Contestación a unas preguntas
8. El Báb
En cuanto al Báb —que mi alma sea sacrificada por Él— era joven, es decir, estaba en el vigésimo quinto año de Su bendita vida, cuando Se levantó a proclamar Su Causa. Entre los shí’íes se reconoce universalmente que nunca estudió en escuela alguna, ni recibió instrucción de ningún maestro. De ello da testimonio la totalidad de los habitantes de Shiraz. Sin embargo, apareció de repente ante las gentes dotado de un conocimiento consumado y, aun siendo únicamente un mercader, confundió a todos los teólogos de Persia. Él, por Sí solo, emprendió una tarea que apenas puede concebirse, pues los persas son conocidos en todo el mundo por su fanatismo religioso. Este Ser ilustre se levantó con tal poder que sacudió los cimientos de las leyes religiosas, costumbres, prácticas, la moral y los hábitos de Persia, e instituyó una nueva ley, Fe y religión. Aunque los ilustres hombres de Estado, la mayoría del pueblo y los líderes religiosos se alzaron para destruirlo y aniquilarlo, Él, sin la ayuda de nadie, los resistió a todos y puso en movimiento a toda Persia. ¡Cuántos fueron los teólogos, los líderes y habitantes de ese país que, con perfecta alegría y regocijo, ofrendaron sus vidas en Su camino y corrieron al campo del martirio!
El gobierno, la nación, el clero y líderes destacados intentaron extinguir Su luz, pero sin resultado. Finalmente apareció Su luna, brilló Su estrella, Sus bases se hicieron firmes y Su horizonte se inundó de luz. Enseñó a una inmensa multitud por medio de la educación divina y ejerció una extraordinaria influencia en el pensamiento, las costumbres, la moral y los hábitos de los persas. Proclamó las buenas nuevas de la manifestación del Sol de Bahá a todos Sus seguidores y los aprestó para la fe y la certeza.
La manifestación de tan maravillosas señales e increíbles emprendimientos, la influencia ejercida sobre el pensamiento y la mente de las gentes, la colocación de las bases del progreso y el establecimiento de los requisitos del éxito y la prosperidad por parte de un joven mercader constituyen la mayor prueba de que Él fue un Educador universal, algo que ninguna persona imparcial vacilaría en reconocer jamás.
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