Contestación a unas preguntas

28. La preexistencia de Cristo

Pregunta: Cuál es el significado del versículo del Evangelio de Juan: «Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese».

Respuesta: La preexistencia es de dos clases. Una es la preexistencia esencial, que no está precedida por una causa sino que existe por sí misma. Por ejemplo, el Sol brilla por sí mismo y su luz no depende de la luminosidad de las demás estrellas. Esto se llama luz esencial. Pero la luz de la Luna se deriva del Sol, ya que la Luna necesita del Sol para poder brillar. En consecuencia, con respecto a la luz, el Sol es la causa, y la Luna, el efecto. Aquel es antiguo, antecedente y anterior, en tanto que esta viene precedida por otra cosa.

La segunda clase de preexistencia es la preexistencia temporal, que no tiene principio. La Palabra trascendente de Dios está por encima del tiempo. Pasado, presente y futuro son lo mismo con relación a Dios. Ayer, hoy y mañana no existen en el Sol.

Existe, igualmente, la anterioridad con respecto al honor y la distinción, es decir, lo más distintivo precede a lo distintivo. Así, la realidad de Cristo, la Palabra de Dios, precede sin duda a todas las cosas creadas en esencia, atributos y distinción. Antes de aparecer en forma humana, la Palabra de Dios se hallaba en un estado de máxima trascendencia y gloria, y permanecía con perfecta belleza y esplendor en las alturas de su majestad. Cuando, por la sabiduría del Altísimo, esa Palabra arrojó su luz sobre el mundo corpóreo desde el pináculo de la gloria, fue atacada mediante la carne. Cayó en manos de los judíos, fue hecho cautivo por los ignorantes y los injustos y, finalmente, fue crucificado. Es por eso que invocó a Dios, diciendo: Líbrame del cautiverio del dominio corpóreo y sácame de esta jaula, para que pueda ascender a las alturas de la grandeza y majestad, recuperar la trascendencia y gloria de que gozaba antes de habitar en el mundo de la carne, regocijarme en el dominio sempiterno y remontar el vuelo a Mi verdadera morada, el dominio del Reino invisible que no ocupa espacio ni lugar.

Como has observado, después de Su ascensión, la grandeza y gloria de Cristo se estableció en el dominio de los corazones y por todos los confines de la tierra, e incluso sobre el mismo polvo. Mientras habitó en el mundo corpóreo, fue despreciado y vilipendiado por la nación más débil de la tierra, los judíos, quienes estimaron apropiado colocar una corona de espinas en Su bendita frente. Sin embargo, después de Su ascensión, las coronas enjoyadas de todos los monarcas se volvieron humildes y sumisas ante esa corona de espinas.

¡Observa qué gloria alcanzó la Palabra de Dios incluso en este mundo!