Contestación a unas preguntas

51. La aparición del espíritu y la mente en el ser humano

Pregunta: ¿La mente y el espíritu aparecieron en la especie humana desde el comienzo mismo? ¿O se manifestaron a medida que la humanidad fue desarrollándose gradualmente, o solo después de haberse perfeccionado su desarrollo?

Respuesta: el comienzo de la formación del hombre en el globo terráqueo es como la formación del embrión humano en la matriz de la madre. El embrión crece y se desarrolla progresivamente hasta que nace, y a partir de ahí sigue creciendo y desarrollándose hasta que llega a la etapa de la madurez. Si bien en la infancia ya están presentes en el ser humano las señales de la mente y el espíritu, no aparecen en un estado de perfección sino que permanecen incompletas. Pero cuando la persona alcanza la madurez, la mente y el espíritu se manifiestan en su máxima perfección.

Asimismo, al comienzo de su formación en la matriz del mundo, el hombre era como un embrión. Luego progresó paulatinamente de nivel, y creció y se desarrolló hasta alcanzar la etapa de la madurez, cuando la mente y el espíritu se manifestaron en su mayor perfección. Desde el comienzo de su formación, la mente y el espíritu existían, pero estaban ocultos y solo después se hicieron patentes. También en el mundo de la matriz, la mente y el espíritu existen en el embrión, pero están ocultos y solo aparecen posteriormente. Es como la semilla: el árbol existe en su interior pero está oculto y escondido; cuando la semilla crece y se desarrolla, aparece el árbol en su plenitud. De igual manera, el crecimiento y desarrollo de todos los seres se produce de manera gradual. Esta es la ley universal y divinamente decretada, y el orden natural. La semilla no se convierte en árbol de manera repentina; el embrión no se convierte en hombre de repente; la substancia mineral no se convierte en piedra en un momento; al contrario: todos crecen y se desarrollan gradualmente hasta que alcanzan el límite de la perfección.

Todos los seres, ya sean universales o particulares, fueron creados perfectos y completos desde el principio. Lo más que se puede decir es que las perfecciones solo se hacen patentes de forma gradual. La ley de Dios es una sola; la evolución de la existencia es una sola; el orden divino es uno solo. Todos los seres, grandes y pequeños, están sujetos a una sola ley y a un solo orden. Cada semilla tiene desde el principio todas las perfecciones de la planta. Es decir, todas las perfecciones vegetales existían en esa semilla desde el primer momento pero eran invisibles, y solo fueron apareciendo poco a poco. Así, de la semilla surge primero el tallo, luego las ramas, las hojas y las flores, y finalmente, los frutos. Sin embargo, desde el comienzo de su formación, todos existían en potencia dentro de la semilla, aunque en forma invisible. Igualmente, el embrión posee desde el principio todas las perfecciones, como son el espíritu, la mente, la vista, el olfato y el gusto —es decir, todas las facultades—, pero son invisibles y solo van apareciendo gradualmente.

De forma análoga, el globo terráqueo fue creado desde el comienzo con todos sus elementos, substancias, minerales, partes y componentes; pero fueron apareciendo de manera gradual: primero, los minerales; luego, las plantas; después, los animales; y finalmente el hombre. Pero estas categorías y especies estaban latentes en el reino terrenal desde el comienzo, y aparecieron gradualmente después. Pues la suprema ley de Dios y el orden natural universal abarcan todas las cosas y las someten a su mando. Cuando se observa este orden universal, se ve que nada en absoluto alcanza el límite de la perfección inmediatamente después de llegar a la existencia, sino que crece y se desarrolla poco a poco hasta llegar a esa etapa.