Contestación a unas preguntas

26. La segunda venida de Cristo y el Día del Juicio

En las sagradas escrituras se dice que Cristo ha de volver y que Su retorno está sujeto al cumplimiento de ciertas señales; es decir, cuando vuelva vendrá acompañado de esas señales. Entre ellas están: «El sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo». En aquel tiempo «todas las razas de la tierra se golpearán el pecho» y se lamentarán, y «aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria». Bahá’u’lláh presenta una interpretación detallada de estos versículos en el Libro de la Certeza, por lo que no es necesario repetirla aquí. Remítete a ella y comprenderás su significado.

Ahora, por otra parte, quisiera añadir algo más sobre este tema, y se trata de lo siguiente: La primera venida de Cristo también fue del cielo, como lo afirma explícitamente el Evangelio. Incluso Cristo mismo dice que el Hijo del hombre bajó del cielo, y el Hijo del hombre está en el cielo; y nadie ha ascendido al cielo sino aquel que bajó del cielo. Así pues, todos reconocen que Cristo bajó del cielo, si bien, a simple vista, provino del vientre de María.

Por tanto, de la misma manera que la primera vez vino externamente del vientre, aunque en realidad del cielo, así vendrá la segunda vez, externamente del vientre, pero, en realidad, del cielo. Las condiciones que se determinan en el Evangelio para la segunda venida de Cristo son, en realidad, las mismas que se habían establecido para Su primera venida, como ya se explicó antes.

El Libro de Isaías anuncia que el Mesías conquistará el Oriente y el Occidente, que todas las naciones de la tierra se reunirán bajo Su amparo, que se establecerá Su reino, que vendrá de un lugar desconocido, que los pecadores serán juzgados, que a tal punto prevalecerá la justicia, que el lobo y el cordero, el leopardo y el cabrito, el lactante y la serpiente se reunirán junto a un mismo manantial, en un mismo prado y en una misma morada. La primera venida también estaba supeditada a estas condiciones, si bien ninguna se cumplió a simple vista. En consecuencia, los judíos pusieron reparos a Cristo y —¡Dios nos libre!— Lo llamaron monstruo, Lo consideraron el destructor del edificio de Dios y quebrantador del Sábado y de la Ley, y Lo sentenciaron a muerte. Sin embargo, cada una de estas condiciones tenía un significado interior, mas los judíos no llegaron a entenderlo y, por tanto, se privaron de reconocerlo.

La segunda venida de Cristo sigue un patrón similar. Todas las señales y condiciones que se han indicado tienen significados interiores y no deben entenderse de manera literal. Pues, de lo contrario, se dice, entre otras cosas, que las estrellas caerán del cielo sobre la Tierra. Sin embargo, las estrellas son ilimitadas e innumerables, y los matemáticos modernos han establecido y probado que la masa solar es aproximadamente un millón y medio de veces mayor que la de la Tierra, y que cada una de las estrellas fijas es mil veces más grande que el Sol. Si esas estrellas fuesen a caer sobre la superficie de la Tierra, ¿cómo habrían de caber? Sería como si mil millones de montañas tan altas como el Himalaya cayeran sobre un grano de mostaza. De acuerdo con la ciencia y la razón y, en realidad, por simple sentido común, semejante cosa es completamente imposible. Y lo que es aún más sorprendente es que Cristo dijera: Tal vez llegue cuando estéis dormidos, pues la venida del Hijo del hombre es como la venida de un ladrón. Quizá el ladrón esté dentro de la casa y el dueño no se percate.

Es, por tanto, claro y evidente que estas señales tienen significados interiores y no debieran entenderse literalmente. Estos significados han sido explicados plenamente en el Libro de la Certeza. Remítete a él.