Contestación a unas preguntas
20. El bautismo y las leyes cambiantes de Dios
Pregunta: ¿Es la purificación del bautismo útil y necesaria, o bien inútil e innecesaria? Si es lo primero, ¿por qué ha sido abrogada, a pesar de ser necesaria? Y si es lo segundo, ¿por qué la practicó Juan, a pesar de ser innecesaria?
Respuesta: El cambio y la transformación de las condiciones y la sucesión y revolución de las edades figuran entre los requisitos esenciales del mundo contingente, y los requisitos esenciales no pueden separarse de la realidad de las cosas. Siendo así, es imposible separar el calor del fuego, o la humedad del agua, o los rayos del Sol, ya que constituyen requisitos esenciales. Y dado que el cambio y la transformación figuran entre los requisitos esenciales de todo lo contingente, los mandamientos de Dios también cambian en conformidad con los tiempos cambiantes. Por ejemplo, en los días de Moisés, la Ley mosaica era lo que requerían las condiciones prevalecientes en esa época, y era acorde a ellas. Sin embargo, en los días de Cristo, esas condiciones habían cambiado a tal punto que la Ley mosaica se había vuelto inadecuada y desfasada para las necesidades de la humanidad, y por tanto fue abrogada. Así, Cristo abolió la ley del Sábado y prohibió el divorcio. Después de Él, cuatro discípulos, entre ellos Pedro y Pablo, permitieron comer alimentos de animales que habían sido prohibidos en la Torá, a excepción de la carne de animales estrangulados, los animales provenientes de sacrificios hechos a los ídolos, y sangre. También prohibieron la fornicación. De esta manera, mantuvieron estos cuatro mandamientos. Posteriormente, Pablo permitió el consumo de animales estrangulados, animales sacrificados a los ídolos, y sangre, pero mantuvo la prohibición de la fornicación. Así, en Romanos 14, 14, escribe: «Bien sé, y estoy persuadido de ello en el Señor Jesús, que nada hay de suyo impuro; a no ser para el que juzga que algo es impuro, para ese sí lo hay». Por otra parte, en Tito 1, 15 está escrito: «Para los limpios todo es limpio; mas para los contaminados e incrédulos nada hay limpio, pues su mente y conciencia están contaminados».
Entonces, este cambio, esta alteración y abrogación, fueron debidos a que la época de Cristo no era comparable a la de Moisés. Las condiciones y requisitos habían cambiado totalmente y, en consecuencia, los mandamientos anteriores fueron abrogados.
El organismo del mundo es comparable al del cuerpo humano, y los Profetas y Mensajeros son como médicos competentes. Un ser humano no permanece siempre en la misma condición: está sujeto a distintas dolencias, cada una de las cuales requiere determinado remedio. Por tanto, un médico competente no trata todas las dolencias de la misma manera, sino que varía los tratamientos y remedios según los requisitos de esas diversas dolencias y condiciones. Una persona puede padecer gravemente una dolencia debida a un exceso de calor: el médico competente forzosamente administra remedios que enfríen. Cuando, en otro momento, la constitución de esta persona cambia y un exceso de frío sustituye al calor, el médico necesariamente deja de lado los remedios refrescantes y prescribe otros que producen calor. Esta variación y alteración son exigencias de la condición del paciente, y prueba evidente de la destreza del médico.
Piensa, por ejemplo: ¿acaso podría imponerse la ley de la Torá hoy en día? ¡No, por Dios! Sería totalmente imposible; y esta es la razón por la que en la época de Cristo la ley de la Torá fue necesariamente abrogada por Dios. Observa, asimismo, que en los días de Juan el Bautista la purificación por el bautismo servía para despertar y amonestar a la gente, y hacer que se arrepintieran de todo pecado y esperasen la venida del Reino de Cristo. Mas hoy día, en Asia, los católicos y los ortodoxos sumergen a los menores en una mezcla de agua y aceite de oliva, de tal manera que algunos enferman debido a esta mala experiencia, y tiemblan y forcejean en el momento del bautismo. En otros lugares, el sacerdote rocía el agua bautismal sobre la frente. Pero en ninguno de esos casos experimentan los niños sensaciones espirituales. ¿De qué sirve esto, entonces? Otros pueblos se sorprenden y preguntan por qué se sumerge a la criatura en el agua, toda vez que ello no confiere consciencia espiritual, ni fe, ni despertar, sino que es meramente una costumbre que sigue la gente. Sin embargo, en la época de Juan el Bautista no era así: Juan primero amonestaba a la gente, les hacía arrepentirse de sus pecados y les exhortaba a esperar el advenimiento de Cristo. Entonces, el que recibía la purificación del bautismo se arrepentía de sus pecados con la mayor mansedumbre y humildad, se limpiaba y purificaba igualmente el cuerpo de toda contaminación exterior y, con el mayor anhelo, esperaba día y noche, y a cada momento, el advenimiento de Cristo y la entrada en Su Reino.
En resumen, lo que queremos decir es que el cambio y la transformación de las condiciones y exigencias de los tiempos son la causa de la abrogación de las leyes religiosas, puesto que llega el momento en que esos mandamientos anteriores ya no se adecúan a las condiciones imperantes. Observa hasta qué punto los requisitos de la época moderna difieren de los de la época antigua y la medieval. ¿Acaso es posible que los mandamientos de siglos anteriores se impongan en los tiempos actuales? Es claro y evidente que esto sería totalmente imposible. Asimismo, después de transcurridos varios siglos, aquello que se requiere actualmente ya no será adecuado para las necesidades de esa época futura, y serán inevitables el cambio y la transformación.
En Europa se cambian y se modifican las leyes continuamente. ¡Cuántas son las leyes que existían en sistemas y cánones europeos y ya han sido anuladas! Estos cambios se deben a la transformación de los pensamientos, las costumbres y las condiciones, y sin ellos el bienestar del mundo humano se vería alterado.
Por ejemplo, la Torá prescribe la pena de muerte para todo aquel que no guarde la ley del Sábado. De hecho, la Torá prescribe la sentencia de muerte en diez casos semejantes. ¿Podrían llevarse a cabo estos mandamientos en nuestra época? Es evidente que sería absolutamente imposible. Siendo así, se han cambiado y transformado, y este cambio y transformación de las leyes constituye en sí prueba suficiente de la consumada sabiduría de Dios.
Este tema requiere ser examinado en profundidad, y la razón de ello es clara y evidente. ¡Bienaventurados quienes reflexionan!
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