Días de conmemoración

39 - Extracto del Súriy-i-Aḥzán (Sura de los pesares)

¡Ojalá estuvieras en este momento de pie ante el Trono y pudieras oír las melodías de la eternidad provenientes del Templo de Bahá! ¡Por el único Dios verdadero! Si Sus criaturas tan solo se purificaran los oídos, y si oyeran tan solo una nota de esas melodías, caerían todas al polvo, estupefactas, en la presencia de Tu Señor, el Todoglorioso, el Munífico. Sin embargo, puesto que se han enfrentado a Dios, Él les ha negado las maravillas de Su gracia y los ha considerado a Sus ojos como terrones de arcilla desechados. ¡Por Dios! Si prestaras atención a sus palabras, oirías lo que nunca se oyó decir a los judíos cuando les enviamos al Espíritu con un perspicuo Libro, ni a la congregación del Evangelio cuando hicimos que el Sol de la eternidad apareciera en el horizonte de La Meca con esplendores que iluminaron el mundo, ni tampoco al pueblo del Corán cuando se hendieron los cielos del conocimiento divino y Dios se manifestó a Sí mismo con el poder de la verdad y a la sombra de Su Nombre Todomisericordioso, en la belleza de ‘Alí.

La mención de este bendito, este santificado, este exaltado e inaccesiblemente maravilloso Nombre, un Nombre en verdad sumamente portentoso, suscita dentro de Mí dos sentimientos. Veo que Mi corazón arde con el fuego del dolor por lo que acaeció a la Belleza del Todomisericordioso a manos del pueblo del Corán. Es como si cada miembro de Mi cuerpo estuviera ardiendo con una llama devoradora que, de no detenerse, incendiaría al mundo entero. De ello Dios mismo es Mi testigo. Al mismo tiempo, veo lágrimas que fluyen de Mis ojos, de Mis extremidades y aun de los cabellos de Mi cabeza, por las calamidades que Le fueron infligidas por los malhechores, quienes dieron muerte a Dios y no Lo reconocieron y, haciendo alarde de lealtad a uno solo de Sus nombres, Lo suspendieron en lo alto y acribillaron Su pecho con las balas del odio.

¡Ojalá nunca hubiera sido engendrado el universo! ¡Ojalá el mundo no hubiera sido creado jamás! ¡Ojalá nunca se hubiera hecho aparecer a ningún Profeta, ni se hubiera enviado a ningún Mensajero, ni se hubiera establecido entre los hombres Causa alguna! ¡Ojalá el Nombre de Dios nunca se hubiera manifestado entre la tierra y el cielo, ni jamás se hubieran revelado Libros, ni Tablas, ni Escrituras! ¡Ojalá la Antigua Belleza no hubiera tenido que vivir nunca entre estos obradores de iniquidad, ni sufrir a manos de aquellos que negaron abiertamente a Dios y perpetraron contra Él lo que nadie en la tierra se había atrevido a perpetrar jamás! ¡Por el único Dios verdadero! Si examinaras, oh ‘Alí, Mis extremidades y miembros, Mi corazón y Mis entrañas, descubrirías las huellas de las mismas balas que atravesaron a aquel Templo de Dios. ¡Qué pena! ¡Qué pena! De esta forma impidieron que el Revelador de versículos los revelara, y que este Océano se agitara, y que este Árbol produjera fruto, y que esta Nube dejara caer su lluvia, y que este Sol diera su luz, y que este Cielo ascendiera a lo alto. No obstante, así ha sido decretado irrevocablemente en este Día.

¡Ojalá Yo nunca hubiese existido, y Mi madre nunca Me hubiese dado a luz! ¡Ojalá nunca hubiese oído lo que Le acaeció a manos de quienes adoraban los Nombres de Dios y, sin embargo, dieron muerte a Aquel que es su Autor, su Creador, su Modelador y su Revelador! ¡Ay de ellos por seguir los dictados del yo y de la pasión, y por perpetrar lo que hizo que las Doncellas del Cielo cayeran desvanecidas en sus aposentos celestiales, y que el Espíritu hundiera el rostro en el polvo a causa de lo que estos lobos han infligido al Señor de los Señores! Todas las cosas lloran al ver las lágrimas que derramo por Él; todas las cosas se lamentan por los suspiros que exhalo debido a Nuestra separación. En verdad, tal es Mi pesar que las melodías de la eternidad ya no pueden brotar de Mis labios, ni pueden las brisas del espíritu soplar desde Mi corazón. Y si no hubiera procurado protegerme, Mi cuerpo habría sido hendido y se habría apagado Mi vida.

Mira cómo Mi anterior Manifestación llora a la vez, y Se dirige a ti, diciendo: «¡Oh ‘Alí! ¡Por la rectitud del único Dios verdadero! ¡Si examinaras Mi corazón, Mis extremidades y Mis miembros, y observaras Mi ser interior y exterior, encontrarías las huellas de las lanzas del rencor de las que ha sido blanco Mi posterior Manifestación, Quien aparece en Mi Nombre, el Todoglorioso! Así Me lamento y se lamenta el Concurso de lo alto por Mi llanto. Así Me desconsuelo y se desconsuelan los moradores del Tabernáculo de los nombres por Mis sollozos. Así suspiro angustiado, y los habitantes de las ciudades de la eternidad derraman lágrimas a causa de Mis suspiros por este Agraviado que se encuentra en medio del pueblo del Bayán. ¡Por Dios! Le han infligido lo que nunca Me infligieron a Mí los seguidores del Corán. ¡Qué lamentable lo que Le ha acaecido a manos de ellos! Ante lo cual, los moradores de la tierra y del cielo cayeron, consternados, sobre el polvo por lo que había afligido a aquella Belleza que ocupaba el trono de la proximidad divina. ¡Ay de ellos y de cuanto sus manos han forjado cada mañana y cada atardecer!».

Mira cómo exclama la Antigua Belleza: «¡Oh Pluma del Altísimo! Deja a un lado este tema que ha entristecido a todos cuantos visten el atuendo de la existencia, y haz mención de otro, por misericordia hacia el Concurso de lo alto. ¡Por el único Dios verdadero! Su Trono se ha visto poco menos que abrumado, a pesar de su grandeza y excelsitud».

Al oír esta llamada, detuvimos Nuestro relato de estos pesares y retornamos a Nuestro tema anterior, para que seas plenamente conocedor de ello. No te dejes abatir, oh ‘Alí, por lo que te hemos relatado de las calamidades que han sobrevenido a Nuestra Manifestación anterior y a la más reciente. Prepárate para ayudar a la Causa de Dios y disponte a caminar en este sendero con constancia y resolución inquebrantable.