». Estas sublimes palabras son como el agua para extinguir el fuego del odio y la enemistad que arde en los corazones y en los pechos de las gentes. Con esta mera sentencia, los pueblos y linajes contendientes alcanzarán la luz de la verdadera unidad. Ciertamente, Él expresa la verdad y muestra el camino. Él es el Todopoderoso, el Excelso, el Magnánimo.

Incumbe a todos mostrar cortesía a los Aghsán y tener consideración con ellos para que, así, la Causa de Dios sea glorificada y Su Palabra sea exaltada. En la Sagrada Escritura se ha mencionado y consignado una y otra vez este mandamiento. Bienaventurado aquel que logre alcanzar lo que el Ordenador, el Anciano de Días, ha prescrito para él. Se os ordena, también, respetar a los miembros de la Sagrada Familia, a los Afnán y a los parientes. Os exhortamos, además, a servir a todas las naciones y a esforzaros por el mejoramiento del mundo.

Aquello que conduce a la regeneración del mundo y a la salvación de los pueblos y linajes de la tierra ha sido enviado desde el cielo de la expresión de Aquel que es el Deseo del mundo. Prestad oído a los consejos de la Pluma de Gloria. Mejor es esto para vosotros que todo cuanto hay en la tierra. De ello da testimonio Mi glorioso y maravilloso Libro.