Contestación a unas preguntas
32. «Muchos son llamados, mas pocos escogidos»
Pregunta: Cristo dice en el Evangelio: «Muchos son llamados, mas pocos escogidos», y en el Corán está escrito: «Escoge para Su favor a quien Él quiere». ¿Qué sabiduría encierra esto?
Respuesta: Has de saber que el orden y la perfección del universo requieren que la existencia aparezca en incontables formas. Por lo tanto, las cosas creadas no pueden concretarse en un solo grado o rango, en una sola manera, clase o especie: es inevitable que haya diferencias de grado, distinciones en la forma, y una multiplicidad de clases y especies. Así, es necesario que existan los reinos mineral, vegetal, animal y humano, ya que solo con el hombre el mundo de la existencia no se podría ordenar, adornar, organizar y perfeccionar debidamente. De la misma manera, si hubiera solamente animales, plantas y minerales, este mundo no tendría una apariencia tan prodigiosa, un orden tan estable y una ornamentación tan delicada: debe haber diferencias de grados y rangos, de clases y especies para que la existencia resplandezca con la mayor perfección.
Por ejemplo, si este árbol se convirtiera solo en fruta, no se lograrían las perfecciones del reino vegetal, ya que el árbol necesita de hojas, flores y frutos para aparecer en su mayor belleza y perfección.
Considera igualmente el cuerpo del hombre, que necesariamente debe componerse de diferentes partes, miembros y órganos. La belleza y la perfección del cuerpo humano requieren de la existencia del oído, el ojo, el cerebro, e incluso de las uñas y el pelo; si el ser humano fuera todo cerebro, ojos u oídos, ello equivaldría a una imperfección. Así, la ausencia de cabello, pestañas, dientes y uñas es en sí una imperfección, pues aunque estos, en comparación con los ojos, están faltos de sensibilidad y se parecen a los minerales y las plantas, su ausencia en el cuerpo humano es sumamente desagradable y molesto.
Pues bien, toda vez que los grados de las cosas creadas son diferentes, es natural que algunas sobresalgan entre las demás. Por tanto, dado que la elección de algunas criaturas para el grado más elevado, como el ser humano, la conservación de otras en el grado mediano, como las plantas, y la relegación de aun otras al grado más bajo, como los minerales, obedecen en su totalidad a la voluntad y el propósito divinos, se desprende que la singularización del ser humano para el grado más elevado se debe a la gracia de Dios, y que las diferencias entre las almas con respecto a logros espirituales y perfecciones celestiales se deben, igualmente, a la elección del Todomisericordioso. Pues la fe, que es la vida sempiterna, es una muestra de misericordia, y no resultado de la justicia. En este mundo de arcilla y agua, la llama del fuego del amor arde por la fuerza de la atracción, y no mediante el esfuerzo y el empeño humanos, aunque con estos se pueda ciertamente adquirir conocimiento, saber y otras perfecciones. Luego es la luz de la Belleza divina la que debe instar y mover al espíritu con su poder de atracción. Por eso se dice: «Muchos son llamados, mas pocos escogidos».
En cuanto a los seres materiales, no hay que culparlos, juzgarlos ni condenarlos por sus propios grados y posiciones. Así, los minerales, las plantas y los animales son todos aceptables en su propio grado, pero si permanecieran deficientes dentro de ese grado serían censurables, aunque el grado mismo seguiría siendo perfecto.
Ahora bien, dentro de la humanidad las diferencias son de dos clases: una es la diferencia de grado, y esta diferencia no es censurable. La otra es la diferencia con respecto a la fe y la certeza, cuya ausencia es censurable, pues el alma tiene que haber caído presa de sus propios apetitos y pasiones para haber sido despojada de esta merced y privada del poder de atracción del amor de Dios. Por loable y aceptable que sea en su grado humano, al estar privada de las perfecciones de dicho grado, se ha vuelto una fuente de deficiencias, y por esa razón se la considera responsable.
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