Contestación a unas preguntas
22. Los milagros de Cristo
Pregunta: Se han atribuido ciertos milagros a Cristo. ¿Deben tomarse literalmente estos relatos, o tienen otros significados? Pues mediante una investigación seria ha quedado establecido que la naturaleza inherente de cada cosa no cambia, que todas las cosas creadas están sujetas a una ley y organización universales de las que no pueden desviarse, y que, por tanto, nada tiene la posibilidad de violar esa ley universal.
Respuesta: Las Manifestaciones de Dios son el origen de prodigios y señales maravillosas. Cualquier cosa difícil o imposible es para ellas posible y admisible. Pues ponen de manifiesto hazañas extraordinarias mediante un poder extraordinario e influyen en el mundo de la naturaleza por medio de una fuerza que trasciende la naturaleza. De cada una de ellas han aparecido cosas maravillosas.
Sin embargo, en las escrituras sagradas se usa una terminología especial y, a la vista de las Manifestaciones de Dios, estas maravillas y milagros no tienen ninguna importancia; tanto es así que ni siquiera desean mencionarlas. Pues, aun si estos milagros se considerasen la mayor de las pruebas, solo constituirían una evidencia clara para quienes estaban presentes cuando tuvieron lugar, y no para los que estaban ausentes.
Por ejemplo, si a un buscador no creyente se le hablase de los milagros de Moisés y de Cristo, los rechazaría diciendo: «También durante mucho tiempo, de acuerdo con el testimonio de una multitud de personas, se han atribuido milagros a ciertos ídolos y se han consignado en libros. Así, los brahmanes han recopilado en un libro todos los milagros de Brahma». El buscador preguntaría entonces: «¿Cómo vamos a saber si los judíos y los cristianos dicen la verdad y los brahmanes mienten? Pues en ambos casos se trata de tradiciones ampliamente confirmadas y consignadas en un libro. Cada caso puede considerarse plausible o no, como con cualquier otro relato: si uno es verdadero, ambos deben serlo; si uno es aceptado, ambos deben aceptarse». En consecuencia, los milagros no pueden ser una prueba concluyente, ya que, aunque sean demostraciones válidas para quienes estuvieron presentes, no son convincentes para quienes no los presenciaron.
Sin embargo, en el día de la Manifestación de Dios, aquellos que estén dotados de percepción hallarán milagroso todo cuanto tiene relación con Él, pues estas cosas destacan por encima de todo lo demás, y esta distinción es en sí misma un absoluto milagro. Fíjate cómo Cristo, solo y sin ayuda, sin nadie que Lo auxiliara o protegiese, sin legiones ni ejércitos, y con la mayor mansedumbre, enarboló el estandarte de Dios ante todos los pueblos del mundo; cómo los resistió y cómo, finalmente, los sometió a todos aunque, visiblemente, Lo crucificaran. Esto sí que es un absoluto milagro que de modo alguno puede negarse. Ciertamente, la verdad de Cristo no requiere de más pruebas.
Estos milagros físicos carecen de importancia para los seguidores de la verdad. Por ejemplo, si a un ciego se le devuelve la vista, al final la volverá a perder, ya que fallecerá y perderá todos sus sentidos y facultades. De modo que hacer que un ciego vea no tiene importancia duradera, porque la facultad de la visión está destinada a perderse al final. Si se hace revivir un cuerpo muerto, ¿qué se gana con ello si ha de morir nuevamente? Lo importante es conferir verdadera visión interior y vida sempiterna, es decir, una vida espiritual y sublime, pues esta vida material no ha de perdurar y su existencia es equivalente a la inexistencia. Tal como dijo Cristo en respuesta a uno de Sus discípulos: «Deja que los muertos entierren a sus muertos»; pues «Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu».
Observa que Cristo consideraba muertos a quienes, pese a ello, estaban externa y físicamente vivos, ya que la verdadera vida es la vida eterna y la verdadera existencia es la existencia espiritual. Así pues, cuando las sagradas escrituras hablan de la resurrección de los muertos, el significado es que alcanzaron la vida eterna; si dicen que a un ciego se le confirió la vista, el significado de esta visión es la verdadera percepción; si dicen que a un sordo se le hizo oír, el significado es que obtuvo un oído interior y consiguió oír con el espíritu. Esto lo establece el propio texto del Evangelio, donde Cristo dice que son como aquellos de los que Isaías dijo una vez: Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen; mas Yo los curo.
Lo que se da a entender con esto no es que las Manifestaciones de Dios sean incapaces de obrar milagros, pues ello está ciertamente en su poder. Sin embargo, lo que tiene importancia y significación a sus ojos es la visión interior, el oído espiritual y la vida eterna. Por tanto, dondequiera que en las sagradas escrituras conste que cierta persona era ciega y se le hizo ver, significa que era interiormente ciega y recibió visión espiritual, o que era ignorante y ganó conocimiento, o que era desatenta y se volvió consciente, o que era terrenal y llegó a ser celestial.
Como la vista, el oído, la vida y la curación interiores son eternas, son verdaderamente importantes. De otra forma, ¿qué importancia, mérito y valor pueden tener la mera vida y las facultades animales? Cual vana fantasía, pasarán en unos cuantos días. Por ejemplo, si se enciende una lámpara apagada, se extinguirá nuevamente, pero la luz del sol siempre brilla con esplendor, y esto es lo importante.
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