Contestación a unas preguntas

42. El poder y las perfecciones de las Manifestaciones divinas

Pregunta: ¿Hasta dónde llegan el poder y las perfecciones de esos Tronos de la verdad, las Manifestaciones de Dios, y cuáles son los límites de su influencia?

Respuesta: Observa el mundo de la existencia, es decir, la creación material. El sistema solar está envuelto en tinieblas. Dentro de su círculo, el Sol es el centro de toda luz, y todos los planetas vinculados a él giran a su alrededor y reciben iluminación por las efusiones de su bondad. El Sol es la fuente de la vida y la luz y es la causa del crecimiento y el desarrollo de todo cuanto hay en el sistema solar. Si cesara la munificencia del Sol, ningún ser vivo seguiría existiendo bajo él: todo se tornaría oscuro y quedaría reducido a la nada. Así pues, es claro y evidente que el Sol es el centro de toda luz y la fuente de vida de todo cuanto existe en el sistema solar.

De igual manera, las santas Manifestaciones de Dios son los Centros focales de la luz de la verdad, los Manantiales de los misterios ocultos y la Fuente de las efusiones del amor divino. Proyectan su resplandor sobre el dominio de los corazones y las mentes y otorgan gracia eterna al mundo de los espíritus. Confieren vida espiritual y brillan con el esplendor de las verdades y los significados interiores. La iluminación del mundo del pensamiento procede de esos Centros de luz y Exponentes de los misterios. Si no fuese por la gracia de la revelación y la instrucción de esos Seres santificados, el mundo de las almas y el dominio del pensamiento se volverían oscuridad sobre oscuridad. Si no fuese por las enseñanzas sabias y verdaderas de esos Exponentes de los misterios, el mundo de la humanidad se convertiría en la palestra de las características y cualidades animales, toda la existencia, llegaría a ser una ilusión efímera y se perdería la verdadera vida. Por eso, en el Evangelio se dice: «En el principio existía la Palabra», es decir, era el origen de toda vida.

Considera ahora la influencia dominante del Sol sobre todos los seres terrestres y observa los efectos y consecuencias visibles que resultan de su proximidad o lejanía, de su salida y de su puesta. En una época es otoño; en otra, es primavera. En una época es verano; en otra, es invierno. Cuando el Sol cruza el equinoccio, la primavera vivificante se presenta en todo su esplendor, y cuando llega al solsticio de verano los frutos alcanzan su plena madurez, los granos y las plantas producen sus frutos y los seres terrenales alcanzan su máximo crecimiento y desarrollo.

De manera similar, cuando la santa Manifestación de Dios, que es el Sol del mundo de la creación, arroja Su resplandor sobre el mundo de los corazones, las mentes y los espíritus, se inicia una primavera espiritual y se inaugura una nueva vida. Aparece el vigor de la inigualable primavera y se presencian sus maravillosas dádivas. Así observas que, con el advenimiento de cada una de las Manifestaciones de Dios, se lograron asombrosos avances en el dominio de la mente, el pensamiento y el espíritu humanos. Considera, por ejemplo, el progreso que, en esta época divina, se ha conseguido en el mundo de la mente y el pensamiento; ¡y este es solo el comienzo del amanecer! Dentro de poco verás cómo estas nuevas dádivas y enseñanzas celestiales habrán inundado con su luz este mundo oscuro y habrán convertido este reino de pesares en el altísimo paraíso.

Si tuviéramos que explicar plenamente la influencia y las mercedes de cada una de las Manifestaciones de Dios, nos llevaría mucho tiempo. Medita y reflexiona sobre ello, para que puedas captar la verdad del asunto.