Contestación a unas preguntas
19. El verdadero bautismo
En Mateo 3, 13-15, se dice: «Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” Jesús le respondió: “Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia”. Entonces le dejó».
Pregunta: Dada Su perfección innata, ¿qué necesidad tenía Cristo de bautizarse y qué sabiduría había en ello?
Respuesta: La esencia del bautismo es la purificación por el arrepentimiento. Juan amonestaba y exhortaba a las gentes, las hacía arrepentirse y luego las bautizaba. Entonces, es evidente que esta purificación es símbolo del arrepentimiento de todo pecado, como si uno dijera: «¡Oh Dios! Así como mi cuerpo se ha limpiado y purificado de la suciedad material, limpia y purifica mi espíritu de las manchas del mundo de la naturaleza, que son indignas de Tu divino umbral». El arrepentimiento es el regreso de la rebelión a la obediencia. Después de experimentar la lejanía y exclusión de Dios es cuando el hombre se arrepiente y se purifica. Así, esta purificación es un símbolo que dice: «¡Oh Dios! Haz que mi corazón sea bueno y puro, y límpialo y purifícalo de todo cuanto no sea Tu amor».
Puesto que Cristo deseaba que cuantos vivían en esa época practicasen esta costumbre instituida por Juan, Él mismo se sometió a ella, a fin de que las almas despertasen y se cumpliera la ley que provenía de la religión anterior. Pues, si bien esta costumbre la había instituido Juan, en realidad representaba la purificación del arrepentimiento que se ha practicado en todas las religiones divinas.
No es que Cristo tuviese necesidad de bautizarse, sino que Se sometió a ello porque en aquel tiempo esta acción era loable y aceptable ante Dios, y presagiaba las buenas nuevas del Reino. Sin embargo, posteriormente dijo que el verdadero bautismo no era con agua material sino con espíritu y con agua, y en otra parte, con espíritu y con fuego. Lo que aquí se quiere decir con agua no es el agua material, ya que en otro lugar se afirma explícitamente que el bautismo debe ser con espíritu y con fuego, y esto deja claro que no significa el fuego y el agua materiales, ya que es imposible bautizar con fuego.
Por lo tanto, con espíritu se quiere decir gracia divina; con agua, conocimiento y vida; y con fuego, el amor de Dios. Pues el agua material no limpia el corazón de la persona, sino su cuerpo. Más bien, el agua y espíritu celestiales, que son el conocimiento y la vida, limpian y purifican el corazón humano. En otras palabras, el corazón que participa de la efusión de gracia del Espíritu, y se santifica, se vuelve bueno y puro. La finalidad es que la realidad del hombre se purifique y se santifique de las manchas del mundo de la naturaleza, que son atributos viles como la ira, la lujuria, la mundanalidad, el orgullo, la falta de honestidad, la hipocresía, el engaño, la egolatría, etc.
El hombre únicamente puede librarse del ataque de los deseos vanos y egoístas mediante la confirmación de la gracia del Espíritu Santo. Por eso se dice que el bautismo debe ser con el espíritu, con agua y con fuego, es decir, con el espíritu de la gracia divina, el agua del conocimiento y la vida, y el fuego del amor de Dios. Con este espíritu, esta agua y este fuego debe ser bautizado el hombre, para que participe de la gracia sempiterna. Si no, ¿de qué sirve ser bautizado con agua material? Al contrario, este bautismo con agua era un símbolo de arrepentirse y pedir la remisión de los pecados.
Sin embargo, en la Dispensación de Bahá’u’lláh ya no se requiere de este símbolo, pues su realidad, que es ser bautizado con el espíritu y el amor de Dios, ha quedado establecida y comprendida.
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