Contestación a unas preguntas
33. El retorno de los Profetas
Pregunta: ¿Podría explicar el tema del retorno?
Respuesta: Bahá’u’lláh ha expuesto una amplia y detallada explicación de este tema en el Libro de la Certeza. Léela, y la verdad de este tema se tornará clara y manifiesta. Pero, ya que has formulado la pregunta, también aquí se brindará una breve explicación.
Explicaremos este tema usando el texto del Evangelio. Consta allí que cuando apareció Juan, el hijo de Zacarías, y anunció a la gente el advenimiento del Reino de Dios, le preguntaron: «¿Quién eres tú? ¿Eres el prometido Mesías?». Respondió: «Yo no soy el Mesías». Entonces le preguntaron: «¿Eres Elías?» Respondió: «No lo soy». Estas palabras dejan claramente establecido que Juan, el hijo de Zacarías, no era el prometido Elías.
Sin embargo, en el día de la transfiguración sobre el monte Tabor, Cristo dijo explícitamente que Juan, el hijo de Zacarías, era el prometido Elías. En Marcos 9, 11 se dice: «Y Le preguntaban: ¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Él les contestó: “Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado? Pues bien, Yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido”». Y en Mateo 17, 13 se dice: «Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista».
Ahora bien, le preguntaron a Juan el Bautista «¿Eres tú Elías?» y respondió «No lo soy», en tanto que se dice en el Evangelio que Juan era el prometido Elías mismo, y Cristo también afirmó esto claramente. Si Juan era Elías, ¿por qué dijo que no lo era? Y si no era Elías, ¿por qué dijo Cristo que lo era?
La razón es que aquí no consideramos la individualidad de la persona, sino la realidad de sus perfecciones: es decir, exactamente las mismas perfecciones que poseía Elías estaban presentes también en Juan el Bautista. Por tanto, Juan el Bautista era el prometido Elías. Lo que aquí se considera no es la esencia, sino los atributos.
Por ejemplo: el año pasado salió una flor, y este año también salió una flor. Cuando digo que ha vuelto la flor del año pasado, no me refiero a que haya vuelto la misma flor, con la misma identidad. Pero como esta flor está dotada de los mismos atributos que la del año pasado, es decir, posee la misma fragancia, delicadeza, color y forma, se dice que ha retornado la flor del año pasado, y es la misma flor. Asimismo, cuando llega la primavera decimos que ha vuelto la primavera del año anterior, ya que todo lo que había en aquella se encuentra nuevamente en esta. Por eso Cristo dijo: «Presenciaréis todo cuanto aconteció en los días de los Profetas de antaño».
Ilustrémoslo de otra manera: Se sembró la semilla del año pasado, brotaron ramas y hojas, salieron flores y frutos, y finalmente se produjo una nueva semilla. Cuando se plante esta segunda semilla, de ella crecerá un árbol, y otra vez volverán esas hojas, flores, ramas y frutos, y aparecerá de nuevo el árbol anterior. Como el comienzo era una semilla y el final también una semilla, decimos que la semilla ha retornado. Cuando tomamos en cuenta la substancia material del árbol, es distinto, pero si consideramos las flores, las hojas y los frutos, vemos que se produce la misma fragancia y delicadeza, y el mismo sabor. Por tanto, la perfección del árbol ha reaparecido de nuevo.
De igual manera, si consideramos a la persona, es distinta, pero si consideramos las cualidades y perfecciones, estas mismas han vuelto a aparecer. Por tanto, cuando Cristo señaló «Este es Elías», quiso decir: Esta persona es la manifestación de la gracia, las perfecciones, las cualidades, los atributos y las virtudes de Elías. Y cuando Juan el Bautista dijo «No soy Elías», quiso decir «No soy la misma persona que Elías». Cristo tenía en cuenta sus atributos, perfecciones, cualidades y virtudes, y Juan se refería a su propia substancia e individualidad. Es como esta lámpara: anoche estaba aquí, esta noche está otra vez encendida y mañana por la noche iluminará también. Cuando decimos que la llama de esta noche es la misma que la de la noche anterior y que ha vuelto, nos referimos a la luz y no al aceite, al pábilo ni al portalámparas.
Estas observaciones se han explicado ampliamente en el Libro de la Certeza.
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