Contestación a unas preguntas
30. Adán y Eva
Pregunta: ¿Cuál es verdad de la historia de Adán y de que comiera del árbol?
Respuesta: En la Torá se dice que Dios puso a Adán en el jardín del Edén para labrarlo y cuidarlo, y Le dijo: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, menos del árbol del bien y del mal, porque si comieres de él, morirás sin remedio». Luego se dice que Dios puso a dormir a Adán, Le quitó una de las costillas y creó a una mujer para que fuera Su compañera. Más adelante se dice que la serpiente tentó a la mujer para que comiera del árbol, diciéndole: «Dios os ha prohibido comer del árbol para que no abráis los ojos y no distingáis entre el bien y el mal». Entonces Eva comió del árbol y Le ofreció a Adán, Quien también comió. A raíz de lo cual, se les abrieron los ojos, se hallaron desnudos y cubrieron su desnudez con hojas. Entonces Dios los reprochó y Le dijo a Adán: «¿Has comido del árbol prohibido?». Adán respondió: «Eva Me tentó». Entonces Dios reprendió a Eva, quien dijo: «La serpiente me tentó». Por eso fue maldecida la serpiente y se estableció la enemistad entre la serpiente y Eva, y entre sus descendientes. Y Dios dijo: «El hombre ha llegado a ser como Nos, conocedor del bien y el mal. Quizá coma del árbol de la vida y viva para siempre». Así Dios guardó el árbol de la vida.
Si tomásemos este relato de acuerdo con el significado literal de las palabras y conforme a su uso común, desde luego que sería sobremanera extraño y las mentes humanas se verían eximidas de aceptarlo, afirmarlo o imaginarlo. Pues preceptos y detalles tan complejos y afirmaciones y reproches semejantes serían inverosímiles aun viniendo de una persona inteligente, cuánto menos de la Divinidad misma, Quien ha organizado este universo infinito de la manera más perfecta y ha dispuesto sus innumerables seres con la mayor armonía, coherencia y perfección.
Hay que detenerse un momento y reflexionar: si el significado aparente de este relato se atribuyese a una persona sabia, sin duda todas las personas dotadas de sabiduría lo negarían, alegando que semejante plan y estrategia no podría haber provenido de tal persona. El relato de Adán y Eva, el que comieran del árbol y fueran expulsados del paraíso son, por tanto, símbolos y misterios divinos. Tienen significados omnímodos e interpretaciones maravillosas; pero solo los íntimos de los misterios divinos y los favorecidos del Señor que todo lo satisface son conocedores del sentido de estos símbolos.
Por tanto, estos versículos de la Torá tienen numerosos significados. Explicaremos uno de ellos diciendo que Adán quiere decir el espíritu de Adán, y Eva quiere decir Su yo. Pues en algunos pasajes de las sagradas escrituras donde se mencionan mujeres, el significado se refiere al yo humano. Con el árbol del bien y el mal se quiere decir el mundo material, ya que el dominio celestial del espíritu es bondad pura y resplandor absoluto, pero en el mundo material se pueden encontrar la luz y la oscuridad, el bien y el mal, y toda clase de realidades contrapuestas.
El significado de la serpiente es el apego al mundo material. Este apego del espíritu al mundo material condujo al exilio del yo y del espíritu de Adán del dominio de la libertad al mundo del cautiverio, y Le hizo volverse del reino de la Unidad Divina hacia el mundo de la existencia humana. En cuanto el yo y el espíritu de Adán entraron en el mundo material, Él abandonó del paraíso de la libertad y descendió al dominio del cautiverio. Había residido en las alturas de la santidad y la absoluta bondad, y a partir de entonces se adentró en el mundo del bien y del mal.
Con «el árbol de la vida» se quiere decir el grado más elevado del mundo de la existencia, es decir, la posición de la Palabra de Dios y Su Manifestación universal. Esa posición estuvo de hecho muy bien guardada hasta que apareció y resplandeció en la suprema revelación de Su Manifestación universal. Pues la posición de Adán, con respecto a la aparición y la manifestación de las perfecciones divinas, fue la del embrión; la posición de Cristo fue la de la llegada a la etapa de mayor desarrollo y madurez, y el amanecer del Más Grande Luminar fue la posición de la perfección de la esencia y los atributos. Es por ello que, en el altísimo Paraíso, el árbol de la vida alude al punto focal de la absoluta santidad y pureza, es decir, la Manifestación universal de Dios. Pues, desde los días de Adán hasta la época de Cristo, poca mención se había hecho de la vida eterna y de las perfecciones omnímodas del reino de lo alto. Este árbol de la vida alude al rango de la realidad de Cristo: fue plantado en Su Dispensación y adornado con frutos sempiternos.
Observa ahora con qué exactitud se ajusta esta interpretación a la realidad: pues cuando el yo y el espíritu de Adán se apegaron al mundo material, pasaron del dominio de la libertad al dominio del cautiverio, esta condición se perpetuó en cada generación siguiente y este apego del espíritu y del yo al mundo material, que es el pecado, lo heredaron Sus descendientes. Este apego es la serpiente, que siempre estará en medio de los espíritus de los descendientes de Adán y enemistada con ellos, pues el apego al mundo se ha convertido en la causa del cautiverio de los espíritus. Este cautiverio es ese pecado que se ha transmitido de Adán a Sus descendientes, pues ha privado a los seres humanos de reconocer su espiritualidad esencial y alcanzar posiciones exaltadas.
Cuando las santas fragancias de Cristo y las luces santificadas del Más Grande Luminar fueron esparcidas por doquier, las realidades humanas, es decir, esas almas que se volvieron hacia la Palabra de Dios y participaron de Su abundante gracia, se salvaron de este apego y este pecado, recibieron vida eterna, se libraron de las cadenas del cautiverio y entraron en el dominio de la libertad. Se purificaron de vicios terrenales y fueron dotadas de virtudes celestiales. Este es el significado de las palabras de Cristo cuando dice que di Mi sangre por la vida del mundo. Es decir, opté por soportar todas estas pruebas, aflicciones y calamidades —incluso el mayor de los martirios— para lograr este objetivo último y asegurar la remisión de los pecados, es decir, el desapego de los espíritus del mundo material y su atracción al reino divino, a fin de que aparezcan almas que sean la esencia misma de la guía y las manifestaciones de las perfecciones del Reino de lo alto.
Ten en cuenta que si estas palabras se tomaran literalmente, como imagina el pueblo del Libro, sería pura injusticia y tiranía absoluta. Si Adán pecó por aproximarse al árbol prohibido, ¿cuál fue el pecado del glorioso Abraham, el Amigo de Dios, y cuál el error de Moisés, Quien conversó con Dios? ¿Cuál fue la infracción de Noé, el Profeta, y la transgresión del veraz José? ¿Cuál fue la culpa de los Profetas de Dios y el incumplimiento de Juan, el Casto? ¿Acaso la justicia divina habría dejado que, en razón del pecado de Adán, estas luminosas Manifestaciones soportaran el tormento del infierno hasta el momento en que viniese Cristo, y con Su sacrificio los salvase del fuego eterno? Semejante noción está muy alejada de toda norma y principio, y ninguna persona racional podrá jamás aceptarla.
Antes bien, el significado es lo que se ha mencionado: Adán es el espíritu de Adán, y Eva, Su yo; el árbol es el mundo material y la serpiente es el apego a este. Ese apego, que es el pecado, se ha transmitido a los descendientes de Adán. Mediante los hálitos de santidad, Cristo redimió a las almas de ese apego y las libró de este pecado.
Además, este pecado de Adán es relativo a Su posición: si bien este apego mundano produjo resultados fundamentales, en relación con el apego al mundo espiritual se considera un pecado y queda establecida la verdad del dicho «las buenas obras de los justos son los pecados de los allegados». Asimismo, es como la fuerza del cuerpo, que es imperfecta en relación con la fuerza del espíritu: de hecho, en comparación, es mera debilidad. De igual forma, la vida material, en comparación con la existencia eterna y la vida del Reino, es como la muerte. Así, Cristo aludió a esta vida material con términos de muerte, y dijo «Deja que los muertos entierren a sus muertos». Aunque esas almas disfrutaban de vida material, a Sus ojos, esa vida era como la muerte.
Este es solo uno de los significados del relato bíblico de Adán. Reflexiona para descubrir los otros.
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