Contestación a unas preguntas

40. El conocimiento de las Manifestaciones divinas

Pregunta: ¿A qué limitaciones están sujetas las facultades de las Manifestaciones de Dios y, en particular, su conocimiento?

Respuesta: El conocimiento es de dos clases: conocimiento existencial y conocimiento formal; es decir, conocimiento intuitivo y conocimiento conceptual.

El conocimiento que las personas tienen generalmente de las cosas está basado en la conceptualización y la observación; es decir, o bien el objeto se concibe mediante la facultad racional, o bien, mediante la observación del mismo, se produce una forma en el espejo del corazón. El alcance de este conocimiento es bastante limitado, pues está condicionado a la adquisición y la consecución.

Sin embargo, el otro tipo de conocimiento, es decir, el conocimiento existencial o intuitivo, es como el conocimiento y la consciencia que la persona tiene de su propio ser.

Por ejemplo, la mente y el espíritu de la persona son conscientes de todos sus estados y condiciones, de todas las partes y miembros de su cuerpo y de todas sus sensaciones físicas, así como de sus facultades, percepciones y condiciones espirituales. Este es un conocimiento existencial mediante el cual la persona se da cuenta de su propia condición; la percibe y la comprende, pues el espíritu abarca al cuerpo y es consciente de sus sensaciones y facultades. Este conocimiento no es producto del esfuerzo y la adquisición: es una cuestión existencial; es un auténtico don.

Dado que esas realidades trascendentes que son las Manifestaciones universales de Dios abarcan todas las cosas creadas, tanto en su esencia como en sus atributos, dado que trascienden y descubren todas las realidades existentes, y dado que son conocedoras de todas las cosas, se deduce que su conocimiento es divino y no adquirido; es decir, es una gracia celestial y un descubrimiento divino.

Pongamos un ejemplo como mera ilustración de este punto. El ser más noble de todos los que existen en la Tierra es el ser humano. En él están presentes los reinos animal, vegetal y mineral; es decir, estos tres grados están contenidos en él de tal manera que está dotado de todos ellos. Y al estar dotado de todos estos grados y condiciones, está informado de sus misterios y es consciente de los secretos de su existencia. Se trata de un ejemplo, no de una analogía exacta.

En breve, las Manifestaciones universales de Dios son conscientes de las verdades que subyacen a los misterios de todas las cosas creadas y, por tanto, fundan una religión basada en la condición imperante de la humanidad y en consonancia con esta. Pues la religión consiste en las relaciones necesarias derivadas de las realidades de las cosas. Si la Manifestación de Dios —el Legislador divino— no estuviese informada de las realidades de las cosas, si no entendiese las relaciones necesarias derivadas de estas realidades, sería ciertamente incapaz de establecer una religión en consonancia con las necesidades y condiciones de la época. Los Profetas de Dios, las Manifestaciones universales, son como médicos expertos, el mundo del ser es como el cuerpo humano y las religiones divinas son como el tratamiento y el remedio. El médico debe tener pleno conocimiento y estar informado de todas las partes y los órganos, la constitución y la condición del paciente, a fin de prescribir un remedio eficaz. En realidad, el médico llega al remedio partiendo de la enfermedad misma, pues primero diagnostica la dolencia y luego trata la causa que la origina. A menos que la dolencia se diagnostique debidamente, ¿cómo se puede prescribir algún tratamiento o remedio? Por lo tanto, el médico debe tener un conocimiento cabal de la constitución, las partes, los órganos y la condición del paciente, y asimismo conocer bien todas las enfermedades y medicinas, a fin de prescribir el remedio apropiado.

Así pues, la religión consiste en las relaciones necesarias derivadas de las realidades de las cosas. Las Manifestaciones universales de Dios, conscientes de los misterios de la creación, están plenamente informadas de estas relaciones necesarias y las establecen como la religión de Dios.