Contestación a unas preguntas
12. Comentario al capítulo undécimo de Isaías
En Isaías 11, 1-9 se dice: «Y brotará un retoño del tronco de Jesé, y un vástago de sus raíces dará fruto. Y reposará sobre Él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Se deleitará en el temor del Señor, y no juzgará por lo que vean sus ojos, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío. La justicia será ceñidor de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra, y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar».
Este «retoño del tronco de Jesé» parecería corresponder a Cristo, pues José descendía de Jesé, padre de David. Sin embargo, dado que Cristo había nacido por obra del Espíritu Santo, Se llamó a Sí mismo el Hijo de Dios. Si no hubiera sido este el caso, este pasaje podría de hecho haberse aplicado a Él. Además, los sucesos que supuestamente ocurrieron en los días de ese vástago, si se interpretan en sentido figurado, acontecieron solamente en parte, y si se toman literalmente, de ningún modo pudieron tener lugar en los días de Cristo.
Por ejemplo, podríamos decir que el leopardo y el cabrito, el león y el becerro, el niño de pecho y el áspid representan las diversas naciones, los pueblos hostiles y linajes rivales del mundo, que en su oposición y enemistad eran como el lobo y el cordero, y que mediante las brisas del Espíritu mesiánico llegaron a estar dotados del espíritu de unidad y camaradería, fueron vivificados de nuevo, y se asociaron estrechamente unos con otros. Pero la condición a que se refiere la afirmación «No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar» no se materializó en la Dispensación de Jesucristo. Puesto que hasta el día de hoy hay diversas naciones hostiles y contendientes en el mundo. Pocos reconocen al Dios de Israel y la mayoría carece del conocimiento de Dios. Tampoco se estableció la paz universal con el advenimiento de Cristo; es decir, no se hicieron realidad la paz y el bienestar entre las naciones hostiles y contendientes, no se resolvieron las disputas y los conflictos, ni se alcanzó la armonía y la sinceridad. Así, incluso hoy día predominan la intensa enemistad, el odio y el conflicto entre los mismos pueblos cristianos.
Sin embargo, estos versículos se aplican a Bahá’u’lláh, palabra por palabra. Además, en esta prodigiosa Dispensación, la tierra llegará a ser otra tierra y el mundo de la humanidad será adornado con absoluta serenidad y compostura. La lucha, la contienda y el derramamiento de sangre darán paso a la paz, la sinceridad y la armonía. Entre las naciones, pueblos, razas y gobiernos del mundo predominará el amor y la amistad, y se establecerán firmemente la cooperación y la estrecha relación. Finalmente, la guerra será totalmente proscrita, y cuando se pongan en vigor las leyes del Libro Más Sagrado, las discusiones y disputas se dirimirán con perfecta justicia ante un tribunal universal de gobiernos y pueblos, y se resolverán todas las dificultades que puedan surgir. Los cinco continentes del mundo llegarán a ser como uno, las diversas naciones llegarán a ser una sola nación, la tierra llegará a ser una sola patria y la raza humana llegará a ser un solo pueblo. Los países estarán tan estrechamente vinculados, y los pueblos y naciones, tan compenetrados y unidos, que la raza humana se convertirá en una sola familia y un solo linaje. Brillará la luz del amor celestial y se disipará la tenebrosa oscuridad del odio y la enemistad, en la mayor medida posible. La paz universal erigirá su pabellón en el mismísimo corazón de la creación, y el bendito Árbol de la Vida crecerá y florecerá de tal modo que extenderá su sombra protectora sobre Oriente y Occidente. Los fuertes y los débiles, los ricos y los pobres, los pueblos rivales y naciones hostiles —que son como el lobo y el cordero, el leopardo y el cabrito, el león y el becerro— se tratarán unos a otros con sumo amor, unidad, justicia y equidad. El mundo se llenará de saber y de conocimiento, de las realidades y misterios de la creación, y del conocimiento de Dios.
Ahora, en esta edad gloriosa, que es el siglo de Bahá’u’lláh, ¡observa hasta qué punto han progresado el conocimiento y el saber, en qué medida han sido desvelados los misterios de la creación, y cuán numerosos son los grandes proyectos que se han iniciado y se multiplican día a día! Dentro de poco, tanto el conocimiento y saber material como el conocimiento espiritual progresarán a tal grado y exhibirán tales maravillas que deslumbrarán a todos y revelarán la plenitud del significado del versículo de Isaías «pues la tierra estará llena del conocimiento del Señor».
Asimismo, observa que, en el breve tiempo transcurrido desde el advenimiento de Bahá’u’lláh, personas de todas las naciones, linajes y razas se han puesto al amparo de esta Causa. Cristianos, judíos, zoroastras, hindúes, budistas y persas se relacionan unos con otros en perfecto amor y compañerismo, como si por mil años hubiesen pertenecido a la misma raza y familia: realmente, como si fueran padre e hijo, madre e hija, hermano y hermana. Este es uno de los significados del compañerismo entre el lobo y el cordero, el leopardo y el cabrito, y el león y el becerro.
Uno de los grandes acontecimientos que tendrán lugar en el Día de la manifestación de esa Rama Incomparable es el izamiento del Estandarte de Dios entre todas las naciones. Con esto se quiere decir que todas las naciones y pueblos se reunirán a la sombra de este Pabellón divino, que no es otro que la Rama Señorial misma, y llegarán a ser una única nación. Serán eliminados el antagonismo religioso y sectario, la hostilidad entre razas y pueblos, y las diferencias entre las naciones. Todos se adherirán a una sola religión, tendrán una fe común, se entremezclarán formando una sola raza y llegarán a ser un solo pueblo. Todos habitarán en una patria común, que es el planeta mismo. La armonía y la concordia se establecerán entre todas las naciones. Esa Rama Incomparable reunirá a todo Israel; es decir, en Su Dispensación, Israel se reunirá en la Tierra Santa, y el pueblo judío, que está ahora disperso por Oriente y Occidente, el Norte y el Sur, se aunará.
Observa que estos acontecimientos no tuvieron lugar en la Dispensación cristiana, ya que las naciones no se agruparon bajo ese estandarte único, esa Rama divina; mas en esta Dispensación del Señor de las Huestes, todas las naciones y pueblos se pondrán bajo Su amparo. Asimismo, Israel, que se había dispersado por todo el mundo, no fue reunida en la Tierra Santa durante la Dispensación cristiana, sino que esta promesa divina, que se ha hecho claramente en todos los Libros de los Profetas, ha comenzado a materializarse al comienzo de la Dispensación de Bahá’u’lláh. Observa cómo desde todos los rincones del mundo están llegando los judíos a la Tierra Santa, están adquiriendo aldeas y tierras donde habitar, y creciendo día a día hasta el punto que toda Palestina se está convirtiendo en su hogar.
Buscar en este libro
Escribe una palabra para buscar en este libro.