Contestación a unas preguntas

41. Los ciclos universales

Pregunta: Se ha hecho mención de los ciclos universales que se suceden unos a otros en el mundo de la existencia. Explique, por favor, la realidad de este tema.

Respuesta: Cada uno de los cuerpos luminosos de este firmamento ilimitado tiene su ciclo de rotación, período en el que completa todo el circuito de su órbita antes de comenzar uno nuevo. La Tierra, por ejemplo, completa una rotación cada trescientos sesenta y cinco días, cinco horas, cuarenta y ocho minutos y una fracción, y luego comienza nuevamente a recorrer la misma órbita. De la misma forma, todo el universo, ya sea en el ámbito de la naturaleza o en el dominio del ser humano, avanza mediante ciclos de grandes acontecimientos y sucesos.

Cuando un ciclo llega a su fin, se inicia uno nuevo, y el ciclo anterior, debido a los acontecimientos cruciales que tienen lugar, desaparece de la memoria hasta el punto de no dejar rastro ni huella. Así, como bien sabes, no tenemos registros de hace veinte mil años, aun cuando hemos establecido anteriormente, mediante argumentos racionales, que la vida sobre la Tierra es muy antigua: no tiene cien o doscientos mil años, ni siquiera uno ni dos millones; es, de hecho, muy antigua, y los registros y vestigios de tiempos muy antiguos han desaparecido por completo.

Cada una de las Manifestaciones de Dios tiene también un ciclo, dentro del cual Su religión y Su ley tienen plena vigencia y efecto. Cuando termina Su ciclo, con el advenimiento de una nueva Manifestación, comienza un nuevo ciclo. De esta forma se abren, se cierran y se renuevan los ciclos, hasta que se completa un ciclo universal en el mundo de la existencia y suceden acontecimientos decisivos que borran todo registro y vestigio del pasado; entonces comienza en el mundo un nuevo ciclo universal, pues el mundo de la existencia no tiene principio. Anteriormente hemos presentado pruebas y argumentos sobre este tema, y no hay necesidad de repetirlos.

Brevemente, lo que afirmamos es que un ciclo universal en el mundo de la existencia abarca un período de tiempo muy extenso, e innumerables edades y épocas. En semejante ciclo, las Manifestaciones de Dios brillan en el dominio de lo visible hasta que una Manifestación suprema y universal hace del mundo el punto focal de los esplendores divinos y, con Su revelación, lo conduce a la etapa de la madurez. La duración de Su ciclo es ciertamente muy larga. En el transcurso de ese ciclo, otras Manifestaciones se levantarán bajo Su influencia y renovarán, conforme a las necesidades de la época, algunas leyes relativas a asuntos e interacciones materiales, pero permanecerán bajo Su sombra. Estamos en el ciclo que comenzó con Adán y cuya Manifestación universal es Bahá’u’lláh.